El complejo tema de la salud

Casi nadie niega en el país, que en el sector de la salud se vive una situación verdaderamente crítica, que se arrastra desde hace años y que en lugar de mejorar se sigue agravando. La situación afecta a amplios sectores de la población, que no reciben la atención necesaria a sus problemas, y a los trabajadores del sector.

Esa crisis tiene múltiples expresiones: falta de cobertura real a un sector importante de ciudadanos, graves insuficiencias en la atención de las personas mayores de 65 años, en la atención a enfermos mentales, en la atención odontológica, una asistencia con orientación casi totalmente curativa.

La duplicación innecesaria de servicios de alto costo, coexiste con graves insuficiencias en áreas esenciales; existen injustificadas diferencias salariales con sueldos de hambre en el nivel público, clientelismo político en el MSP, cierre de mutualistas con miles de trabajadores y familias desamparados, inadecuada e injusta distribución de recursos. Instituciones mutuales desfinanciadas coexisten con un derroche tecnológico sin fundamento científico, mercantilismo creciente, multiempleo médico y desocupación. Son elementos conocidos que nadie puede negar.

Las diferencias aparecen cuando se trata de identificar las causas de esa crisis y las posibles soluciones.

El lunes 21 de febrero de este año, el diario «El País» publicó un artículo firmado por Ignacio de Posadas, bajo el título «El complejo tema de la salud». No se trata de opiniones de un ciudadano sin responsabilidades directivas. Quien escribe es un ex ministro de Economía y uno de los principales dirigentes del Herrerismo y del Partido Nacional. Sus opiniones pueden tener por tanto un peso muy importante en el actual gobierno, y en consecuencia deben ser cuidadosamente analizadas.

De Posadas empieza señalando que todo indica que la salud es el área donde «el nuevo gobierno enfrentará una gran tormenta, junto o aún antes que en el sector agropecuario». Es decir, está implícitamente reconociendo la gravedad de la situación del sector.

A renglón seguido identifica varios responsables de la situación: «la FUS, muchos médicos, el CASMU, algunos (pocos) políticos y SI, el Estado» (es textual).

Resulta difícil comprender cómo un importante dirigente político pueda formular apreciaciones tan ligeras y carentes de fundamento, que además muestran un odio particular hacia todo lo que es agremiación o sindicato, hacia el CASMU que es la mayor y más importante Institución de Asistencia Médica Colectiva del país y hacia lo que es público, regulado por el Estado.

Las soluciones propuestas por el dirigente herrerista incluyen entre otras estas afirmaciones: «más recursos para la salud es más plata para funcionarios y médicos». Plantea el cierre del Hospital de Clínicas, desconociendo que es la mayor y más importante institución de atención de la salud, y de especialistas en todas las áreas de la salud y que en él se desarrollan la mayoría de las investigaciones en esa área; que es el organismo más eficiente porque es el que brinda sus servicios a más bajo costo, que en él han recibido asistencia hasta el día de hoy 709.590 personas, sin contar las atenciones de urgencia que no se hospitalizan, y que en los últimos cuarenta años ha marcado rumbos en atención a la salud y en administración pública y hospitalaria en el nivel nacional y regional. Todo esto lo podemos demostrar documentadamente.

Propone además Ignacio de Posadas, eliminar todo tipo de regulaciones; lo primero, dice, es desregular. En buen romance la ley de la selva, el individualismo feroz, la competencia salvaje, solamente la protección del lucro desmedido. Estas propuestas ya nadie las defiende seriamente en ninguna parte del mundo.

Todavía más grave es sostener por un dirigente político que «la salud es un tema complejísimo, verdadero campo minado, que no tiene solución».

Nosotros analizamos el tema, sobre la base de una ideología, una orientación política, técnica y administrativa totalmente diferentes.

Empecemos por decir que efectivamente el tema de la salud es un tema muy complejo, pero además muy importante para la sociedad, y sobre el cual no se debe improvisar ni confundir a la opinión pública con apreciaciones, diagnósticos y propuestas poco serias.

Es complejo pero tiene soluciones concretas, fudamentadas y factibles. El Uruguay es el país de América Latina que reúne las condiciones más favorables para alcanzar los mejores indicadores en materia de salud. Como sucedía a mediados del siglo pasado, en la década de 1950, cuando había una fuerte participación del Estado y no existía prácticamente mercantilismo en el campo de la salud. En esa época el Uruguay tenía las más bajas cifras de mortalidad infantil del continente, inferiores además a las de países como Francia, Italia o Japón. Hoy tenemos cifras que el gobierno ha propagandeado como grandes avances, que como tales todos celebramos, pero que son el doble de la mortalidad infantil que registra un país tan pobre como Cuba, mayores que las de Chile y Costa Rica, y que son el triple de la cifra de mortalidad que se registra en España o cuatro veces las de Japón o Suecia.

