No dan puntada sin nudo
La aftosa viene asolando la región y el gobierno blanquicolorado al país.
Los orientales no ganamos para sustos cada vez que Batlle se preocupa de nuestros problemas: resulta que ya no nos propina más decretazos, impuestos u otras formas de persecución a las que nos tenía acostumbrados. Ahora nos soluciona problemas. Aparece una epidemia, afecta a los productores, a los trabajadores, a los comerciantes, a los vecinos y hasta a los escolares y a los liceales, y hay que suspenderles las clases, no sea cosa que venga y los agarre la aftosa.
Ahí, cuando todo está así, es que viene es Jorge Batlle y nos propina una solución.
A fines del año pasado, en medios periodísticos, en los corrillos parlamentarios y políticos, se hablaba de la tercera Ley de Urgencia que estaba preparando el gobierno. A principios de este año, empezaron a hablar del contenido de esa tercera ley: mencionaron la eliminación de los aportes patronales a los sectores vinculados a la producción, y dijeron que los iban a sustituir con un impuesto del 3 por ciento a los productos terminados, nacionales y extranjeros… El Presidente de la República salió a hacer cuentas sobre la evolución de los precios al consumo: parece que no iban a aumentar, aunque le sumaran un nuevo impuesto –un IVA disfrazado de otra cosa–, porque como se iban a eliminar los aportes patronales, los costos disminuirían y los precios se mantendrían similares. Se trataba de una muy dudosa aritmética que no vamos a entrar a discutir, pero que, sospechamos, no va a dar buenos resultados para los consumidores de artículos de primera necesidad, que se alimentan, visten, viajan en ómnibus o mandan los hijos a la escuela.
Así venía la mano con la tercera Ley de Urgencia, hasta que llegó la aftosa, no por responsabilidad del gobierno, sino porque Tabaré Vázquez no quiso conversar con Batlle y dificultó la toma de medidas para combatirla. Que parece que si Tabaré hubiera hablado, la aftosa no venía. Pero vino, y ahí fue que Batlle renunció a la tercera Ley de Urgencia y encontró soluciones: eliminación de los aportes patronales a los sectores vinculados a la producción, creación de un impuesto del 3 por ciento a los productos terminados, nacionales y extranjeros… Pero cómo, van a preguntar, ¿esto no era la tercera Ley de Urgencia? No, la izquierda siempre confunde las cosas, esto es la solución a una emergencia nacional provocada por la aftosa, si se parece a lo que habían anunciado a principio de año es, como cualquier parecido con la realidad, pura coincidencia.
Además, claro, hay elementos nuevos. No estaban en la tercera ley. Ahora se habla de soluciones para el problema de la deuda: una año de gracia para los que tienen deudas menores a 200 mil dólares, tres años en los que sólo pagan intereses, al tercer año pagan el 20 por ciento de su deuda, y por último quedan pagando durante 16 años los intereses de la deuda. Ello le evita al productor, por lo menos por un tiempo y quizá sólo a algunos, el fantasma de los desalojos o los lanzamientos. Un año es un año y tres años de intereses capaz que se soporta… Pero ¿quién paga? Credisol seguramente no paga. Los trabajadores pagan, los jubilados y pensionistas también pagan. Pagan los que ya tienen uno de los impuestos a los sueldos más caros: los que pagan IVA del 23 por ciento, y que ahora van a empezar a pagar un impuesto más que parecido al IVA. Paga un BPS cada vez más desfinanciado y que, después de la exoneración de aportes, va a quedar al borde de la extremaunción…
El Banco de la República Oriental del Uruguay paga. De ello no queda ninguna duda, si no que le pregunten a su Presidente por qué pidió licencia cuando se enteró del contenido de las medidas. Con el BROU, Jorge Batlle intenta una carambola a dos o tres bandas: el BROU no es santo de la devoción de Batlle, porque no lo es del BID –ya hay firmadas algunas cartas intención al respecto– y parece que hay que atenderlo, solucionarle los problemas, liquidarlo, dejarlo sin asunto… como se le quiera decir. Parece que este año es el primero que no le retocan el balance y, sin maquillaje, fue el primer año que dio en rojo. En esos casos, la experiencia de las empresas públicas lo demuestra claramente, no hay nada mejor que agrandar las pérdidas –una buena gestión de gobierno lo logra fácilmente– y hacer que dejen de ser públicas o desvirtuar terminantemente su funcionamiento. Por eso, en esta ocasión, se le hace cargar al BROU con el costo de la lucha contra la aftosa, se pone a los productores en una dulce espera sin esperanzas, al BROU lo desfinancian y, cuando llegue el momento, los productores seguirán tan endeudados como siempre y el banco pronto para la liquidación o, en el mejor de los casos, para transformarlo en un banco comercial, por un lado, y por el otro, un banco de fomento, estatal claro, pero desfinanciado y sin posibilidades de atender a los que importa atender para construir el país productivo o, por lo menos, un país que funcione…
* Dirigente del MLN
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