Los coletazos de una victoria pírrica: los EEUU excluidos de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU
Jorge Casals Llano
Hace sólo unos días, contando con el voto de gobiernos sumisos, EEUU logró aprobar una moción de condena a Cuba en Ginebra. Mucho más recientemente, el 3 de mayo, y esta vez mediante el voto secreto de los participantes, el principal violador de los derechos humanos en el mundo, Estados Unidos de América, no obtuvo los votos necesarios para continuar ocupando el escaño que desde hace 54 años retenía en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Sólo 29 votos más obtuvo la representación norteamericana (apenas 7 más que los comprados por el imperio para la condena a Cuba)
La nueva bofetada diplomática al imperio completaba las ya recibidas con la reelección de Cuba para integrar la misma Comisión que los EEUU no integrarán este año, y con la elección de un académico cubano, profesor titular del Instituto de Relaciones Internacionales de Cuba (ISRI) el Dr. Miguel Alfonso, para ocupar un alto cargo en el organismo de las Naciones Unidas encargado de velar por el cumplimiento de los derechos humanos en el mundo. Luego de la votación, se reporta desde Ginebra, que diplomáticos de todas las regiones del mundo se acercaron a la delegación cubana para felicitarla y testimoniar su reconocimiento y solidaridad con la isla del Caribe. La prepotencia yanqui, aún no recuperada de los nuevos mazazos, apenas pudo balbucear al conocer la mala nueva: «Inconcebible», «muy decepcionado por el resultado». Es que la misma prepotencia le impidió escuchar el alerta cubano: «Se puede ser el más fuerte, pero no querido y respetado. Se puede imponer el poderío, pero no tener autoridad moral ante los demás».
Hoy los pulpos de la información (¿o desinformación?) no tendrán otra alternativa que notificar de la humillante derrota yanqui en Ginebra y hasta los medios de desinformación vernáculos tendrán que dedicarle algunas líneas a la noticia. Hoy, también andarán buscando las razones de lo «inconcebible» lo que servirá al menos para que el mundo se entere (aunque siempre estuvieron enterados los gobiernos obsecuentes que acompañaron al infame) de que los autotitulados «paladines» y «líderes» de la defensa de los derechos humanos en el mundo son los principales violadores de esos mismos derechos y que por ello no pueden ratificar la «Convención de los Derechos del Niño», ni el «Estatuto de Roma» para la creación de un tribunal penal internacional, ni la convención para la eliminación de las minas antipersonales, ni el protocolo de Kyoto para la disminución de la emisión de gases contaminantes, ni se han comprometido para que todo habitante del planeta tenga una vivienda digna y decorosa, ni condenan las matanzas de palestinos por Israel, ni apoyan, defendiendo los intereses de las transnacionales de la medicina, la lucha contra el sida.
Que se oponen a la convención sobre personas desaparecidas, que nombran a un oscuro diplomático con un no menos oscuro pasado vinculado a la violación de los derechos humanos como su representante ante la ONU, y que actualmente desencadenan una nueva «guerra fría» y dan inicio a una nueva carrera armamentista con su anunciado «escudo antimisiles» (por solo citar algunos ejemplos). También hoy más de uno anda por el mundo tratando de ocultar su vergüenza por haber seguido al rechazado de Ginebra. Según el grado de sumisión, algunos la tratan de ocultar anunciando el éxito de negociaciones que culminan con la venta de aguacates (paltas) a los EEUU, otros rasgándose las vestiduras declarando la independencia de su gobierno, aún otros haciendo mutis y escudándose detrás de superministros de economía, y no falta quien haya logrado esconder la infamia detrás de la fiebre aftosa.
Pero como la prepotencia obnubila la razón, no faltan tampoco hoy los que no aprenden las lecciones de la historia. Llegan entonces también con las noticias del fracaso yanqui en Ginebra, declaraciones de legisladores norteamericanos (que casualidad, de los antipatria de la mafia de Miami) que acusan a la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra de ser «un club de tiranías» y que hasta amenazan al organismo internacional recomendándole al Congreso de los Estados Unidos que «tome nota de lo que realmente está sucediendo en Naciones Unidas» porque la votación que excluyó a los EEUU «socava la integridad y legitimidad del sistema» (hasta ahora su estupidez no los ha llevado a afirmar que todo se trata de una «conjura castrista») ¡Qué ignorancia la de los señores gobernantes norteamericanos!
Ayer, en Quebec, el presidente norteamericano tuvo que «inventar» una cita de José Martí para fundamentar su discurso. Hoy, los señores legisladores de EEUU parecen desconocer el pensamiento de otro gran patriota, esta vez de uno de los grandes próceres norteamericanos: «Se puede engañar a una parte del pueblo todo el tiempo, se puede engañar a todo el pueblo una parte del tiempo, pero lo que no se puede es engañar a todo el pueblo todo el tiempo». Sería bueno que, alguna vez, aprendieran algo de los grandes hombres de la historia.
* Cubano, profesor universitario
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