El 7 de setiembre, el día de la decisión
A partir del 7 de setiembre, el Consejo de Seguridad de la ONU analizará si Irán ha detenido su programa nuclear. Si conforme a la letra de la última resolución de ese organismo internacional, Estados Unidos o Israel intentan inspeccionar un mercante iraní en aguas internacionales, tendrán que usar la fuerza. Es el punto donde nos encontramos en estos momentos, sin duda, inciertos.
Quien haya leído cuidadosamente el importante artículo de Jeffrey Goldberg que fue publicado bajo el título de «El punto tras el que no hay vuelta atrás» en la revista The Atlantic, sabe lo que significa esta contradicción milenaria y casi insoluble entre ambos países, nada menos que en la era nuclear.
Esta cruz de los caminos se produce en el momento en que Irán se dispone a inaugurar su primera planta eléctrica en la sureña localidad de Bushehr.
El anuncio de la República Islámica ocurrió en medio de un ambiente de incertidumbre y especulaciones sobre una posible agresión militar estadounidense e israelí, precisamente para intentar frenar el programa atómico que Teherán asegura tiene fines pacíficos.
La preocupación sobre el 7 de setiembre ha sido una constante del «resucitado» Fidel Castro, líder histórico de la Revolución Cubana y de los pueblos latinoamericanos, quien ha puesto todas sus menguadas energías físicas en intentar convencer al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de que no precipite una guerra nuclear.
Los gobiernos de América Latina deben pronunciarse respecto al peligro nuclear inminente. Brasil tiene muy buenas relaciones con los EEUU. Esa nación junto con Turquía presentaron soluciones prácticas y concretas al problema del desarrollo pacífico nuclear iraní; esas dos naciones deben retomar la iniciativa y presionar a Obama para que no tome la decisión.
La ALBA, Unasur, el Parlamento Andino, Mercosur, el Grupo de Río, el Parlamento Latinoamericano, la Unión de Países Centroamericano, la Unión de Países del Caribe, todos deben, al unísono o por separado, hablar con el presidente norteamericano y persuadirlo de que no cometa tamaño error.
La lucha por la paz en nuestro país es parte de la consolidación, la profundización y el avance en democracia, impregnada de un profundo sentido republicano y pacifista.
Es hora de que el sistema político – el Poder Ejecutivo y el Parlamento- así como el movimiento social, los sectores del sindicalismo, la cultura, la Universidad de la República, las iglesias, los sectores de la empresa, se manifiesten en procura de conservar la paz mundial y así aventar el peligro de la utilización de las armas atómicas.
Desde la misma forma que somos vanguardia en la lucha contra el tabaquismo, tenemos que estar en la primera fila, junto a otros países, pueblos y gobiernos, para que haya una salida negociada entre Estados Unidos e Irán.
No vaya a ocurrir que Fidel, el viejo zorro del Caribe, cansado pero lúcido, termine teniendo razón y un día no nos levantemos sabiendo que se desató la confrontación atómica. Lo que será, seguramente, demasiado tarde.
El próximo martes, será la hora de la verdad. Obama tiene en sus manos el destino de la Humanidad. Los dioses y los que no son dioses quieran que tenga los oídos necesarios y la sensibilidad suficiente para estar a la altura de la historia. Condiciones personales tiene, pero la historia de su país es otra.
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