Cinco puntos para comenzar a entender al presidente Batlle
Escribe
1) El receptor En todo el discurso de Batlle hay una sola referencia directa, explícita, al pueblo uruguayo y es al comienzo de su intervención cuando dirige sus saludos «al pueblo del Uruguay, razón y fin de todas las cuestiones que preocupan al gobernante…».
En general el encare de su intervención fue dirigida a los entendidos en las artes del gobierno –los legisladores, los líderes políticos y corporativos–, dicho todo en un lenguaje sencillo y comprensible.
En la sustancia de su ponencia contempla a la sociedad como un todo, sin entrar a profundizar o identificar a sectores sociales, a excepción del sector agropecuario y científico. Incluso, en este sentido, la referencia es a la sociedad agropecuaria de Durazno, dejando de lado a las otras entidades como, por ejemplo, al sector granjero y al de carnes y lanas del basalto. El tradicional coto de caza de la política uruguaya tradicional, los jubilados, no recibe un solo mensaje directo. Tampoco la juventud y la mujeres como tales.
En cambio apuesta a la «inteligencia» nombrando sólo a tres personas –las únicas que nombra en todo el discurso–; las tres universitarias: el rector Rafael Guarga y los ex decanos Gonzalo González (Agronomía) y Eduardo Touyá (Medicina)
2) La sociedad El Presidente de la República no hace, en cuarenta minutos, un solo intento de radiografía de la realidad social, ni de la realidad empresarial y productiva del país (tiempo tendrá, se nos podrá decir). No habla de la desocupación –no maneja porcentajes ni causalidades–, y elude reconocer a los sectores más sumergidos. Su mayor identificación es con los ocupantes de tierras: «(el gobierno central) está decidido a adquirir tierras y a fraccionarlas en lotes con servicios, para evitar que los ciudadanos, en violación de los derechos de propiedad, muchas veces no tengan otro camino que ocupar un terreno para vivir, en un país donde sobra tierra y falta gente». Temas de la campaña electoral tampoco aparecieron, como el aumento de los salarios a policías, educadores y trabajadores de la salud.
3) Las herramientas En siete puntos expone la estructura y filosofía económica de su política: disminuir el gasto; mejorar las empresas públicas asociadas a las trasnacionales (no utiliza ese término); políticas conjuntas del gobierno central con las intendencias sobre el «nivel y distino de las transferencias de orden financiero»; transparencia y objetividad en el regimen de compras del Estado y en las concesiones de obras y de servicios»; «desregularización del sector privado» y establecer por ley «el principio de la libre competencia», previendo «sanciones para todas las formas de poder monopólico y oligopólico sobre los mercados»; separar el Estado –empresario del Estado– regulador y, por último, inversión del ahorro público «en proyectos sensatos de expansión nacional».
Como sustento de estas herramientas que buscan aumentar la competitividad, descartando las correcciones cambiarias, Batlle pone en igualdad de responsabilidades a empresarios y trabajadores «trabajando juntos».
4) La política Este es el rubro donde Batlle generó un cambio y mayor consenso, mostrando un talante y un humor en algunos casos distinto al de los últimos años.
En primer lugar rescató el valor de la política en la Asamblea General y en el edificio Plaza Independencia. El primer saludo en el Palacio Legislativo fue «a los señores dirigentes políticos del Uruguay» y, una vez con la banda presidencial, agregó que al igual que Sanguinetti entendía que «la libertad de este país se defendía desde la política porque es con la política que se hacen las naciones y la democracia».
No fomentó la polarización política del país, ni la construcción de familias ideológicas. Su escenario discursivo fue el de la salida de la dictadura y no otro, mostrando una impronta ideológica-generacional que corta horizontalmente a toda la sociedad. Por ello el recuerdo de Líber Seregni y Wilson Ferrerira Aldunate (en ese orden).
A la vez redefinió el concepto de unidad, colocándolo por encima de las fronteras de la coalición blanqui-colorada: «es nuestro propósito extenderla a todos los distintos sectores de la sociedad política como de la sociedad civil».
El momento más fuerte de este planteo fue cuando a renglón seguido agregó: «Como lo hemos hecho hasta ahora, en los próximos cinco años, llegaremos a todos los sectores de nuestra nación para escuchar, para informar, para dialogar y sostener, con la firmeza y claridad con lo que hemos hecho siempre, nuestras ideas y puntos de vista, en procura de los entendimientos y los acuerdos que aseguren la armonía de los uruguayos y sellen, para siempre la paz entre los uruguayos». Introito para dar pie a orillar el tema de la violación de los derechos humanos durante la dictadura: «Nadie de nosotros puede decir que alguien es culpable o que alguien es inocente, esto no es el resultado de un mundo maniqueo, de malos contra buenos: sino que todos estamos dentro de la misma historia, es a todos nosotros que nos corresponde como responsabilidad primera sellar para siempre la paz entre los uruguayos».
Si bien este concepto de que todos fuimos culpables es más que polémico, discrepamos con el mismo, vale el ejercicio intelectual de ponerse en la cabeza de quienes se niegan a resolver el pasado con la verdad –en la medida que rechazan visceralmente algún tipo de responsabilidad– para darse cuenta que el golpe desde el estrado de la Asamblea General fue muy dura para quienes quieren que todo quede como está, aunque la lectura del ministro de Defensa Luis Brezzo haya sido otra.
5) La utopía El modelo a alcanzar, la utopía de Batlle, no presenta mayores novedades. Se compromete a profundizar las políticas de sus antecesores –Sanguinetti y Lacalle–, apuesta a la liberalización de la economía y en materia agraria y política exportadora es más explícito: «lograr en diez años niveles y volúmenes similares a los que hoy nos muestra nuestro par Nueva Zelandia».
Con un talante distinto al de su antecesor, hace una apuesta fuerte a la Universidad: «En el mundo que adviene, a la Universidad, a todo el sistema educativo, público y privado, a nuestras empresas de telecomunicaciones les corresponde jugar un papel excepcional».
Es en este plano que se sale del tradicional discurso de dejar todo en manos del mercado e incluye al Estado para que juegue «un papel absolutamente central». Su meta es transformar a la juventud uruguaya en «alfabetos electrónicos».
Parece apuntar al logro de un país agroexportador, con fuerte vocación turística, dominando «los sistemas de información (que) son hoy la infraestructura básica de nuestro tiempo». Todo dentro una opción regional mundial bajo el predomino de Estados Unidos, que pasa por un Mercosur «integrado y abierto al mundo» con el fin de conformar «un mercado formidable desde Alaska hasta Ushuaia».
A la vez, reforzando la idea anterior, Batlle habla de «América» como un todo –jamás opta por decir Latinoamérica–, incluso cuando increpa a Europa para recordarle que no es un «mercado abierto a nuestro productos primarios».
La utopía del Presidente no va más allá de la «realidad» del mundo global: «las regulaciones, los monopolios, los oligopolios, las trabajos en todas sus formas, los mercados protegidos, tanto a los sectores públicos como los privados, dificultan y entorpecen la evolución de esta sociedad uruguaya. Este tema será inexorablemente el asunto central de los próximos años». Y agrega: «Sólo entre todos vamos a poder hacer para poner al Uruguay en el mundo real».
Compartí tu opinión con toda la comunidad