Leandro Gómez no descansa en paz
Unos días antes del balotaje de 2009 en Uruguay, fueron robados del mausoleo donde yacían en Paysandú, los restos del General Leandro Gómez recordado por su liderazgo en la defensa histórica de la ciudad por eso llamada «heroica» donde luego de resistir un mes el sitio en inferioridad de condiciones, fuera fusilado sumariamente junto a varios de sus oficiales destacados en valor y sacrificio, bravos guerreros contra la infamia de quienes, aliados con los brasileros, afrentaron nuestra nación en 1865.
Entre los posibles motivos del hurto de los restos mortuorios del ilustre; hoy en manos de la Justicia penal merced a la investigación y accionar del Dr. Federico Fasano Director de LA REPUBLICA y sus periodistas; se habló de un intento de desmerecer a la administración municipal del momento, pasando a un segundo plano luego el delictivo suceso y sus connotaciones eventualmente políticas, debido a las grandes inundaciones.
El hecho, grave en sí mismo y peor por ultrajar a un personaje de propiedad pública, habla de los desvalores que anidan en ciertos individuos, dispuestos a profanar la integridad moral y material de personalidades u objetos emblemáticos, documentos sagrados de nuestra historia originaria.
Un acto de violencia, inhumanidad y vilipendio, que ofende ámbitos de espiritualidad universal y sentimientos colectivos de dignidad institucional ciudadana.
Se cumplirán doscientos años del nacimiento del valiente General Gómez el dos de enero del 2011 y al parecer no terminan las antojadizas manipulaciones. Movido de acá para allá en varias oportunidades por diversas causas, ahora además ha sido depredado, acentuando los aires de misterio que rodean después de su fallecimiento a este admirador de Artigas, hito del pasado común a todos los uruguayos, asesinado defendiendo el suelo oriental por encima de banderas políticas. La gesta de Leandro revive en medio de las bajezas humanas incluso cuando pretenden usarlo con fines mezquinos.
El mensaje es valores.
Los que no tuvieron sus verdugos y los que tampoco tienen los ladrones actuales y sus cómplices.
Amor y lealtad por lo nuestro, compañerismo, sinceridad, valentía, honradez, independencia, solidaridad.
Un país que se precie de tal debe mantener saludables los símbolos que sustentan virtudes, no en categoría de vacíos rituales desprovistos de sentido, sino plenos de contenido humano, resignificados en acciones diarias y comprobables. Porque son clásicos, imperecibles y absolutamente vigentes para cualquier pueblo libre, democrático e integrado, orgulloso de su identidad nacional.
Eso predicó Leandro Gómez con su vida y con su muerte como uno de los faros de la huella vernácula. Estamos a tiempo de interpretarlo ya que nos sigue hablando, aunque el tema venga al tapete por una actitud miserable como la de los protagonistas del robo en Paysandú.
Lo importante será rendir honores permanentes a la causa noble haciéndola realidad en las pequeñas cosas, imitar los méritos de éste como de muchos hombres y mujeres cuyo grado de entrega debiera reproducirse en los más incipientes gestos de convivencia, venciendo al estereotipo sin alma y cosechando lo mejor de la siembra que otros plantaron.
Los visionarios, los preclaros, muchas veces incomprendidos en su época, no sufrieron en vano si sabemos continuar su pensamiento.
Es interés de todas y todos indagar qué pasó con estas cuestiones materiales que representan ideales compartidos.
Restos hoy, y enseñanzas de buenas conductas siempre.
Nos pertenece esa historia. Somos propietarios en tanto uruguayos y así como buscamos saber qué pasó con los desparecidos en dictadura, igual impronta nos debe guiar para defender a nuestros antiguos héroes. Personas reales transformadas en mitos de los que se habla en los libros con nombre y apellido junto a los anónimos indígenas y africanos, codo a codo batallando en las luchas emancipadoras, muriendo para que otros viviéramos.
Firmeza y compromiso públicos es la respuesta. Por las y los asesinados sin juicio es obligación moral buscar cualquier resquicio que nos conduzca a la verdad y a la justicia y nunca permitir que se pierda la memoria.
En nuestras acciones late la llama que mantendrá vivos los valores de libertad e igualdad por los que ofrendaron sus vidas tantos líderes orientales y orientadores como el general Leandro Gómez.
Felicitaciones a quienes brindan ejemplo movilizados por saber.
No es mera curiosidad.
Es patria.
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