Algunas reflexiones en el día del libro
Fernando González
Afortunadamente, los libros siempre han sido un mal ejemplo. Si no lo creen, interroguen a la historia y verán el poder de la palabra escrita. Los libros han sido fuente de inspiración para visionarios, pacifistas y guerreros; han engendrado revueltas, guerras y revoluciones; han colaborado con los cambios alimentando la imaginación de incontables generaciones aún antes de ser libros y de tener su actual formato y, seguramente, lo seguirán haciendo cuando su forma sea otra y viajen exclusivamente en alas de la tecnología informática o algún nuevo sistema que invente el ser humano.
La crisis que afecta a nuestro país y las presiones generadas por la oferta de los medios electrónicos, así como algunas estrategias educativas, han alejado a la gente de los libros. Muchas veces hay que elegir entre la comida y otros artículos, y a pesar de la profunda tradición lectora de nuestro país el libro pierde. Por otro lado están las presiones del mercado que dirige a los padres hacia la compra de juguetes antes que libros –nada es inocente en este mundo y sin duda que no lo es el hecho de que existan cada día más juguetes seriados que no alientan la imaginación y que forman hombres y mujeres carentes de iniciativa y espíritu crítico–.
Cada año que pasa nuestros docentes se forman en peores condiciones, cobran salarios insuficientes, no cuentan con el apoyo técnico necesario y, a no ser en raras y honrosas excepciones, difícilmente se les inculque el gusto por la lectura, condición necesaria para que alguien haga lo propio en las nuevas generaciones.
¿Por qué en las escuelas seguimos atados a los textos de lectura únicos, iguales y fabricados en serie? ¿Por qué no trabajamos con libros distintos, con muchos libros, que le den a los niños y jóvenes una visión más real y diversa de nuestra realidad? ¿Cuánto tiempo más obligaremos a nuestros jóvenes a conocer a Quiroga, Bradbury y otros, recortados y mutilados en función del espacio y las demandas del diseño de los textos de estudio fabricados en base al «recorte y pegue»? ¿Alguien puede pensar en serio que esa es la forma de fomentar el amor por la lectura? ¿Cuánto hay en el concepto de los manuales escolares de teoría educativa y cuánto de negocio para las editoriales y el pequeño grupo de personas que resuelven las políticas educativas?
Siempre se dijo –y yo lo creo–, que la historia la escriben los ganadores, pero eso no debería ser norma en una sociedad verdaderamente democrática. ¿Hasta cuándo vamos a seguir manteniendo una visión que tergiversa aspectos de nuestra historia reciente en los textos de estudio, omitiendo y relativizando episodios y personajes? Ahora que el tema de la laicidad está sobres la mesa, ¿no cabría preguntarse cuán laicos son en realidad nuestros textos educativos? y por consiguiente, ¿cuánto colaboran los mismos en acercar al niño a la lectura de un modo franco, realista y democrático?
La relación de muchas de las grandes editoriales con los nuevos lectores y los libros es similar a la que tienen las multinacionales con el medio ambiente: se busca el rédito inmediato sin darle importancia al daño que se le hace a los recursos del planeta. En el caso de los libros muy poca gente parece preocuparse si después de tantos textos de estudio insulsos, de tanta seudoliteratura de «autoayuda», en el futuro van a quedar lectores formados en el placer de leer. En definitiva, si como consecuencia de la desesperación enfermiza de vender «cualquier cosa a cualquier precio» ahora tendremos nuevos «consumidores» de libros en el mañana.
Existe una Cámara Uruguaya del Libro que, más allá de la Feria Internacional del Libro –en la que año tras año se ve menguada la presencia de las editoriales nacionales– y una tibia campaña para incentivar la lectura, ha tenido muy poca presencia pública en los temas antes mencionados. ¿Cuál es la relación de los organismos del Estado con la Cámara? ¿De qué manera nuestros representantes nacionales y los miembros del Poder Ejecutivo –y nosotros mismos a nivel departamental–, vamos a posicionarnos en este tema? ¿Cómo vamos a relacionarnos con la Cámara Uruguaya del Libro en la búsqueda de acciones más directas y efectivas para lograr mejores resultados?
Los libros han sido el vehículo para las ideas de los seres humanos, las más sublimes y las más terribles, y hoy siguen siendo la cuna de todos los cambios, el receptáculo que contiene la chispa que da inicio a las transformaciones. Prueba de ello es que cada vez que se ha querido terminar con las libertades, arrasar con los derechos de una sociedad, los libros han sido quemados, destruidos, perseguidos, condenados y un largo etcétera.
Los déspotas de turno –vengan de donde vengan– siempre han tenido bien claro el poder de los libros. Está en nosotros mantenerlos vivos y útiles, y conservarlos como fuentes de posibles futuros.
* Edil del Espacio 90 EP-FA Escritor
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