Sigue la leva española

Leopoldo Amondarain

 

Honradamente supuse que ante la denuncia que hicimos en estas mismas páginas el 23.5.1 sobre el que oficiales extranjeros, españoles, estaban en el Uruguay enrolando como si el territorio fuese de ellos, a muchachos uruguayos para servir en el ejército íbero y ser llevados a los Balcanes, Golfo Pérsico o Norte de Africa, los políticos, Presidente de la República incluido, el Ejército Nacional, la iglesia y demás fuerzas vivas, reaccionarían ante semejante violación de la soberanía. Y me quedé tal vez corto. No sólo en defensa de la soberanía violada sino incluso en defensa de la vida de nuestra juventud, tomada como carne de cañón por los españoles.

El cinismo de la oferta íbera no es para que la juventud oriental o «sudaca», como despreciativamente se nos tilda, fuese a trabajar a la industria, el agro, administración o simplemente obreros de servicios. ¡No, por supuesto! La oferta es para servir de soldados por U$S 500 ($ 6.500 más o menos) mensuales en lugares de guerra abierta para defenderlos a ellos.

España, ya lo dijimos, elimina este año el servicio militar y se queda sin tropa suficiente. No lleva a los «españolitos» jóvenes al frente, sino a los nuestros, a quienes se les niega el derecho al trabajo normal, ley de extranjería mediante, reservando esos cargos «tranquilos» y «rentables» para ellos. Pero que España, como todos los imperios europeos, que han sido a lo largo de la historia feroces depredadores y asesinos de América, quieran volver al mismo trillo, no sorprende. Lo que más indigna es la indiferencia, liviandad, superficialidad e irresponsabilidad de todos los hombres de gobierno.

Al no reaccionar, están demostrando que la vida y el futuro del país que se basa precisamente en la juventud, se les importa un carajo. Sólo están, ¡manga de oportunistas y advenedizos! para cobrar jugosos sueldos, viajar y acomodarse en cuantas maniobras políticas puedan, incluidas enajenaciones de riquezas públicas. Me parece, de vuelta, hora de reivindicar nuevamente a los Perón, los Getulios, los Sandinos de antaño y los Chávez y por qué no incluso los Fidel Castro de ahora. Actitudes como estas justifican cualquier cosa en el correr del tiempo, incluso los paredones.

No es posible que se priorice y se disputen a dentelladas carguetes en el puerto, AFE o vialidad sin perjuicio de «arrancarse» los ojos por viajes con espléndidos emolumentos, y no se les importe si «botijas» veinteañeros orientales, chiquilines al fin, engañados por extraños, acepten ir a morir al Golfo Pérsico o a los Balcanes en ejércitos foráneos por miserables U$S 500 mensuales. ¡Hato de bellacos! ¿Dónde dejaron la patria? ¿Dónde dejaron la historia y los ejemplos que sagrados próceres desde Artigas, Oribe, Lavalleja, Saravia, Herrera, Batlle, Frugoni, Wilson y tantos otros, dejaron en vida construyendo la Nación? Ninguno de ellos olvidaron a su gente. Y cuanto más humildes y desvalidos con más razón.

Por citar algún ejemplo, piénsese si viviese Herrera iba a permitir que los españoles entrasen en territorio nacional a llevarse juventud uruguaya a guerras lejanas, extrañas, con las que nada tenemos que ver. ¡Impidió, Haedo mediante, con sus famosos discursos sobre las «bases», que nada menos que los yankis pusieran durante la guerra, bases militares en Laguna del Sauce y evitó que a nuestra juventud de la época, bajo la presión de las potencias aliadas se la llevasen al frente a defender intereses imperiales al fin! ¿Qué tal? Hoy, en cambio, diplomáticos españoles «sonrientes» aparecen en páginas enteras de nuestra prensa grande ofreciéndole a la juventud oriental, poco menos que al mismo nivel de la juventud de Somalia o de Borneo, que esos sí se mueren apilados de miseria e inanición y enfermedades, llevarla «humanitariamente» para evitarle el «sufrimiento» de la crisis uruguaya, al Golfo Pérsico, los Balcanes o el Norte de Africa.

Es grave que nos mientan. Pero mucho más grave es que nuestras autoridades se lo crean. O son imbéciles o son tan deshonestos que les es indiferente que hijos de la patria oriental vuelvan con un balazo entre ceja y ceja envueltos en banderas extrañas. Si no reaccionan y dejan ir a nuestros muchachos como «carne de cañón» extranjera, sólo merecerán el más execrable de los desprecios. Todos. Sin excepciones. ¡No tendrán perdón de Dios!

Luego de escrito este artículo, me entero de que el vasco Larrañaga, indignado por el hecho, pidió informes a los ministerios correspondientes. Enhorabuena. Veo como consuelo que, aunque pocos, algunos buenos blancos sigue dando el tiempo.

* Convencional del Partido Nacional

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