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El nordeste del departamento supo ser una zona fabril y rural a la vez. Innumerables industrias y muchas chacras están hoy abandonadas por obra y gracia del modelo económico perverso que nos agobia.

Ante la pasividad de las autoridades, un grupo de vecinos de la zona, con el asesoramiento de la IMM, ha elaborado un ambicioso plan para revitalizar la zona. Como sus propulsores lo expresan, «no se trata de ofrecer empleos; lo que se pretende es habilitar las herramientas necesarias para autogenerar ocupación en la zona, para que la propia gente pueda producir sus fuentes de trabajo.»

Así, por medio del fomento de cooperativas de producción y de consumo, y de otros emprendimientos comunitarios autogestionados, la posibilidad de que la zona recobre su vieja pujanza productiva puede dejar de ser una utopía.

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