Silencio de la derecha ante el documento de la Iglesia Católica

En sus ediciones del jueves, sábado y domingo pasado, LA REPUBLICA informó y opinó, como no lo ha hecho ningún otro medio, en forma detallada y precisa, sobre los lineamientos del Plan Pastoral «San Felipe y Santiago Siglo XXI» elaborado por la Iglesia metropolitana.

Llama la atención que ningún medio de derecha, ni ningún «analista» u opinante profesional se haya dado por enterado de un pronunciamiento tan neto y tan serio como éste.

Varias características sobresalen de las observaciones formuladas desde el espacio del catolicismo montevideano. En primer lugar, es de destacar la amplia participación que se sustanció en el proceso de elaboración de un documento que revela un conocimiento no sólo «científico» de los temas que aborda sino una visión notoriamente nacida desde el contacto humano con los problemas a los que hace referencia.

El documento –en cuya redacción intervino el Consejo Pastoral Diocesano, el Consejo del Presbiterio y el Equipo Coordinador del Territorial– señala enfáticamente su crítica a las orientaciones neo-liberales «que otorgan al mercado un papel preponderante en la asignación de recursos, ingresos y rentabilidades. Ello ha implicado un mecanismo perverso en sus efectos sociales, generando procesos acumulativos de inclusión-exclusión».

Revelando una mirada sutil, el documento agrega: «No obstante (esa jerarquización neoliberal del mercado) se han mantenido políticas fuertemente dirigistas en los aspectos monetarios y financieros, privilegiando actividades concentradoras de ingresos en los poseedores del capital financiero, en desmedro de las actividades productivas y generadoras de fuentes de trabajo, como la industria, el comercio, el agro y los servicios».

La Iglesia revisa los efectos morales de la primacía de las orientaciones que critica. Y lo hace con una mirada perspicaz: «Este entorno económico y social exacerba las tendencias individualistas de nuestra sociedad, enfatizando los criterios de competencia desenfrenada, sin asociarlos a las cualidades morales de los sujetos, predominado el manejo de influencias y el principio de que cualquier medio es válido para obtener lo que se desea».

Un tramo de las consideraciones difundidas muestra que no se trata aquí de un documento con análisis superficiales sino que hay, detrás de estas reflexiones, mucho contacto directo con la problemática que aflige a las grandes mayorías trabajadoras: «La situación laboral –desempleo, inestabilidad, despidos masivos, las contrataciones fuera de las normas y la seguridad social– es vivida de manera tan angustiosa que casi no aparece, a diferencia de años anteriores, la preocupación por el monto de los salarios y su adecuación al costo de la canasta familiar. Este aspecto aparece desplazado de las principales preocupaciones por la falta de fuentes de trabajo y la inseguridad laboral».

Ningún aspecto de la problemática de la sociedad uruguaya ha escapado a la mirada de los eclesiásticos. Señalan que mientras se produce «un aumento de la marginación y la exclusión social (…) la emigración, la violencia, el consumo de drogas y alcohol (…) se constata el aumento de la brecha entre quienes aumentan su capacidad de adquirir bienes, y quienes se ven privados de lo indispensable para vivir con dignidad (…)».

Constata el documento la ausencia de políticas adecuadas para enfrentar estos flagelos y critica, entre otras cosas, «la no aplicación de impuestos a las rentas reales, (lo que) ha agravado la inequidad en la contribución a los gastos públicos de los distintos sectores sociales».

Finalmente el texto se refiera a la enseñanza que «la desigualdad de oportunidades en materia de educación en los distintos estratos sociales ha disminuido las posibilidades de cambio y movilidad social».

«La educación –concluye– no sólo expresa las diferencias sociales por la capacidad económica, sino que tiende a consolidarlas y aumentarlas».

En cualquier otro momento de la historia del país, la derecha habría salido a polemizar con las tesis de la Iglesia. Recuérdese, en ese sentido, lo que fueron los ataques a Monseñor Partelli, a principios de los años 70. La derecha ha abandonado el campo de los debates teóricos y políticos. Una evidencia más de lo endeble de sus argumentos.

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