¿Quién paga la Seguridad Social?
Es habitual escuchar a distintos gobernantes (ministros, parlamentarios, directores del BPS) refiriéndose a los altos aportes que realiza el Estado para el servicio de los distintos beneficios amparados bajo el nombre genérico de seguridad social. Allí están incluidos los pagos de jubilaciones, pensiones de distinto signo, asignaciones familiares y seguros, de paro, enfermedad, maternidad, además de otros beneficios como el subsidio por fallecimiento.
El razonamiento habitual de los gobernantes, podría resumirse en algo así como «!Qué lo tiró! ¡Qué cara nos sale la seguridad social!». Y a partir de allí, vale todo para intentar recortes, prohibiciones, sanciones, eliminaciones de nómina o lo que venga.
Curiosamente no se aplica un criterio tan estricto para inspeccionar evasiones de aportes por distintas vías, desde la subdeclaración hasta el no pago, liso y llano.
Ahora bien: Lo que se pasa por alto es quien aporta de manera genuina para hacer frente a todos los pagos que realiza la seguridad social, ya sea a través del BPS, como de los servicios de retiros de las fuerzas armadas y la policía.
Yo se lo digo: se financia con el aporte de los trabajadores y el del conjunto de la sociedad.
Los primeros, porque no cobran a fin de quincena o de mes lo que está establecido en el contrato de trabajo o laudo, sino una partida menor, luego que se hacen todas las deducciones de aportes e impuesto a la renta.
El resto de la sociedad pone lo que falta por la vía de distintos impuestos que recauda el gobierno central.
Usted me va a decir que falta el aporte patronal, es decir, lo que ponen los patrones. Y yo le respondo que no existe el aporte patronal, dado que, si bien se calcula como tal, se lo considera como parte integrante del costo y, por lo tanto, se traslada a los precios; no lo soportan los patrones de su bolsillo. Por lo tanto, lo paga usted en cada oportunidad que realiza una compra.
Y esto viene a cuento porque actualmente se está hablando de la desaparición o disminución de los aportes patronales, los que serán sustituidos por un impuesto parecido al IVA calculado a una tasa del tres por ciento.
Si eso se aprueba, cambiará el collar, aunque no el perro. Porque quiero suponer que junto con la rebaja de los aportes se producirá una disminución de los precios y tarifas que pagamos todos, para volver luego al precio anterior, una vez que se adicione el impuesto.
Lo que estará ocurriendo en este caso, será un cambio en la base de cálculo para saber lo que se debe volcar a la seguridad social. Ya no se calculará un porcentaje sobre los salarios nominales, sino que será un impuesto a las transacciones. Y nada más.
Estos cambios de la base de cálculo de la aportación pueden ser utilizados por las autoridades para fomentar las exportaciones haciéndolas más competitivas, por ejemplo, o estimulando el consumo de bienes nacionales que sufren la competencia desleal de los importados. Por lo tanto, puede ser un instrumento redistribuidor de ingresos importante.
Y no me tilde de iluso. Porque no quiero pensar siquiera que los precios suban como consecuencia del nuevo impuesto. Porque, en ese caso, habrá un cambio en la base de cálculo, pero en beneficio directo de los fabricantes e importadores
* Militante del Frente Amplio
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