La ignorancia es un problema y una desgracia
El señor Suhali Hani Daher Akel, autor de una nota sobre «El ser palestino» (18.7.2010), se molesta por mi respuesta aparecida el día 21.
Sostiene que lo ofendí y lo insulté. Nada más ajeno a mi intención.
Escribí como un profesor de Historia que ha estudiado el tema desde hace mucho tiempo y que sigue con gran atención la evolución de los acontecimientos en el Cercano y Próximo Oriente. Solamente discrepé con lo que él escribió pues demostraba no saber nada sobre la historia antigua de Canaan, llamada luego por los hebreos Israel y Judá, denominada Judea por los romanos, Siria Filistina por el emperador Adriano en el año 135 de la era cristiana, luego de derrotar la insurrección judía de Bar Kojba. Los cruzados medievales la llamaron Tierra Santa pero para los turcos, que la ocuparon desde 1517 hasta 1917 (¡nada menos que 400 años!), era una pobre y lejana zona convertida en un «sandjak» poco habitado. El término geográfico Palestina recién comenzó a ser popularizado por la difusión del protestantismo, especialmente anglosajón, y el reparto masivo de Biblias impresas. Para los judíos que vivían en Jerusalén, en Hebrón, en Tiberias o en Safed y para la diáspora, fuese cual fuese el lugar donde vivían, era Eretz Israel ( la tierra de Israel).
Como profesor, con real vocación docente, egresado del IPA, no podía pasar por alto los errores y equivocaciones que figuran en el artículo. Decirle a un alumno o a una persona cualquiera que está equivocado o que no sabe, no es un insulto. Es, por el contrario, una incitación a que lea, que estudie más, que incremente sus conocimientos, que comience a interesarse por lo que aún es desconocido para él. Esa fue la intención.
Dice el articulista que estoy nervioso y soy excitable. Tiene razón porque soy amigo de la paz y contrario a la guerra. Porque soy partidario de la autodeterminación de los pueblos y del derecho de los judíos y de los árabes (musulmanes y cristianos) a poseer cada uno su Estado, compartiendo pacíficamente esa pequeña región (que no es por cierto el ombligo del mundo).
Cuando se refiere a «plumas cargadas de sangre» no puedo menos que evocar a mi joven prima, su marido y su pequeña hija de 9 años destrozados por una bomba colocada por terroristas en la plaza Sion de Jerusalén en julio de 1975. Mis tíos radicados en Uruguay nunca se recuperaron de ese brutal asesinato, uno entre los casi diarios atentados que acabaron con vidas inocentes y que hoy, afortunadamente, han casi desaparecido, neutralizados por la erección del muro entre Israel y Cisjordania.
Escribe también sobre el atentado terrorista cometido por el Irgún el 22 de julio de 1976 en el King David Hotel. Si hubiera leído algo sobre el tema, sabría que en ese momento en el Mandato Británico de Palestina (obtenido después de la Primera Guerra Mundial) se estaba desarrollando una verdadera lucha antiimperialista entre las fuerzas colonialistas del Imperio Británico y los judíos alzados en armas. ¿Por qué? Porque los británicos se negaban a permitir, después del Holocausto nazi, la entrada de 100.000 judíos sobrevivientes de la matanza. Detenían buques cargados de pasajeros judíos y los devolvían a los campos de concentración o los enviaban a nuevos campos creados en Chipre ¿Por qué? Porque el Imperio y las compañías inglesas no querían perder el petróleo ni su influencia ante los distintos gobiernos árabes, prácticamente «súbditos» de su majestad británica. Contra esta actitud se levantaron los judíos en armas. Su fuerza principal era la Haganá, dirigida por el líder laborista (socialista) David Ben Gurión. La Haganá atacaba objetivos militares ingleses. En cambio, existían otros grupos paramilitares como el Irgún de Menajem Beguin y el Leji, que practicaban el terrorismo. Cuando el atentado contra el King David Hotel, Ben Gurión y la Haganá repudiaron de inmediato lo sucedido. Como saben los que estudian el tema, al final los británicos, impotentes para contener la rebelión judía, pasaron el «asunto» a la ONU, que en definitiva resolvió el 29 de noviembre de 1947 dividir el antiguo Mandato en dos países, uno judío y otro árabe. Los judíos repito una vez más aceptaron pero los árabes eligieron la guerra, que no pudieron ganar. La Liga Arabe ( creada en 1945 a instancias del Imperio Británico) no quería un Estado árabe en la zona, lo único que deseaba era evitar que hubiese un Estado judío.
Para terminar, sí estoy preocupado. Tengo una hija y tres preciosas nietas, que viven en Ashkelon, a 10 kilómetros de Gaza.
En muchas ocasiones han tenido que correr al refugio por la caída de cohetes y misiles procedentes de esa Franja, donde gobierna dictatorialmente el grupo Hamas. Mi hija es maestra en un kibutz y su salón de clase ahora está cubierto por una gruesa pared de concreto para protegerlo de los ataques. Mi hija quiere que esos niños vivan, crezcan y se eduquen, no los usa como «escudos humanos», al revés de otros.
¿Cómo no voy a estar preocupado cuando la Constitución de Hamas (que gobierna Gaza) establece que es un don divino el matar judíos y el presidente de Irán, que tiene o procura tener la bomba atómica, anuncia con repelente insistencia que «Israel será borrado del mapa»?
Otra vez recomiendo estar enterado, leer, estudiar, saber más sobre este trágico conflicto que enluta a muchas familias, tanto israelíes como árabes.
No tengo más remedio, por último, que repetir que el apellido del nazi mentiroso, encargado de la propaganda que hoy repite el nuevo nazismo en su versión terrorista islamista, se escribe Goebbels. No Gebels ni Geobbels como se publicó el día 23 en LA REPUBLICA. La lucha contra la ignorancia es larga y difícil pero hay que seguir adelante.
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