Elecciones en el País Vasco
Jorge Rodríguez Meléndez *
El domingo 13 de mayo se realizarán las elecciones en el País Vasco. Mucho se juega en ellas. Temas tales como el derecho a la autodeterminación de las naciones, los límites éticos de la lucha política y el derecho a vivir en paz que tienen todos los pueblos.
Nadie puede dudar de que los vascos constituyen una nación. Cuentan con todos los elementos para ello: tienen una tradición histórica milenaria, un territorio, una religión común a casi todo su pueblo, los vascos son junto a irlandeses y polacos los pueblos más católicos de Europa, un idioma, el euzkera, único en el mundo, una bandera, la «iturriña», un himno nacional, en fin tienen nítidamente una identidad propia.
La historia vasca es una interminable lucha por ser reconocida como nación. Fueron ellos los que derrotaron a Carlomagno y Rolland en Roncesvalles. Desde la Alta Edad Media cada dos años se realizaba bajo el roble sagrado de Guernica una Asamblea de Representantes de mayores de 21 años para recibir al monarca o a su enviado que juraba respetar sus fueros y además elegían sus autoridades. Fue la defensa de sus fueros lo que los llevó a asumir como pueblo la lucha carlista. «Por Dios y por los fueros» era su lema contra los liberales unitarios en el Siglo XIX y su derrota significó en 1876 la pérdida de sus derechos.
En 1896 Sabino Arana fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y reanudó la lucha por su nación. La República Española reconoció en 1932 su autonomía. Cuando Franco inició su alzamiento los vascos fueron leales a la República, que le concedió un nuevo estatuto profundizando mucho su autonomía. Así, el 7 de octubre de 1936, bajo el roble sagrado de Guernica, el líder del Partido Nacionalista Vasco, José Antonio Aguirre asumió como Presidente de Euskadi. Poco tiempo después las tropas franquistas los invadieron y los vascos escribieron una de las páginas más gloriosas en la historia de las luchas por la libertad. Lucharon cuerpo a cuerpo y palmo a palmo en defensa de su territorio. La Legión Cóndor, aliada nazi de Franco, bombardeó la capital sagrada Guernica, tal como lo inmortalizó Pablo Picasso. No está de más recordar que la Iglesia Vasca se solidarizó con su pueblo y lo acompañó hasta el último día. Tras la derrota, el Caudillo «por la gracia de Dios» fusiló a 16 de sus sacerdotes.
Aguirre formó gobierno en el exilio y siguió defendiendo la causa vasca. Los uruguayos recordamos el acto de solidaridad que en los años 40 se realizó en el Solís donde hablaron Aguirre y el entonces parlamentario social cristiano Dardo Regules.
La nueva democracia española reconoció a Euzkadi como nación dentro del Estado Español y se aprobó un nuevo estatuto autonómico, entablándose la polémica sobre si era suficiente o si se debía avanzar a la independencia total. La ETA, en búsqueda de esa independencia, ha dejado una senda trágica de asesinatos en los últimos años que horroriza a toda la humanidad. Como católicos los vascos de ETA deberían recordar que la Iglesia admite la rebelión armada sólo «en caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del país» (Encíclica Populorum Progressio). Tal cual somos contundentes frente a los hechos de la Guerra Civil Española, también somos contundentes al decir que en la España democrática no se justifica de manera alguna la acción armada y, mucho menos, terrorista de ETA.
Pero sí decimos que respetamos y admiramos la acción política de los partidos nacionalistas vascos que han seguido la senda democrática y muy especialmente al PNV, responsable además de la actual floreciente realidad socioeconómica de ese país. Los admiramos porque defienden esa larga tradición a que hemos hecho referencia y porque lo hacen a través de la persuasión y jamás por la violencia. Los admiramos porque son los únicos que han logrado un alto al fuego en los últimos años. Desde 1998 a fines de 1999 lograron 439 días de paz en el País Vasco y en España, cuando formaron gobierno con todos los partidos políticos vascos y promovieron el diálogo con ETA como única forma de salida racional a la matanza.
En América Latina tenemos los ejemplos luminosos de los presidentes Pastrana en Colombia y de Fox en México que apuestan al diálogo como forma de salida a los conflictos armados que los aquejan. El mismo camino busca el PNV en Euzkadi. Mucho tememos que una victoria de cualquiera de los partidos «españoles» pueda determinar una larga y dolorosa continuación de la lucha terrorista.
Por respetar los derechos nacionales del pueblo vasco, por creer en el diálogo como forma de hacer política, por ser herederos del artiguismo y la defensa de la «soberanía particular de los pueblos», es que desde aquí, la lejana Montevideo, fundada por los vascos Zabala y Alzáibar, en tiempos en que la globalización arrasa con los particularismos, esperamos una victoria del Partido Nacionalista Vasco y sus aliados.
* Dirigente del Partido Demócrata Cristiano Alianza Progresista
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