Gobernantes que hablan: ¿qué se busca?

El momento actual, a nivel mundial, se caracteriza desde el punto de vista de las campañas publicitarias preelectorales, por el maquillaje que sufren frecuentemente las personas físicas y las ideas.

Así se busca acentuar determinados perfiles ideológicos o características personales y disimular o suavizar otros menos favorables según las encuestas de opinión.

Un ejemplo paradigmático es la del candidato que «por su boca moría», ya que sus dichos y expresiones «ingeniosas» le significaban costos políticos según analistas y consejeros. De modo que ese carácter negativo –«no saber callar»– se transformó en virtud, previa masticación y transformación por el aparato publicitario y se rebautizó: «canto de la justa».

Quien «canta la justa» debe tener claras las motivaciones y los objetivos por los que expresa sus dichos.

Marcelo Tinelli, líder en teleaudiencias en el área del «teleentretenimiento», practica un estilo ácido y para nada constructor pero no hay dudas de que las mayorías le acompañan.

Transcurridas las elecciones, muy distinto debiera ser el discurso de los que hablan desde posiciones de poder, ya sea antes, durante o después de ejercer el poder.

Veamos ejemplos de lo que está sucediendo: el contador Horacio Fernández Ameglio al inicio de su ejercicio como ministro de Salud Pública manifestó públicamente que aquello «funcionaba como un club político».

Caben preguntas varias: ¿descubrió el clientelismo político sólo después que accedió al cargo? ¿Con sus denuncias estaba anunciando un cambio de estilo de gobierno? ¿Acaso se accedería a los cargos, por concurso y de acuerdo a las capacidades personales? ¿En qué grado estaba denunciando que basta la «muñeca» política para acceder a los cargos y que eso podría estar entre las explicaciones del descaecimiento de la administración por pérdida progresiva de capacidad en los responsables? ¿Cambió las reglas del juego o simplemente a ese «club político» le quitó la «chapa» del Foro y la sustituyó por la «chapa 15″?

Luego de abandonado el cargo en el Ministerio, el contador Horacio Fernández Ameglio se refiere a que «la crisis del mutualismo se debe a mala administración, desvíos y falta de conocimiento de los directivos». También habló de corrupción, robos y «sobrefacturación en el sector público» (LA REPUBLICA, 19/05/2001, página 14).

Aquí también se imponen preguntas: si el nuevo ministro de Salud Pública lo llama a testimoniar para iniciar sumarios; si lo llama como asesor para corregir defectos administrativos constatados por el contador Fernández Ameglio, ¿está dispuesto a aportar el conocimiento en que seguramente basa sus afirmaciones y descalificaciones?

Como su designación responde directamente a la decisión del Presidente de la República, debemos inferir que sus dichos de antes y los de ahora están avalados por el doctor Jorge Batlle.

Evidentemente, las declaraciones del señor contador hacen perfecto juego con el «cantor de la justa» cuando este último afirma que hay directores de entes del Estado que «no saben nada» o cuando manifiesta en TV sus planes para privatizar UTE, sin haber informado siquiera a los directores del ente.

No es Marcelo Tinelli que busca impactar, es el funcionario de máxima jerarquía y máximo responsable de sus «mensajes a la población».

* Representante nacional por Canelones 

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