Seguro de paro rural: ¿podremos decir ¡por fin!?
1.- Inexistencia de impedimentos.
Finalmente parece que los trabajadores rurales tendrán derecho al seguro de paro. ¿Qué hace falta? Un decreto del gobierno. Es un tema exclusivamente de voluntad política. Porque no existen impedimentos jurídicos. Lo autoriza la normativa vigente desde el año 1968, ratificada en 1980.
De la misma manera no hay obstáculos administrativos: el BPS está en condiciones de hacerse cargo de inmediato del servicio.
Por último no hay dificultades de orden económico financiero. Tres millones son los dólares necesarios, esto es menos del 0,001% del presupuesto total del BPS. ¿Entonces?
Otorgar el derecho fue desde siempre un problema de voluntad política, fundamentalmente del P. Ejecutivo. También del Parlamento.
El 9 de setiembre de 1993 se reunieron en la sala del Directorio del BPS diez organizaciones de trabajadores rurales y resolvieron «aprobar un aumento del aporte obrero rural a la seguridad social para contribuir a atenuar el déficit rural de Disse y para garantizar el justo derecho al seguro de paro de todos los trabajadores rurales del país».
Sucedió hace casi nueve años. Mucha agua corrió bajo los puentes, y muchas gestiones y proyectos varios por el BPS, el Ministerio de Trabajo y el Parlamento.
Pasaron tres presidentes. ¡Y los asalariados rurales siguen sin acceder al seguro de paro!
¡Si será un problema que se soluciona con voluntad política!
2.- Una historia de padecimientos.
Desde aquel lejano 9 de setiembre del 93 hasta fines de 1999, el salario rural decreció a la tercera parte, la zafralidad, que significa dificultades para acceder a los derechos de seguridad social, aumentó vertiginosamente: al 45% en el citrus y 85% en el sector forestal.
A lo que agregamos que desde 1985 a 1996 emigraron del país 73.300 personas vinculadas al mundo rural, esto es: ¡18 por día!
Un destacado técnico expresa: si los asalariados rurales aportan a la seguridad social lo mismo que un empleado de industria y comercio, y si además por los ciclos que impone la propia naturaleza es sabido que están sin trabajo muchos meses al año, ¿por qué no tiene derecho al seguro de paro cuando el propio BPS está de acuerdo en darle ese beneficio?
Sigue diciendo que si reconocemos que el trabajo que se hace en el campo es especialmente fatigante, ¿por qué miles de trabajadores no tienen limitada la jornada de trabajo y trabajan 9, 10 o 12 horas o más sin tener derecho al cobro de horas extra? (1)
Por aquellos años, principios de los 90, prácticamente no había apoyo para otorgarle el seguro de paro a los trabajadores rurales de ningún sector de los empleadores, salvo alguna excepción aislada. Por motivos que algún día habrá que analizar. No ahora.
Hoy el país es otro. Los ediles de todo el país, los productores de citrus de Salto, la Federación Rural, la Intergremial de Productores de Leche, y muchos otros sectores sociales y políticos… con distintos énfasis, han manifestado su interés en que el tema se resuelva favorablemente. No es para menos.
¿Fue necesario tanto padecimiento de miles de compatriotas para que se tomara conciencia? ¡Qué lástima!
De cualquier manera, bienvenido sea el interés manifestado por tan importantes sectores de la sociedad rural. ¡Sumemos voluntades!
3.- Entre la bronca y la crítica
Un queridísimo amigo, sicólogo él, me decía por estos días que notaba en mis notas semanales un acrecentamiento de frustración, bronca, ganas de pelear y crítica apasionada hacia aquellos que viven en función de los números.
Le contesto por este medio a mi querido amigo Orlando (así se llama): cuando uno observa que primero se pretextó obstáculos jurídicos, que luego se demostró que eran inexistentes.
Que luego fueron las dificultades económicas financieras, que nunca existieron, (hemos proporcionado cifras) y que los mismos damnificados y eventuales beneficiarios estaban dispuestos a solucionar con sus propios aportes según lo propusieron en aquel lejano 9 de setiembre de 1993.
Y que finalmente se dijo que no había voluntad política del resto de la sociedad en solucionar el tema, que hoy estaría superado, ¿cómo entonces no juntar bronca? Y yo vivo en Montevideo, lejos del drama de la vida diaria de decenas de miles de trabajadores y personas que subsisten en el mundo rural. ¿Qué estarán acumulando ellos en su intimidad, rodeados de los suyos, luego de tantos años?
Pero seamos positivos. Una vez más: aunque sea poco, bienvenido sea, si es que llega, el seguro de paro para los trabajadores rurales.
Allá en el norte, Colacho, el Negro Segundo Rodríguez, Walter Duarte y tantos otros ¿qué estarán pensando? ¡Salud!
(1) Antonio Rammauro. Derechos y Torcidos del Trabajador. Preguntas con mameluco, respuestas sin corbata.
*Integrante del Equipo de Representación de los Trabajadores en el BPS.
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