A 60 años de la muerte de un gran luchador social

Homenaje a los vendedores de diarios

La no edición de los diarios el viernes no fue una medida rutinaria ni exclusivamente destinada al cumplimiento de las normas que establecen el día de descanso mensual de los canillitas.

Para el gremio de los vendedores de diarios y para la población trabajadora en general, la fecha tuvo otra importante significación: se cumplían sesenta años del fallecimiento de una figura de excepcional importancia en el movimiento obrero uruguayo: Adrián Troitiño, fundador y «alma mater» de un sindicato de larga trayectoria en nuestro país.

Gallego, obrero, anarquista, fundador de sindicatos en Argentina y Uruguay, la radiante vida de don Adrián Troitiño es un ejemplo de constancia, de tenacidad, de heroísmo, espíritu de lucha en defensa de los intereses de los trabajadores.

Su vida, recia e intensa, se inició en Silleda (Galicia) en 1869. Perseguido, como miles de sus paisanos por la miseria que asolaba aquella región, se embarca como polizón a los 11 años con rumbo a Argentina.

En Buenos Aires empieza a trabajar en las duras faenas de una panadería. Un tiempo después estará entre los fundadores de la Sociedad de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, organización obrera con fuertes vínculos con los panaderos de Montevideo, a donde Troitiño viaja en 1901 como representante de su gremio.

Su espíritu inquieto y militante lo convierte en un «peligro» para las clases dominantes de Argentina y en 1903 el gobierno le aplica la tristemente célebre «Ley de Residencia». Es expulsado a España a donde llega con su esposa y sus cinco hijos. Vive en la miseria, y luego es conminado a hacer el Servicio Militar. En el curso de éste contrae una grave enfermedad que lo mantiene largos meses postrado en La Coruña. Un dato significativo que aporta Lois Pérez Leira («Protagonistas»), de quien hemos tomado varios datos para esta nota, nos habla de la fuerza de las antiguas solidaridades: sus amigos del Río de la Plata realizan colectas para ayudar a Troitiño en España.

Recuperado, el agitador y luchador obrero decide volver al Río de la Plata, instalándose en Montevideo en 1904. Trabaja como panadero y se incorpora a la militancia gremial en el Sindicato de Oficios Varios de la Villa del Cerro. Dirige durante un tiempo un quincenario anarquista «El Obrero».

Incluido en las «listas negras» que cerraban el acceso al trabajo a los organizadores de sindicatos, el luchador gallego gana su subsistencia y la de su familia vendiendo periódicos en la calle.

Las condiciones en que se desarrollaba esta actividad eran muy malas y los «canillitas», expresión típicamente rioplatense, vivían en pésimas condiciones salariales y de trabajo. Troitiño formó el Sindicato de Vendedores de Diario, hasta hoy plenamente vigente, desde el cual se inició la larga lucha por el mejoramiento de las condiciones de trabajo y los salarios de los canillitas.

Cuando en 1934 el país se ensombreció con la dictadura de Terra, Troitiño, junto con otros dirigentes sindicales fue encarcelado y una vez más la solidaridad y la protesta popular obligaron a que fuera liberado.

Como sindicalista, como ser humano, como orador, como hombre sensible y solidario, Adrián Troitiño se ganó el cariño profundo y duradero de sus compañeros canillitas y el respeto y la consideración del mundo del trabajo, especialmente la prensa.

Cuando falleció, el 26 de mayo de 1941, las expresiones de pesar fueron amplísimas y prácticamente toda la prensa uruguaya rindió homenaje a su memoria.

La saga de este gallego obrero y luchador, organizador y fundador de obras sociales merece ser evocada. Como se escribió en Marcha cuando su muerte, la experiencia de organización y lucha de los vendedores de diarios uruguayos ha sido una experiencia tal vez única en el mundo, y llevaba el sello de la personalidad rica, cálida y batalladora de Adrián Troitiño.

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