De los bolazos a los balazos

José Luis Veiga

No estoy muy afecto a escribir en estos tiempos pero ante ciertos acontecimientos no resisto la tentación de realizar algunos comentarios.

El 27 de marzo pasado Rodolfo Nin advirtió que era imprescindible tener un plan alternativo al oficial, en previsión de que una epidemia aftósica asolara el país. Recibió aprobaciones de algún sector de la sociedad vinculados a la producción agropecuaria y desde el ámbito político, a excepción del Encuentro Progresista, silencio y reprobaciones; hasta un distinguido senador lo tildó de ignorante.

Pero la catástrofe se produjo y si naturalmente ello nos duele a todos por su impacto y consecuencias, cuando hoy Nin llama a que el ministro se responsabilice y actúe en consecuencia, lo hace ejerciendo un derecho y un deber. Aquí no están en juego ni las buenas intenciones del Sr. ministro ni su capacidad técnica, pero como responsable de la política agropecuaria del Poder Ejecutivo no supo, o no pudo, prevenir el desastre. Y a no exagerar, cuando una política económica fracasa y se cambia, ¿no es normal que el ministro respectivo se vaya?

Por cierto que las responsabilidades no son solamente suyas. ¡Qué bueno sería que en su campaña por la transparencia el Dr. Batlle reconociera que también se equivocó! ¿O acaso no fue puro voluntarismo pregonar que el Uruguay sería capaz de salvarse solo, en medio de una región inundada por el flagelo? ¿Es recién ahora que descubre el Sr. Presidente que hasta el viento desparrama la «bacteria»(?!), él siempre tan sabio, cuando durante meses nos aseguró que poniendo latitas con desinfectantes en las fronteras evitaríamos el ingreso de la aftosa?

¡Y ahora nos dicen con cara adusta y voz compungida que estamos en guerra contra un enemigo invisible! ¿Qué le pasa a un general cuando así se prepara para una guerra?

Pero quizás no todo fue voluntarismo; porque ¿cuánto incidió en esta estrategia antiaftósica la desesperación por dirigir nuestra política comercial hacia el ALCA o bilateral con Estados Unidos? ¿Dónde quedan los sueños imposibles de tener 7.000 freezer con chorizos uruguayos en los coquetos minimarquet norteamericanos?

¡Y no nos hablen ahora de políticas de Estado!, que éstas se impulsan con el acuerdo de todos y con líneas permanentes y coherentes, a la inversa del Dr. Batlle que un día nos convoca a presionar en las embajadas europeas para que eliminen los subsidios, que bien utiliza el primer mundo para proteger sus economías, y así venderles nuestra carne y al otro día nos estimula a enviar embajadores que desembarquen en EEUU para convencer a los sindicalistas y políticos norteamericanos que también protegen y subsidian a que apoyen al presidente Bush y se abracen con nosotros emocionados y fraternos en un mercado ¡común y libre!

No olvidemos que tampoco es voluntarismo el desmantelamiento de sectores del Estado que deberían estar presentes y preparados para prever, evitar y controlar estas situaciones. ¿Cuánto contribuye al caos de estas horas el desguace del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, la minimización de su servicio de vigilancia epidemiológica, la renuncia del año 95 al 99 del 23 % de sus técnicos? Es interesante recordar la premonición del sindicato al expresar el 19-6-2000 en una comisión de la Cámara de Diputados: «Estamos en los albores de perder mercados por haber apostado a una política que priorizó la actividad privada, jugándose al autocontrol y retaceó recursos hasta suprimir la capacidad efectiva de la acción estatal». ¡Vaya con los trabajadores, tantas veces subestimados y denostados, contribuyendo con sus conocimientos y preocupaciones al conjunto de la sociedad!

Sin duda, el Poder Ejecutivo tiene tremendas responsabilidades por lo ocurrido. ¡Y cuidado! Que los costos de esta nueva crisis no deben pagarlos los productores, los obreros de los frigoríficos o los peones rurales que ni siquiera seguro de paro poseen.

Tampoco debemos confundirnos; porque ya aparecen voces y editoriales pidiendo «unidad nacional» para profundizar la política económica y social vigente que es la matriz causante de todos estos acontecimientos.

Que la gente está cansada que ciertos sectores de poder, los mismos que fundieron bancos pero dejaron intactos a los banqueros y que liquidaron empresas y preservaron el auge de sus empresarios son también quienes ahora, con cautela y disimulo, se esfuerzan por mantener privilegios sin preocuparle la suerte del Uruguay y su pueblo.

* Dirigente Alianza Progresista   738 EP-FA

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