EDITORIAL

Los 33 chilenos y un vino por ellos

La tragedia de los 33 chilenos atrapados a 700 metros en la mina San José, como no podía ser de otra manera se ha transformado en una noticia mundial y en la inquietud de millones de seres humanos.

Hoy la Humanidad tiene en ese punto geográfico a una ínfima parte de su población bajo tierra y esperando que se los pueda rescatar. Todo indica que si no hay un accidente, antes de fin de año podrán estar otra vez sobre la superficie para abrazarse con sus familias.

La estupidez periodística, una estupidez que no es solo de los escribas como nosotros, puede llevar a que toda esta situación dramática se transforme en un escenario frívolo, donde la morbosidad y la tontería sean el factor fundamental.

Ahora algunos medios de comunicación ponen el acento en que algunos de los mineros reclaman alcohol, para poder sortear las horas. » Antes que la ropa térmica o los calcetines de fibra de cobre que impedirán la llegada de hongos, antes que los vídeos con películas y partidos de fútbol y antes que las luces ambientales que les harán simular una rutina de día y otra de noche, varios de los 33 preferirían calmar la ansiedad con una botella», dicen algunas de las agencias internacionales.

Por encima de que ese reclamo puede ser así ­ hasta los más ricos empresarios y gobernantes calman sus angustias con un vaso de vino y más si es chileno- , se trata de saber que los que están bajo tierra son seres humanos, con defectos y virtudes como las que tenemos todos.

Ha sido inteligente la actitud de las autoridades de la Salud de Chile en proporcionarles vitamina B y ácido fólico, con el objetivo de calmar su ansiedad y posibles dependencias.

Pero lo que se ha ocultado hasta la fecha es que haya seres humanos que en la primera década del siglo XXI tengan que ganarse su alimentación y la de su familia, bajo tierra. Hasta ahora nadie ­ o muy pocos ­ han elevado la voz para denunciar que esta lucha por la producción de minerales siga existiendo, cuando el hombre es capaz de llegar a La Luna y conocer el mapa genético.

Es verdad que lo primero que nos debe preocupar a todos es salvar la vida de los 33 chilenos, pero esa prioridad no impide que en forma paralela haya una gran investigación para saber en qué condiciones se sigue realizando en el mundo el trabajo minero.

No se puede ocultar que debajo de la tierra se produce la mayor explotación del trabajo de los hombres ­ también una de las mayores riquezas- , en condiciones verdaderamente inhumanas. Pero de eso no se habla, se acepta como una realidad, como algo que no se puede cambiar, que hay que aceptar.

Quizás algún día, seguramente lejano, podamos todos tomar un vino porque se terminó el trabajo minero tal como lo conocemos hoy. Quizás. No perdamos la utopía. De ninguna manera.

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