En nuestro país necesitamos implementar un proyecto transformador. Las soluciones deben abarcar cambios en varios planos: político, administrativo, técnico y financiero. Pero además en el plano de la ética, en el campo de los valores.

En cuanto a políticas de salud, para nosotros la salud no es una mercancía. Es un derecho humano fundamental, como está reconocido en el ámbito mundial, desde 1948 y un inestimable bien individual y social.

Si es un derecho, alguien tiene la responsabilidad de hacerlo efectivo, a través de las leyes, normas y regulaciones que corresponda. Esa responsabilidad no la puede asumir nadie que no sea el Estado. Sobre esa base, la atención a la salud debe ser equitativa, es decir que todos reciben la atención de acuerdo a sus necesidades. Este requisito esencial, reconocido en todas las declaraciones internacionales jamás puede ser alcanzado según las leyes del mercado. No existe ningún ejemplo en el mundo en que las leyes del mercado haya garantizado la cobertura de atención a toda la población, haya hecho efectivo el derecho a la salud, ni la equidad.

Por algo todos los países desarrollados avanzan por el camino de una fuerte participación del Estado, con servicios de alta calidad, con una cobertura casi universal y con una financiación a cargo de la seguridad social. La única excepción son los Estados Unidos, que aplicando un criterio de mercado, tienen el sistema más caro del mundo, el menos eficaz, el menos eficiente, y donde cuarenta y tres (43) millones de personas no tienen cobertura en salud.

La atención a la salud debe ser de carácter integral, con una fuerte orientación preventiva, prestada sin ningún tipo de discriminaciones.

En el área de la Administración tenemos que avanzar hacia una organización más racional, basada en la coordinación y la complementación de servicios, sustituyendo el caos actual por una estructura racional, que permita tener mejores resultados a un precio razonable. La administración de los servicios debe estar a cargo de personal competente, honesto y comprometido con los principios fundamentales.

En materia financiera, debemos evolucionar a un sistema cada vez más universal pero más justo, donde cada familia aporte de acuerdo a sus ingresos, como ya se está haciendo en casi todos los países desarrollados.

Desde el punto de vista técnico co
ntamos con un capital excepcional; profesionales, tecnólogos, auxiliares y trabajadores de la salud en general con un alto nivel de capacitación, de los mejores del continente, y que salvo las excepciones que existen en cualquier grupo social, tienen una actitud de servicio, una conciencia social y una actitud solidaria, valores que explican que muchos servicios se mantengan en funcionamiento.

A ello podemos agregar un país de forma y tamaño muy adecuados, sin problemas de selvas, desiertos, pantanos, volcanes y terremotos.

Es decir un país casi experimental para organizar un verdadero Sistema Nacional de Salud, que coordine todos los servicios públicos y privados, con un Organo rector normativo que cumpla eficientemente las funciones que las leyes actuales ya le asignan, con políticas de salud bien definidas, y con una efectiva descentralización, organizando en cada departamento Sistemas Locales de Salud.

El Sistema Nacional de Salud se debe edificar progresivamente, sobre la base de la Red de Servicios Públicos reorganizada, y de un Mutualismo mejorado y fortalecido; pero no con los restos y los escombros de las instituciones que puedan sobrevivir, ni mediante la explotación y el hambre de los trabajadores. Sistema de Salud financiado como decíamos mediante una contribución universal bien organizada y controlada, de acuerdo a los ingresos de cada familia.Estas no son utopías improvisadas ni inaplicables. Son realidades que los uruguayos estamos en condiciones de conquistar, aplicando soluciones propias adaptadas a nuestras realidades. Para ello se requiere voluntad política, conciencia humanitaria y actitud solidaria, una orientación democrática, y un cambio o una reconquista en algunos casos, de valores que fueron patrimonio y orgullo de generaciones pasadas de políticos, profesionales y trabajadores organizados.

Los actuales valores que prevalecen, dividen, estimulan el individualismo y la competencia salvaje, conducen a la ineficacia y a la ineficiencia, niegan el valor de la participación social y de los trabajadores, y la importancia fundamental de la cooperación y de la solidaridad.

Deben ser sutituidos por nuevos valores que sustenten la necesidad de la participación social, de la humanización de la asistencia y del trabajo, del valor de la integración y la solidaridad, del valor del hombre como protagonista del bienestar social, y no como un simple agente económico orientado por el egoísmo y la obtención del lucro como valor supremo de vida.

Es uno de los grandes desafíos que enfrentamos los uruguayos, y por el cual vale la pena luchar, con firmeza, confianza y optimismo.

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