Batlle y el batllismo
El tiempo produce respecto de algunas palabras el mismo efecto que sobre ciertos recuerdos: es como si se desdibujaran, tornándose menos nítidos, y aun confusos y contradictorios. Por ejemplo, ¿cuál es el significado actual del término «batllismo»? Es decir a cuál de los eventuales «batllismos» hace referencia, o para ser más precisos, a qué Batlle alude, dando por sentado que así como tras el ilustre apellido hubo y hay distintas personas, con el famoso sobretodo es posible cubrir las más diferentes concepciones políticas, económicas, sociales.
Estas reflexiones nos vienen a la mente después de ver y escuchar al presidente Batlle en la televisión, y de leer las crónicas de su intervención en el Seminario sobre el Estado organizado por el general Seregni.
De ésta destacamos su reconocimiento de que, en el comienzo, los servicios que hoy prestan las empresas públicas, estaban a cargo de privados. La producción y distribución de electricidad, el saneamiento y agua corriente, la importación de petróleo y elaboración de combustibles, las comunicaciones, el transporte ferroviario, el puerto de Montevideo, lo fundamental de la actividad bancaria incluyendo en ella los seguros, en fin, casi toda la actividad económica de magnitud fuera de la producción agropecuaria, en el Uruguay de fines del siglo XIX hasta mediados del siguiente, estaba en manos de «empresarios privados», «operadores», o «inversionistas», para utilizar esa terminología tan cara a quienes con placer sacrifican al Estado y sus empresas en el altar del dios «mercado», invariablemente extranjeros.
No es menor la aceptación, aunque fuera al pasar, y especialmente por venir de donde viene, de que lo que hoy se nos presenta como el futuro en verdad es el más puro, vetusto, rancio y anacrónico pasado. Cuyos sepultureros fueron precisamente –ironías de la historia– el tío abuelo y el padre de quien hoy encabeza con entusiasmo la resurrección del cadáver maloliente. Nos quieren hacer creer que el progreso de los pueblos, el bienestar de las familias y la felicidad de los individuos viajan en las valijas de los gerentes de las multinacionales.
Como si allí hubiera lugar para otra cosa que no fuera el cálculo mezquino, la obsesión por el lucro y la indiferencia ante tanto dolor humano.
En este tan actual Batlle versus Batlle se resume, aquí y ahora, la opción de nuestros días, que en verdad es la de siempre: volver a épocas superadas de esclavitud y barbarie, edulcoradas por los conocidos traficantes de ilusiones, o avanzar firmes hacia un mañana donde el ser humano, libre por fin, tenga la posibilidad cierta de alcanzar la plenitud de su destino.
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