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Las causas públicas que reclaman solución justa a los problemas agudos de la sociedad concitan unanimidades. Ellas trasvasan las corrientes ideológicas o políticas, impulsadas por un ánimo colectivo que asume presencia.

Es el caso del convenio entre la Intendencia Municipal de Montevideo y el Movimiento Tacurú. Una opinión pública fuerte y evidente reclamaba por el convenio, una corriente política que lo defendía desde un principio, recibió el apoyo de otra, más sensible al reclamo popular.

La presión de ese conjunto ‘convenció’ a la fuerza política que se oponía.

Sujeto que soportó la veracidad del reclamo lo fue el grupo de chiquilines de Tacurú. Supieron desde su trabajo –por la eficiencia y diligencia callada– conquistarse a los vecinos. Supieron, luego, soportar con mansedumbre la tormenta que sobre ellos se quiso montar. La forma de su alegría posterior selló un estilo que es marca para el futuro generacional.

El saldo del asunto: un triunfo de la justicia social festejado hasta por quienes menos se esperaba.

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