Euskadi: murió el "Oreja"
Leopoldo Amondarain
Al decir de los muchachos, «se acabó la pavada». Arrasó el nacionalismo en el País Vasco. Si sumamos los votos de los partidos españolistas o sea el PP (de Aznar y Oreja) más el PSOE (de Felipe González y Zapatero) no llegan ni cerca de los votos que sólo el PNV (Partido Nacionalista Vasco de Ibarretxe y Arzallus) sin sumar los de la HE (presunto brazo político de ETA) que llevó 142.784 y que también son nacionalistas. Votaron el 80% de los ciudadanos habilitados. Lo que quiere decir que el pueblo se volcó a las urnas y respaldó a su Lehendakari Ibarretxe en forma masiva contra las fuerzas extranjeras imperiales de España. Los festejos culminaron en absoluto orden pero en plena explosión de alegría democrática, con sus líderes Arzalluz (presidente del PNV) e Ibarretxe (Lehendakari) en los balcones del triunfo con el grito clásico de ¡Gora Euskadi Askatuta!, y el pueblo en multitud coreando a voz en cuello ¡Independencia, Independencia! Saquemos conclusiones. En primer lugar que este triunfo, por encima de hombres y partidos, es del nacionalismo como idea. O sea, el de un pueblo que se manifiesta abrumadoramente por su independencia y libertad contra el dominio extranjero español. Eso está claro. Incluso coreando y vivando sus consignas. El PNV es el partido fundado por don Sabino Arana Goiri (a) El Maestro, nacionalista por excelencia desde sus orígenes y del cual tanto la EA, su actual asociado, como la propia ETA salieron de sus filas partidarias. En su carta orgánica el PNV propone «luchar por la soberanía e independencia de Euskadi».
En segundo lugar, es evidente el rechazo y la repulsa a España y sus candidatos. Concretamente «el Oreja». Señalamos simplemente la propaganda internacional, incluyendo nuestro país, donde nos abrumaron con la profusa propaganda hispánica sobre la candidatura oficial del ex ministro del Interior y mano derecha de Aznar. Prácticamente no salía ni una triste foto del Lehendakari Ibarretxe, ni que hablar de Otegui (candidatos nacionalistas ambos, PNV y HE) muy pocas de Nicolás Redondo Terreros (PSOE) y eso sí, llenas las páginas de fotos del Oreja, subiendo, bajando, sentado, parado, haciendo declaraciones o dándole la mano a Aznar, etcétera. Sólo faltó que lo mostrasen en el baño, con su «estética» barbita. O sea, todo el peso de la propaganda y el poder del nostálgico imperio español lo monopolizó el candidato del PP. Obviamente toda la influencia internacional volcada a su favor. Toda la gran prensa lo daba por ganador seguro.
En tercer lugar el respeto y homenaje al pueblo vasco. No obstante la presión oficial y sus influencias, gana y prima su deseo libertario. No se lucha ni se sale a la calle por mejoras económicas, que se las han ganado de siempre con su sudor e ingenio, ni tampoco por mejoras laborales que las tienen de sobra, es una de las regiones de Europa más prósperas, sino por su independencia, libertad y dignidad nacional.
Quieren y desean ver una ikurriña soberana flamear en los picos pirenaicos y con su noble y terca voluntad hace 400 años que luchan y ésta es una demostración cabal que seguirán haciéndola hasta lograrla.
Cuarto. Se demuestra una vez más que los pueblos con dignidad no se avasallan ni se someten. Los imperios con sus perimidas monarquías obsoletas y sus absolutismos arbitrarios van quedando como prendas de históricos museos. Nos pintan los nacionalismos como extremistas y negadores de valores humanos. Todo lo contrario. Son justamente los que defienden el ser y la dignidad nacional, con sus valores no sólo económicos y productivos sino morales y culturales.
La riqueza de sus artes, de su idioma, de sus tradiciones hermosas, de la fuerza de sus voluntades y el amor a la libertad propia como ajena, la de sus hijos y pueblo para enfrentar un futuro propio y no en beneficio del extranjero explotador. El pueblo vasco nos da precisamente un ejemplo de esa permanente entrega en el tiempo.
Quinto. Imposible la futurología exacta en política. Pero sí se abre un nuevo capítulo de la lucha vascona. Los vascos se unieron, enhorabuena. Por encima de alguna «minoría» humillada o «comprada» por el deslumbre del poder, la gran mayoría tendrá que enfrentar en un solo haz fuerte y unido el desborde que evidentemente sobrevendrá del nostálgico imperio y de un derrotado Aznar que necesita revertir esta bancarrota para mantener su propio prestigio y el de su gobierno. El Oreja dejó de existir.
Sexto. La diáspóra vasca, que mantiene, nos consta, sus más caras tradiciones libertarias, deberá también unir sus esfuerzos desde cada patria lejana por el logro que comenzaron a construir sus mayores hace 400 años, y que hoy en una bella jornada cívica, su pueblo mantiene como ejemplo de libertad y dignidad ante los desbordes de los poderes tiránicos obsoletos.
Y finalmente, un amplio aval a su Lehendakari Ibarretxe que tendrá la difícil función de timonear el barco vasco en las embravecidas y hostiles aguas españolas que como es obvio se opondrá a toda solución libertaria de parte de los euskaldunes. Este resultado entonces conduce a la unidad de todo el pueblo vasco de adentro de fronteras, y de la diáspora si quieren llegar a buen puerto con una ikurriña libre y soberana. ¡Gora Euskadi Askatuta!
*Convencional del Partido Nacional
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