¿Dónde están los 400 millones? Paremos con los descuentos para viviendas

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Hace más de 15 años atrás, los jubilados acordamos pagar con nuestra plata, la construcción de casas, para que los compañeros más humildes pudieran obtener un digno lugar dónde vivir sus últimos años.

Aquello fue un sueño, que se ha convertido en pesadilla. Aceptamos contribuir con un porcentaje de nuestras jubilaciones, y con ese dinero conseguir la solución económica para quienes estaban verdaderamente necesitados.

La plata es de nosotros y los sucesivos gobiernos, nos fueron descontando, prometiendo construir las viviendas. Actualmente andan por los U$S 400 millones y ya edificadas no alcanzan a las 2.000 soluciones.

Al principio nadie sabía quién tenía la plata, llegando a enterarnos que un ministro del gobierno blanco llegó a decir que con parte de él, tuvo que pagar la deuda externa. Luego cumplen con lo que tenían que haber hecho al principio, y abren una cuenta en el Banco República, y empiezan a conocerse cifras reales. Sin embargo, la construcción se desarrolla anárquicamente, pudiéndose comprobar que el tema ha sido explotado políticamente en beneficio de los gobernantes de turno. Nunca visto, en Montevideo hay más horneros que en el interior del país.

Nunca en la mesa de trabajo se sentaron los verdaderos dueños. Entre ocasionales figuras políticas, transformados en improvisados administradores y parientes pseudo técnicos, contratados expresamente; están manejando los detalles, decidiendo sobre tipo de edificios, lugares, cantidades, materiales; sin consulta alguna a los jubilados, hasta el punto de ignorar también a nuestro propio representante en el directorio.

Ya es demasiada osadía. ¡Esto no se puede permitir que siga adelante! No debemos dejar que construyan en cualquier baldío de la ciudad, elegido por las voraces empresas constructoras. Ni que construyan edificios en altura, que requieren gastos comunes, que no pueden enfrentar los humildes destinatarios y que ahora quieren licitar para que administradoras privadas cobren sus servicios, que pagaremos entre todos, desde el presupuesto general del BPS.

Esto demuestra la ineptitud de las autoridades, por qué no lo pensaron cuando aceptaron la construcción de estos conflictivos focos de polémica solución. ¿Dónde están las soluciones que proponen los costosos asesore contratados en el exterior?

Como consecuencia de toda esta ineficacia, apoyaremos la inciativa de suspender el descuento que se nos hace a nuestras jubilaciones hasta que se hayan construido, por lo menos el 80% de los dineros ya recaudados.

Si hubiéramos acumulado los intereses generados por sumas tan abultadas, desde hace más de 15 años, estaríamos en condiciones de planificar racionalmente. Esperemos que no modifiquen el sistema de unidad reajustable, que, por lo menos, nos garantiza la actualización de los valores de los saldos.

El conjunto de jubilados uruguayos no puede admitir que se continúe con estas maniobras, ya que no somos tan retrasados para que se nos engañe con espejitos de colores. Con nuestro dinero no se juega. ¡Paremos la mano! Les aconsejamos que cumplan con su función de administradores sociales y terminen con actitudes de benefactores públicos.

Al nuevo Parlamento le presentaremos, el proyecto de ley sobre viviendas para jubilados, ignorado por la legislatura del Dr. Sanguinetti, de modo que todos los partidos puedan cumplir ya, con las promesas que nos hicieron en octubre y noviembre pasados.

En fin, usen bien nuestra plata, y podrán dormir tranquilos.

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