Tabaco y gobierno

Un nuevo enfoque de un tema tradicional, y una nueva forma de plantearlo puede llevar a Uruguay ante los Tribunales y opinión pública internacionales.

El consumo de tabaco, iniciado en América precolombina, se difundió en todo el mundo, y siempre ha generado discusiones más o menos acaloradas sobre su conveniencia. La gente fuma en general porque ve en el tabaco un tranquilizante suave, disminuye el apetito, y genera un cierto placer. Recientemente un estudio del profesor Dirk Taubert y sus colegas del Hospital Universitario de Colonia (Alemania) publicado en Archives of Internal Medicine, señala una cierta influencia beneficiosa en la prevención del Parkinsons entre los fumadores, pero puede no ser fiable, es poco conocido y en todo caso no influye significativa en la decisión de los consumidores de tabaco.

Por otro lado, parece haber evidencias claras que el hábito de fumar pasados ciertos niveles disminuye la expectativa de vida de los fumadores hasta en 10 años. Influye en forma negativa en la presión arterial disminuyendo el oxígeno que metaboliza el organismo, también en la salud pulmonar y en las posibilidades concretas de enfermar de cáncer (aunque hay muchas personas que mueren de cáncer al pulmón sin que nunca hayan probado un cigarrillo). Todos estos hechos son objeto de decisiones de los consumidores, como todos los consumidores de productos no saludables como los chorizos (colesterol y presión); morcillas y asado, sino fuera por un detalle: el tabaco es una de las drogas más adictivas que se conocen, en base a un alcaloide llamado nicotina, que es un veneno que ha sido (y es) usado como insecticida.

Como muchas personas inician su hábito siendo menores de edad, pueden tener dificultades para abandonarlo. La nicotina tiene un síndrome de abstinencia muy fuerte aunque breve (unos 10 días) pero permanecen hábitos sicológicos durante años. El tema además se complica, ya que existieron intentos de obtener hoja de tabaco sin nicotina por medio de cruzas selectivas y manipulación genética, los cuales fueron torpedeados por las grandes empresas productoras, que incluso llegaron a enriquecer cigarrillos con nicotina para asegurarse su clientela.

Hace ya muchos años que se vienen presentado ante la Justicia, sobre todo en los Estados Unidos, demandas contra las tabacaleras, al punto de que es una especialidad particular que se forma en las facultades de derecho de ese país, el de la litigación antitabaco.

Como la mayoría de las decisiones en esta materia la toman jurados populares, los juicios han tenidos mucha notoriedad y han implantado condenas millonarias a las empresas.

Una novela famosa de Grisham, trata un caso de litigación antitabaco: Runaway Jury, traducida al español con el título de El Jurado.

De la misma se hizo una película que tuvo muy buena taquilla. Si bien la novela es extensa y compleja, la institución del jurado sale muy bien representada, y en definitiva triunfa la justicia con enormes indemnizaciones que deben pagar las empresas del sector.

Claro que los argumentos que se manejan en una sala de audiencias de jurado popular no son los mismos de los corredores de los ministerios y las cosas quedan un poco al revés.

Los jurados piensan que los consumidores no son idiotas, y que tienen el derecho a consumir lo que se les ocurra con tal de que estén informados. De allí surge la necesidad de estampar advertencias en la cajilla, las cuales son una salvaguarda de los productores, y un medio de conocimiento del consumidor.

Se quedaría todo el mundo estupefacto de la reciente discusión que se está dando en Uruguay sobre el porcentaje que debe ocupar esa advertencia en el envase. El problema es que el consumidor esté informado adecuadamente que el producto que piensa consumir puede ser dañino para la salud y no parece que sea necesario que la totalidad de la cajilla esté revestida de argumentos de estilo publicitario antitabaco.

Además debería revisarse el contenido de la advertencia, que parece dirigida a idiotas. Podría aprovecharse ese espacio para poner más estadística, y opiniones de científicos que lo conviertan en definitiva en algo más convincente.

Uruguay ha entrado en un tema sanitario, pero sobre todo jurídico, quizás sin suficiente preparación, pero con muy buenas intenciones.

Las multinacionales tabacaleras, no son exactamente el tipo empresarial del Siglo XXI, pero no debe olvidarse que en el tema, es una figura importante el humilde consumidor adulto de tabaco, si está debidamente informado del producto que está consumiendo, tiene el derecho a ser respetado y tratado en un plano de igualdad, exactamente como todas las personas.

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