El Partido Nacional y las ideologías
El 8 de mayo se verificó una reunión de los líderes del Partido Nacional que según El País –vocero oficioso de dicho partido mientras no haya una dictadura a la que apuntalar– tuvo por finalidad «iniciar un proceso de revisión programática e ideológica de la colectividad». El 13, Juan Martín Posadas, en el mismo diario y atacando sin nombrarlo a un líder que pidió en la reunión se precisara el lugar que ocupa hoy el Partido Nacional en el espectro político uruguayo, dijo refiriéndose a ese partido: «Nadie va a caer en la simpleza de querer dotarlo de un contenido ideológico que le vendría faltando»; y utilizó un argumento impagable: «El Partido va para 200 años (se pasó de la cuenta) de incidencia en la historia de la República».
La nota de Posadas recibió un caluroso apoyo de Alembert Vaz (El País, 18 de mayo). Vaz aprovechó la ocasión para quejarse de lo que llama «reiterada y constante arremetida de la izquierda» basada, según él, en eslóganes, frases hechas, etcétera, «así como de la permanente atribución de que somos la encarnación de la ultraderecha o los representantes del neoliberalismo». Luego, paradojalmente, realizó una entusiástica defensa del neoliberalismo, con lo cual no logró sino confirmar la verdad del «injusto denuesto» de que sería víctima su partido. Para ello sostuvo que a lo que el neoliberalismo «aspiraba» (¿ya no aspira más a eso?) era oponerse a la colectivización soviética y al férreo dirigismo económico nazi-fascista, en aras de «un regreso al liberalismo clásico». O sea que el neoliberalismo sería nada más que una doctrina humanista, antitotalitaria y amante de la libertad.
Hace 50 años, el profesor de la Universidad de Manchester Ferdinand Zweig escribió algunas cosas tan admirables que, pese al tiempo transcurrido, conservan vigencia total. Según él, la escuela clásica creyó descubrir «un orden natural (ordre naturel) de la sociedad, regido por una ‘mano invisible’, basado en los derechos a la libertad, al interés del individuo y a la propiedad. El freno, la compulsión o los controles son antinaturales, son una violación de estos derechos naturales y se oponen a las leyes económicas eternas basadas en estos principios». Y añadía: «La misma línea de pensamiento se defiende todavía en Road to Serfdom del profesor Hayek«. (El subrayado es nuestro).
Vaz, citando a un tal monsieur Melenchon, transcribe lo siguiente: «Izquierda y derecha: ¿al fin de cuentas, es que eso aún tiene sentido?». Esto recuerda de inmediato que el gran pensador francés Alain (Emile-Auguste Chartier) decía que cuando alguien se refería a izquierdas y derechas en los términos que hemos citado, quedaba convencido (Alain) sin ninguna duda de estar ante una persona de derecha.
La idea de libertad, inspiradora del neoliberalismo según Vaz, ¿a qué libertad se refiere? A la económica, desde luego: la de los intereses del bolsillo, los intereses poderosos, la codicia, la vanidad, ante los cuales el Estado debe permanecer totalmente pasivo y hasta reducir al mínimo imaginable su propia existencia. Al fin de cuentas, la palabra libertad tiene tantos sentido que –recordando el ejemplo de Bertrand Russell al hablar de los hegelianos– «la libertad verdadera» consistía (para los seguidores de Hegel) «en obedecer a la policía».
* Abogado y analista
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