Democratización partidaria

En otro artículo hace un par de semanas opiné discrepar con intentos de aristocratizar -por algunos- al Partido blanco. El libertador Manuel Oribe quiso y fundó una colectividad abierta al pueblo nacionalista. Eran los blancos con su paisanaje artiguista, federal, y de extracción rural mayoritariamente, que lo acompañó y luchó a su lado por esas ideas. En carta a su amigo el Cr. Quinteros, Oribe le decía: «tenemos que organizar un partido nacional, para tener informado al pueblo, sobre que opinar y enterarse sobre lo que se hace (1852) en el Gobierno. O sea, hacer reuniones del Honorable donde sólo entran «electos y amigos» de mayor confianza, y los demás dirigentes deben esperar afuera para saber lo que los «genios» opinan sobre sus propios errores que les valió ser denostados electoralmente por «soberbios». Me hace acordar a los viejos doctores (espiritualmente son los mismos), que se oponían a Saravia a su pedido al Directorio de la época, a hacer la revolución. Al respecto hay una anécdota de la reunión donde formaliza el pedido cuando desfilaba casualmente el ejército gubernamental colorado con bombos y fanfarrias. Cuentan que el Dr. Golfarini enojado se puso de pie y abriendo las hojas de las ventanas le espeto al caudillo: «véalo General, ahí los tiene, ese es el ejército que usted quiere enfrentar sin armas ni medios». Aparicio se puso de pie y se arrimó a la ventana y poniéndose ya el poncho: «sabe doctor. que tiene razón, no podemos, tienen banda de música…» En la mañana siguiente, el negro Camundá tocaba su emblemático clarín y el Águila del Cordobés ganó la Revolución. Después del triunfo los doctores de «levita» se peleaban por los «carguetes». Los órganos partidarios eran abiertos como convenciones asambleas «estratégicas» u honorables donde la ciudadanía blanca opinaba y si les daban los «redaños» los ponían encima de la mesa y había que escucharlos. Queda un gusto amargo en la boca cuando se ve reuniones en lujosas chacras (Los Teros) cercadas a cal y canto, con candados se me cuenta, para el dialogo de 65 o 70 ciudadanos comunes pero «selectos», mientras el pueblo quedaba afuera de la alambrada. O sea, la montaña había parido un ratón…! A penas trascendió como originalidades, parecería, el repensar el aborto y flexibilizar el matrimonio «gay». Los blancos de a pie que no tenemos auto (yo sólo tengo un bastón sin rueditas…) modestamente aconsejaríamos en lugar de aristocráticas reuniones, que salgan a trillar las calles particularmente de Montevideo casa a casa y rancho a rancho solucionando la problemática social y aunque falten cinco años para la batalla próxima, la lucha es de todos los días. El pueblo tiene memoria y recuerda quien es el que sirve y los que se pasan de viaje en viaje, subiendo y bajando aviones. No se hace patria ni se prestigia al partido en bufetes doctorales ni en lujosos salones de diarios cagancheros maquinando como fundirse con tradicionales enemigos viscerales colorados a nosotros los blancos tan diametralmente opuestos a semejantes devaneos. Por más que se inventen tesis de «familias ideológicas» como ideas de viejos dirigentes perimidos, que quieran reflotar, o de más nuevas figuritas esgrimiendo sutilmente también añosos apellidos cuya sola mención causa el pánico. Y por si fuese poco nos odian con pasión y frenesí. Leí también, bueno es señalarlo, un artículo periodístico de mi amigo el caudillo Larrañaga, a mi gusto elogiable, coincidiendo en muchos de estos conceptos. El mismo me aseguró, no aceptar ninguna conmixtión o matrimonio con los «salvajes». Buena gaucho! No es poca cosa salvar la pureza del partido para los auténticos nacionalistas! No se puede tranzar con los salvajes colorados en lo interno, vendidos de siempre a intereses banqueros foráneos, ni en lo internacional con imperialismos llámense los Obama o los Bush como los Aznar o los Rajoy enemigos también viscerales de las patrias débiles solidarizándose con guerras de exterminio por el petróleo del Golfo Pérsico. Los blancos fuimos los únicos que se expidieron por escrito, en un manifiesto por ese crimen contra el sufrido pueblo palestino. Por todo esto, es que somos nacionalistas. Tanto en defensa de nuestro Uruguay como de los vascos que luchan por su independencia y soberanía o de cualquier otra patria chica contra los imperios globalizantes imperialistas. Queremos como dijo Larrañaga en el mencionado artículo ser participativos priorizando a la gente, representando sus inquietudes en forma igualitaria y solidaria. Siempre en asambleas abiertas, fieles a los mandatos del pueblo libre que se opone a ser excluido de salones elitistas de presuntos intelectualoides que jamás se perdieron una siesta por nuestro partido ni por la patria misma. Los blancos no somos una colectividad de serviles ni de alcahuetes obsecuentes. El partido es de todos y no de ocho o diez familias que parecen pensar en ser dueñas de vidas y haciendas, por más prosapias que tengan o cargos que ocasionalmente puedan ocupar.

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