Puente Buenos Aires-Colonia
No es un logro desdeñable del gobierno, la mejoría de nuestras relaciones con Argentina, una vez rubricado el acuerdo que sin perjuicio de algunos reparos- pone fin al diferendo suscitado por la instalación de la planta de Botnia. Es verdad que no cesa la agitación de los ambientalistas de Gualeguaychú, pero como no dudo de que el gobierno argentino, al igual que el uruguayo, habrá de cumplir lo convenido, cabe esperar el futuro con cauteloso optimismo.-
En ese contexto, es comprensible las expectativas de la Cancillería para retomar, al cabo de estos años, una serie de temas trascendentes para el Uruguay. Informaciones de prensa indican que se ha confeccionado una extensa lista de asuntos a abordar. Entre ellos debe incluirse el puente Buenos Aires-Colonia, como un desafío impuesto por el mundo moderno. En efecto, ya no tiene sentido el concepto de Uruguay como «Estado tapón» entre nuestros dos vecinos, mientras que intentar posicionarnos como Estado clave para la integración regional, no es, a mi juicio, una utopía. Coadyuvan para el reflotamiento del tema, varios factores vinculados al desarrollo económico:- El puente significa un ahorro de más de 200 kmts., en comparación con la carretera que a través de Uruguayana y Paso de los Libres, vincula los polos agroindustriales de Brasil y Argentina, y al mismo tiempo mantiene las características propias del transporte terrestre. Además, y a vuelo de pájaro, sería una opción confortable para hacer turismo en Uruguay, significaría un gran impacto inversor en el departamento de Colonia, crearía fuentes de trabajo directas e indirectas (el Tratado establece que en la medida de lo posible se asegurará tanto en la construcción, como en el funcionamiento y mantenimiento, una distribución similar de mano de obra entre ambas Partes Contratantes, lo que significa sólo durante la construcción, la creación de aproximadamente 3.000 puestos de trabajo) y, por fin, generaría la creación de nuevas agroindustrias, tal como fué previsto en los estudios de ordenamiento territorial, principalmente en el departamento de Colonia.-
Al plantear la consideración del tema no partimos de fojas cero sino que hay una historia de por medio cuya primer etapa se inició hace casi veinticinco años cuando, restablecida la democracia, se instaló una Comisión binacional para negociar un Tratado para la construcción del puente por el régimen de concesión deobra pública. La tarea inicial de la Comisión consistió en recabar una extensa serie de estudios técnicos. Me atrevo a afirmar que, aunque estamos muy lejos de la colocación de la primer piedra, debe ser, a esta altura, la obra precedida por la mayor cantidad y variedad de estudios en la historia de ambos países lo cual, dicho sea de paso, avala la seriedad con que se encaró el proyecto. Al cabo de varios años se firmó un Tratado de 35 disposiciones, la mayor parte de las cuales le confieren el carácter de un acuerdo marco al que se dotaría de contenido en etapas subsiguientes.-
Una vez suscrito, el Tratado entró al Parlamento para su ratificación. En ocasión de la visita del Presidente Menem al Palacio Legislativo, se le preguntó informalmente por la ratificación del mismo por parte del Senado argentino. Manifestó que se allanarían las dificultades si antes lo ratificaba el Senado uruguayo, porque en su país sostenían que el puente beneficiaría más a nuestro país. Una vez que lo ratificáramos, agregó, Argentina haría lo propio, dando a entender o así lo entendimos algunos- que él contaba con los apoyos políticos que fueren necesarios a tal fin.-
En aquellos años funcionaba en Buenos Aires un grupo muy activo que hacía lobby contra la ratificación del Tratado, y entre nosotros el Frente Amplio y algunos legisladores del Partido Nacional, estaban alineados en la misma postura contrariaestaban alineadposnacionalistas se oponían a la ratificación.. Las razones que se esgrimían eran de variada índole:- El régimen de concesión de obra pública previsto para la construcción, la viabilidad financiera (aunque en un llamado a expresiones de interés, se presentó la flor y nata de las empresas internacionales con antecedentes en este tipo de obra a las cuales, además, se les exigiría, según el Tratado, las adecuadas garantías), el impacto ambiental (se hicieron dos estudios completos:- a nivel de todo el país, y de la zona de influencia directa que relativizaban dicho impacto el cual, además, debería ser analizado, según nuestro ordenamiento jurídico, en una etapa muy posterior), y así sucesivamente. Es así que recién a fines de 1998, se logró la ratificación del Senado uruguayo, pero la presidencia de Menem ya estaba en sus postrimerías, y todo quedó parado. Si en cambio, Argentina hubiera ratificado el Tratado, se habrían se intercambiado los instrumentos de ratificación, con lo cual recién se hubiera completado la primer etapa.-
En este escenario hipotético, la segunda etapa habría consistido, esquemáticamente, en el llamado a licitación de la obra y su eventual adjudicación. Como se comprenderá una etapa muy compleja y sensible que a su vez estaría seguida por la firma del contrato de concesión entre el adjudicatario y la Comisión Binacional prevista en el Tratado y, por fin, el inicio de las obras.-
Es una larga historia, pero quizás la actual coyuntura de las relaciones entre ambos países, parece propicia para retomar el proceso en el punto en el cual se interrumpió y avanzar en la implementación de una obra que contribuiría a la consolidación de un Uruguay inserto en el mundo global.
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