Un justo petitorio al presidente Batlle

En la tarde de ayer la señora Sara Méndez hizo entrega en el Edificio Libertad de las firmas reunidas tras su petitorio al Presidente de la República. Más de veinte mil ciudadanos dijeron presente, consignando con su rúbrica el respaldo humano y ético que les merece la solicitud de Sara Méndez.

Tal como lo consigna la crónica, en la tarde de ayer estuvo presente en el acto de entrega de las firmas un núcleo calificado de personalidades del mundo de la cultura, del cine, el teatro, la actividad política y parlamentaria y de los organismos de derechos humanos. Con su presencia estaban expresando su solidaridad con la búsqueda de Simón, su apoyo al reclamo de que sean interrogados los militares que –según decenas de testigos– aparecen como los responsables del secuestro y la desaparición del niño.

Sara, el documento, las firmas, las personalidades que acompañaron el pedido: todos hechos públicos, transparentes, comprensibles. ¡Qué distinto a la sucesión de rumores, al ocultamiento, al engaño, al bolazo, que ha caracterizado a los responsables estatales de responder sobre la dolorosa situación de los desaparecidos!

La campaña de Sara Méndez tiene una naturaleza, por un lado, humana, de solidaridad y sensibilidad ante el despojo que sufre una familia y una madre.

Tiene también un aspecto que atañe a toda la ciudadanía: el secuestro está desde hace casi veintiséis años yendo y viniendo ante la cada vez más desconfiada y dolida opinión pública.

Acerca de la búsqueda de Simón se han pronunciado no sólo organismos de derechos humanos sino también el propio Presidente de la República que hace un año, cuando se produjo el feliz reencuentro de la nieta del poeta argentino Juan Gelman, declaró expresiva y enfáticamente su apoyo y su decisión de colaborar efectivamente en la búsqueda de Simón.

Se trata, por la fuerza dramática de los hechos –condición dramática a la que no permaneció indiferente el Presidente Batlle– que el asunto, si es que alguna vez lo fue, dejó de ser un problema privado para ser una cuestión que concierne a toda la ciudadanía.

De ahí que, por eso mismo, en este caso más que en ningún otro, no tiene el menor asidero pretender que se trata de un asunto «personal» de los familiares, una «delicada cuestión íntima» que sólo puede ser tratado como un «asunto reservado», con la «sabia discreción con que se tratan los asuntos de Estado».

Nada que no sea la transparencia puede ser admitido. No deben serlo tampoco la sucesión de rumores contradictorios sobre el supuesto destino del niño hace más de 25 años: un día, «de muy buena fuente», desde esferas oficiales se le asegura a la madre que el niño murió a los pocos días de nacer.

Unos días después, también como procedente de informantes responsables, se sostiene lo contrario.

No son temas que admitan este tipo de balbuceo o periódica auscultación.

A nadie que no sea un burócrata recalcado, que «por razones de Estado» se siente más cerca de los secuestradores que de las víctimas, se le puede pasar por alto que a la persona que busca a su hijo, a Sara Méndez, y a su entorno familiar inmediato se las está sometiendo a una insoportable mortificación psicológica, moral, afectiva.

El derecho de petición es una vieja tradición institucional que está perfectamente contemplada en la Constitución de la República. El presidente Batlle, que cambió, con oportuno golpe de timón, el tratamiento tradicional de los gobiernos posdictadura, el proceder estatal en torno a la cuestión de los detenidos desaparecidos, tiene en sus manos un petitorio justo, con fuerte respaldo ciudadano, cuya resolución produciría un efecto altamente gratificante en la ciudadanía.

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