La hora de la diplomacia
En estas horas en Quito, con la reunión de cancilleres, la Unasur se juega la gran parada en momentos que hay múltiples reuniones y contactos para que Venezuela y Colombia restablezcan sus relaciones diplomáticas y así se confirme la paz regional.
De fracasar los intentos pacificadores de la Unasur, América Latina estaría demostrando que no es capaz de resolver las contradicciones internas con sus propias fuerzas y sin la presencia de Estados Unidos, que está esperando el fracaso para que fuerzas reaccionarias y conservadoras lo vayan a buscar.
Por el momento Washington se desmarcó del conflicto. El portavoz del Departamento de Estado, Ian Kelly, dijo que «no es realmente un asunto de Estados Unidos». «Nosotros animaríamos a los dos gobiernos (Bogotá y Caracas) a resolver esas diferencias por la vía del diálogo», agregó Kelly.
También el chileno José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de los Estados Americanos, hizo «un llamado al diálogo para que se resuelva con espíritu de conciliación y en ningún caso tomar medidas que afectarían a mucha gente».
Insulza evocó la relación económica entre Venezuela y Colombia, la más dinámica de la zona andina, con un comercio que alcanzó 7.289 millones de dólares en 2008 –de los cuales unos 6.000 millones correspondieron a exportaciones colombianas– y que genera decenas de miles de empleos.
A la vez ha surgido una nueva voz y es la del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, quien expresó su confianza en que por encima de la compleja situación se crearán las condiciones para la paz entre esas dos naciones.
«La solución a estas tensiones bajo ningún punto de vista puede ser la guerra. Terrible sería para América Latina y el Caribe una guerra en estas circunstancias», subrayó Ortega.
El presidente nicaragüense apuntó además que en varias ocasiones le manifestó al presidente Álvaro Uribe que «la solución al conflicto interno es de Colombia, que trasciende, como trascendía el conflicto en la región centroamericana, pero tenía que resolverse en primer lugar con la voluntad del pueblo colombiano».
Además, «le expresé la necesidad de buscar la paz, buscar la forma de encontrar acuerdos que le den seguridad y estabilidad a todo el pueblo colombiano, lo cual -sostuvo- va a contribuir a la paz y la estabilidad en la región».
De esta forma la pelota queda del lado de la cancha de Colombia, quien hasta la fecha no ha demostrado voluntad política para construir la paz, a pesar de que hoy presentará un proyecto que puede ser definitorio.
Si el presidente Uribe se aísla del resto de Latinoamérica y se contenta con conservar la amistad irrestricta con Estados Unidos, la región puede entrar en un panorama extremadamente peligroso. Por eso la paz sólo debe entender el leguaje de la diplomacia.
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