Aftosa: la hora de la sociedad

Marcelo Jorge Filomeno

 

Finalmente las agrupaciones rurales de los departamentos primeramente afectados, Soriano y Colonia, a las que sumarán rápidamente las del resto del país, apoyadas por todos los sectores sociales, han levantado su voz exigiendo al gobierno el cese indiscriminado del rifle sanitario y el comienzo de la vacunación masiva. En Soriano, sendas asambleas multitudinarias en la Asociación Rural y en la Asociación Agropecuaria de Dolores, así lo determinaron. En la última, ante la evidencia de la epidemia y la explicitación del drama de quienes –así lo oímos– prefieren sucumbir ellos ante el rifle y no ver morir el esfuerzo de años, y quizás generaciones, sin discordancias se instrumentaron rápidamente las medidas de lucha para intentar incidir en la decisión política que, a esta altura, aparenta más un capricho dogmático que una verdadera preocupación por el país y su gente.

Parecería que el presidente Batlle espera que los técnicos saquen de la galera una evaluación de la situación que se compadezca con su decisión política –de él, aun cuando compartida e instrumentada por el ministro «fusible»–, en desesperado intento de compatibilizar subjetivismo con realidad, a la vista de que ya el viernes 27 una gremial de veterinarios declaraba que se había producido la evolución de los focos hacia la epidemia. La gente aquí, seriamente, sin desplantes ni radicalismos inconducentes, sin acusaciones ni estridencias, organizó la resistencia a la metodología que el gobierno, a través del ministerio, se empeña en continuar aplicando. Es que ha calado hondo la convicción de que está en juego la supervivencia, no sólo de los animales, sino también y fundamentalmente la de nosotros, y a continuación la del país.

No queremos el destino de Haití, al tenor de comparación irresponsable. De los delirios de integrarnos al primer mundo, en base a las políticas económicas aplicadas en los últimos años, hasta esta posibilidad actual de quedar en línea con esos desgraciados países, hay una brecha enorme que la intransigencia dogmática y casi novelera de los responsables políticos impide cerrar.

Sin quererlo, la sociedad, en este caso, comenzó a gestionar la situación, sin desconocer a las autoridades legítimamente instaladas, pero reconociendo de hecho que «la soberanía en toda su plenitud existe radicalmente en la Nación… «. Más aun, las movilizaciones y medidas tomadas por los productores, apoyados por el resto de la sociedad, ayudan también a la máxima autoridad de la República a dar los pasos en el sentido querido por las mayorías, esas mismas mayorías que lo eligieron para conducir los destinos del país.

* Escribano

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