Con cara de "yo no fui"
Víctor Rossi
Cuando el doctor Sanguinetti asume en 1995 su segundo período al frente de la conducción del país, recurre –en su primera medida de gobierno– a un ajuste fiscal como vía de equilibrar las finanzas del Estado.
En efecto, necesitado de nuevos ingresos que le permitieran dar solución a la crítica situación de las mismas, instrumenta su «Ley de Ordenamiento y Mejora de la Competitividad«, que entre otras medidas incluye el aumento de un punto en la tasa básica del IVA y de dos puntos en la tasa mínima; aumento en las tasas del IMESI y el ensanchamiento de la base de tributación del IRP, así como un aumento transitorio en sus tasas.
Las razones para justificar este adicional de la carga tributaria del país fueron dadas por su ministro de Economía, contador Luis Mosca ante el Parlamento Nacional: abatir el heredado de la administración anterior, hasta ubicarlo en el 1,5% del PBI; contrarrestar el efecto de la situación internacional, en especial a partir de la crisis mexicana; reducir la inflación hasta ubicarla en niveles de un dígito anual; aumentar la productividad, fundamentalmente en el sector manufacturero; y atenuar el problema de la desocupación, «un fenómeno preocupante» que entonces alcanzaba un índice de 9,6%.
Con las medidas contenidas en el paquete fiscal, el gobierno esperaba recaudar aproximadamente unos U$S 160 millones adicionales anuales que, sumados a la reducción de gastos a que se comprometía la Administración Central, le permitirían enjugar esos U$S 436 millones heredados como consecuencia del «carnaval electoral» del año 1994.
Asimismo, su proyecto de gobierno para el quinquenio apuntaba a: terminar con la «pesada carga que el BPS representaba para las finanzas públicas» a través de una reforma del sistema de Seguridad Social; achicar el peso del Estado, demasiado «gordo» por un número de funcionarios excesivo y sólo explicable por el clientelismo electoral; un mejor aprovechamiento de los recursos estatales, por la vía de un inventario de todos sus bienes inmuebles; dar solución al problema habitacional, comprometiendo la entrega de «una vivienda por hora».
Cinco años más tarde, el doctor Sanguinetti entrega a su sucesor el doctor Batlle, un país donde la única meta alcanzada es la contención de la inflación. Y a un costo que implica en lo económico la destrucción de la industria manufacturera nacional, con desaparición de empresas en los rubros del vidrio, la construcción, curtiembres, textiles, alimentarias, de la vestimenta, del calzado, etcétera; la mayor crisis del sector agropecuario, expresada en múltiples marchas de protesta por la falta de políticas adecuadas, por soluciones al endeudamiento, por la falta de mercados; un desajuste de la balanza comercial de más de U$S 4.800 millones para el período, producto de una apertura comercial alocada y sin contrapartidas; el agravamiento de la problemática del desempleo, con tasas superiores al 14%, que se agudiza aún más si tenemos en cuenta los casos de subempleo y trabajos precarios y que en conjunto abarcaban a más de 600 mil compatriotas; un déficit fiscal –al fin– de más de U$S 1.000 millones y próximo al 5% del PBI; con las consecuencias sociales de aumento de la marginalidad, la segregación, los asentamientos irregulares, la violencia, la inseguridad ciudadana y la desintegración familiar por emigración.
Todo ello a pesar de la pesada carga tributaria impuesta sobre los hombros de la ciudadanía, que elevó los recursos presupuestales en un 33%, que pasaron de U$S 3.480 millones en 1994, a U$S 4.645 millones en el último año de su mandato. Sólo por concepto de Impuesto a las Retribuciones Personales, el gobierno de Sanguinetti recaudó durante el período U$S 1.840 millones y sus tasas «transitorias» permanecían vigentes a la finalización del mismo.
Otro tanto acontecía con las tasas del IVA, impuesto que recaudó durante el quinquenio la friolera de U$S 8.675 millones. ¡Y todos sabemos quiénes son los aportantes de ambos tributos!
En tanto, la Reforma del Estado sirvió para continuar con la práctica del acomodo y el clientelismo a través de las empresas unipersonales y los contratos de arrendamiento de obras; la reforma de la Seguridad Social no logró terminar con el problema y el gobierno central debió triplicar los aportes al BPS que superan ya la friolera de U$S 900 millones al año; la crisis habitacional se mantiene y los bienes inmuebles del Estado continúan sin conocerse, a pesar de los pedidos de informes elaborados por el cuerpo de legisladores.
¡Y llegó la aftosa!
Y la plaga sacudió al país, haciéndole pagar el precio del desmantelamiento sanitario; golpeando duramente al campo y la producción agropecuaria, sumando su efecto a la crisis que ya venía soportando e involucrando al sector frigorífico que amenaza con mandar al seguro de paro a más de 5.000 trabajadores y al comercio en general.
Entonces aparece nuevamente el doctor Sanguinetti, y sorpresa de algunos y asombro de muchos nos dice: «Con la humildad de siempre, con la capacidad de trabajo de siempre, con la vocación de siempre, en estas horas de sombra, debemos condenar los oportunismos baratos y ponernos al servicio del país, que podrá contar con nuestro brazo para el esfuerzo y con nuestra silenciosa y modesta conducta de rigor, de disciplina, de trabajo, de espíritu y de sacrificio».
Con estas expresiones vertidas en la celebración de los once años de vida del Foro Batllista, el doctor Sanguinetti rompió su silencio e ingresó de nuevo a la arena política nacional, en una alocución que tiende a hacer de la aftosa la razón de la crisis que padece el país y donde condena a todos aquellos que «oscilan principios para no comprometerse».
¡A lo del título!
* Representante Nacional – Alianza Progresista 738 – Encuentro Progresista-Frente Amplio
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