Asunto prioritario
Carlos Bouzas
El próximo mes se reúnen los trabajadores organizados sindicalmente en congreso. Es un momento especial y muy importante en la discusión de los asuntos que atañen a los trabajadores. Allí estará todo sobre la mesa. Desde en qué país, región y mundo vivimos, hasta en qué condiciones viven y qué perspectivas pueden esperar los trabajadores, pasando por cuál es la mejor organización para afrontar los retos.
Tradicionalmente nuestro movimiento sindical ha defendido la vinculación o integración de las reivindicaciones inmediatas con los asuntos programáticos que se vinculan a ellas. Ha sido un signo distintivo de nuestro movimiento sindical. Mientras que, del punto de vista organizativo, se ha optado por la independencia del gobierno y los partidos, autonomía de acción con organización central débil, búsqueda de consensos y cohabitación de ramas de actividad y corrientes de opinión en los organismos de dirección. Todo ello en un marco de defensa del sistema democrático y el respeto de los derechos de la gente, asuntos en los que ha acumulado acciones, experiencias y heridas no cerradas aún.
Salvo asuntos concretos, no creo que se produzcan novedades de bulto en ese sentido. Por lo tanto, considero que será de mucha utilidad que la discusión esté centrada en los temas prioritarios que delineó el documento que se leyó recortado por causa de la lluvia, el día Primero de Mayo.
El trabajo y la negociación salarial son el asunto prioritario para cualquier organización sindical. Ambos como un solo asunto. No son independientes, no se pueden separar. La experiencia de nuestro país nos demuestra que el flagelo de la desocupación no ha crecido a los niveles que debería haberlo hecho, porque lo disimula el crecimiento de fuentes de trabajo alternativas, que en Europa denominan con el ilustrativo nombre de «empleo basura». Ellas pueden ser en relación de dependencia –es decir, con patrón– o por cuenta propia, lo que conocemos como informalismo.
La existencia de esos «remedios» a la desocupación abierta, atenta contra todas las conquistas y derechos ganados por los trabajadores en más de un siglo de avances. Ellos cuestionan –a partir del desconocimiento de la limitación de la jornada diaria y el derecho al descanso semanal– todos los derechos del trabajador, que pasa a ser un individuo de segunda categoría, a quien sólo cabe estar agradecido por disponer de un lugar donde hacer algo (no importa qué) y cobrar algo (no importa cuánto).
Por supuesto que la cosa no es tan clara como yo la pinto. En ningún lugar está escrito que el trabajador deberá trabajar el domingo, o que deberá hacerlo durante doce horas; pero si no acepta estas condiciones, el montoncito de dinero que llevará para su casa al cabo de la quincena, será muy exiguo.
A partir del nuevo gobierno, nos presentan como privilegiados a los conglomerados de trabajadores que, merced a su organización sindical, han mantenido la vigencia de sus convenios colectivos de trabajo. Se pretende que ellos –que son hoy la quinta parte de los asalariados– no sean ya un ejemplo a tener en cuenta para obrar en consecuencia, sino una fortaleza a destruir, con el visto bueno de los demás trabajadores.
De ahí, entonces, que el reclamo de la negociación colectiva en pie de igualdad entre los trabajadores y los patrones, con participación del Poder Político como convocante cuando no se aprecie voluntad de las partes y también como regulador (es decir, tripartita), deba ser una exigencia irrenunciable, que correrá conjuntamente con el reclamo de políticas de fomento del empleo, especialmente en las dos puntas: el juvenil y el de trabajadores mayores de cuarenta y cinco años.
La eliminación de la negociación colectiva a partir de la segunda mitad del gobierno del Dr. Lacalle actuó como un poderoso instrumento de traspaso de ingresos desde los trabajadores hacia otros sectores de la sociedad, sí. Pero también, y especialmente, funcionó como desaliento poderoso contra la acción de los sindicatos y su capacidad de referente para los trabajadores. El mensaje neoliberal de que cada uno tiene que hacer la suya, no importa a qué precio, se complementa con este agregado que podríamos enunciar como «toda acción de conjunto es absolutamente inútil».
Por eso creo que si del próximo congreso del PIT-CNT surge una resolución que asegure una acción constante, persistente en reclamo de trabajo y salario negociado, podremos asistir, en el corto plazo, al reverdecer del viejo tronco de la Central única de los trabajadores uruguayos, que ha conocido momentos más dramáticos y los ha superado.
Por supuesto que sin descuidar el programa y las cuestiones sectoriales, como siempre ha sido.
* Militante del Frente Amplio
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