¿Reformas de nuevo?

Leopoldo Amondarain*

 

La interna blanca de repente se ha movido. Hace pocos días se comenzó con un frío apretón de mano entre Lacalle y Ramírez. Por algo se empieza, y está bien. Lo que alarma en contraposición de este preámbulo de «amansamiento», es lo que se barajó como noticia o anuncio. Ya no alcanza con refundar o refundir partidos, ni tampoco el comprometerse cada vez más con coaliciones que a diario se van haciendo más impopulares por toda la incompetencia que se manifiesta en resolver los problemas del país, sino que, por si fuese poco, se habla de reformar la ideología del Partido Nacional.

Despacito y por las piedras. Los que somos nacionalistas ideológicos y de tradición que vamos quedando, nos empezamos a mirar con espanto. ¿Qué es lo que el Honorable y algunos «capitostes» de sector quieren hacer? Modificar el nacionalismo y sus bases principistas es un mamarracho. Los principios son los principios. Ergo son inamovibles. Se puede y se debe dar la inclinación adecuada hacia tópicos progresistas, populares, sociales, contemplando a los más carenciados, incrementando sectores productivos, enfrentando al capitalismo imperialista y sus influencias explotadoras propias de los grandes bloques político-económicos, o sea volver al cerno del partido. Lo que desde Oribe a Wilson dijeron e hicieron nuestros grandes hombres.

Pero los principios básicos de no intervención, defensa de las soberanías, etc., en contra de las globalizaciones, entrega a bloques económicos internacionales, pérdida constante y permanente de soberanía e independencia en beneficio de disfrazadas organizaciones que se exponen como realidades inmutables e inevitables y que aceleradamente van desdibujando nuestras imágenes nacionales, de ninguna manera. El Partido Nacional ya tiene a lo largo de su historia, en los mismos hechos y acciones vividas, ya sea en los campos de batalla como en los foros parlamentarios y legislativos, ideología más que suficiente. Basta leer y «digerir» esos principios para no agregar mayor cosa. Por supuesto que lo actual no es el partido como tal. La alarmante y patética identidad con los colorados es la más cabal realidad de este aserto. Leía un reportaje a los diputados de Canelones sobre el tema. Y alguno parecería que nos ha leído pues se identifican con esta prédica que hace años venimos sosteniendo, reclaman la recuperación de la izquierda blanca pues es obvio que se ha perdido en beneficio del Frente Amplio. ¡Incluso quieren identidad blanca y por ende alejamiento del coloradismo! ¡Enhorabuena muchachos! ¡Por fin empezamos al menos con algunos a estar de acuerdo! Pero empiecen por romper con Hackenbruch y el Foro devolviendo los «carguetes» los que están comprometidos. De lo contrario no son creíbles. Hablan del daño ocasionado por la desaparición de la Ley de Lemas para los acuerdos departamentales. ¡Que también lo dijimos! ¡Tarde piaron! Ahora es una realidad y hay que buscar soluciones que son difíciles. Crear líneas de izquierda en los departamentos, particularmente Canelones y Montevideo, no se hacen por generación espontánea. Los pocos dirigentes de centro izquierda e izquierda que hemos quedado, doloroso es admitirlo, no dejamos de ser «golondrinas» aisladas. Los viejos compañeros de mil batallas, hoy los visualizamos en la «vereda de enfrente».

Para hacerlos volver, de por sí difícil, con el marco de la nueva Constitución de candidatura única, hay que ganar la interna y lograr un candidato único potable para esa izquierda blanca ida e incluso para los que quedamos. Es obvio que los que tenemos una formación progresista del nacionalismo cada vez se nos hace más difícil la ubicación interna del partido. Nos atan la tradición, las ideas e historia de nuestros mayores, o sea, todo sentimiento, pero de los que se sientan en el Honorable, salvo alguna honrosa excepción aisladísima del gaucho Larrañaga, el resto de la comparsa, al decir de don Martín Etchegoyen «no enamora a nadie». En ese proceloso mar que es el partido, donde la gran mayoría de la flota navega a toda vela hacia la derecha más recalcada al punto de identificarse con don Jorge y Julio María, coaliciones mediante, los muy pocos dirigentes que remamos en una modesta «chalana» desesperados para armar una izquierda nacionalista se nos hace el trabajo difícil sin un apoyo leal y convencido. Buena cosa es que empiecen a darse cuenta y que no sean meras posturas demagógicas para «enganchar» «crédulos». Hoy, es más difícil vender «espejitos». En buen romance, no toquen la «vieja ideología» partidaria, vale sí ponerla al servicio de políticas sociales y nacionales independientes de los intereses y presiones externas. Eso es nacionalismo. ¡Por amor de Dios! No se pongan a «inventar» cosas raras y extrañas haciéndose los «talentosos» que es obvio, no lo son. Que les sirva de ejemplo lo que pasó en los últimos comicios. Cuando se pusieron a innovar, así nos fue.

* Convencional del Partido Nacional

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