Hamas restringe las libertades de las mujeres de Gaza

El movimiento islámico Hamas, que gobierna la Franja de Gaza desde hace tres años, afirma que no tiene intención de imponer la «sharía» ­ley religiosa islámica­ pero en la práctica, limita cada vez más a las mujeres, en nombre del Islam.

La nueva restricción, impuesta días atrás, consiste en la prohibición a las mujeres de fumar pipas de agua («narguilas» o «shishas»), en público, no sólo en la calle sino también en locales en los que ello era una costumbre común desde siempre. Dueños de establecimientos diversos en Gaza, en los que era cosa de todos los días ver no sólo a hombres sino también a mujeres fumando esas pipas ­a menudo parejas casadas­ recibieron recientemente visitas de inspectores oficiales en las que se les dijo en tono categórico que eso «no va más».

Locales de ese tipo ­hoteles, restaurantes, cafés­ comprendieron el claro mensaje: de no acatar la orden, lo primero sería una pesada multa y luego podrían, sencillamente, cerrarles las puertas.

Ihab Ghissin, portavoz del Ministerio del Interior de Hamas en Gaza, declaró que la decisión se debe a que mujeres fumando en público «violan normas sociales y tradiciones».

Salah Abu Asira, del sindicato de hostelería y restaurantes, reveló que les habían obligado a «comprometernos a no ofrecer narguilas a mujeres ni tampoco a hombres menores de 16 años». Según dijo, las autoridades les aclararon que «no es recatado y no se debe permitir esos comportamientos en público».

Aunque no se trata de una ley promulgada en el «Majlis» palestino, Hamas ha dejado bien en claro que se trata de una orden que debe ser cumplida. Taher el-Nunu, vocero del gobierno, declaró: «La intención es devolverle el lugar debido a la tradición en Gaza. Es una vergüenza para la mujer palestina que se la vea fumando en público».

La emisora Al-Aqsa de Hamas explica que «andar cruzadas de piernas en establecimientos públicos, fumando, tiene connotaciones sexuales y debe ser evitado».

Claro que las mujeres mismas tienen poco margen de maniobra para expresar lo que piensan al respecto, a menos que decidan desafiar abiertamente al gobierno de Hamas y correr así riesgo personal.

Una palestina de Dir el Balah, que conversó con esta cronista y pidió no ser identificada, expresó hace ya tiempo su profunda preocupación por la situación. «Ya al comienzo, cuando Hamas se convirtió en el poder absoluto en Gaza se palpaba en el ambiente que era mejor salir cubierta, y así salí yo de casa, aunque no lo habían dicho explícitamente». Otra mujer, que acepta presentarse sólo como Manal, confirma ese sentir general: «Es cierto, era algo que se palpaba en el aire, antes de que se atrevieran a imponerlo formalmente».

Ahora, gradualmente, Hamas se atreve en este sentido cada vez más.

La nueva prohibición se suma a varias más que han ido coartando libertades de las mujeres de Gaza. Hace ya un tiempo, todas las mujeres recibieron la orden de ir cubiertas con el «hijab» y la túnica hasta los pies cuando asisten a clase, e inclusive las abogadas deben presentarse de esa forma ante los tribunales.

Las mujeres no pueden andar en motocicleta, ni siquiera acompañadas de sus esposos, no pueden caminar solas por la playa de Gaza ni cortarse el cabello en peluquerías masculinas. La contraparte es que los hombres no pueden trabajar en peluquerías de damas. Las mujeres tampoco pueden pasear o caminar por la calle con hombres que no puedan probar ante inspectores «de moral», que son sus esposos, padres, hijos o hermanos. El extremo al respecto fue, recientemente, una serie de ataques violentos a campamentos de verano que las Naciones Unidas organizaron para niños, al parecer porque allí activaban en un mismo marco, juntos, varones y mujeres.

Y cuando algo se prohíbe, ello significa que de no cumplirse, los agentes «del orden» pueden golpear y hasta apresar a los «violadores» de la ley.

Esta situación, sumada a la persecución creciente de homosexuales, a los ataques que hubo tiempo atrás a cafés de Internet (considerados demasiado «occidentales») y a instalaciones de organizaciones cristianas, ha encendido luces de alarma en organizaciones de derechos humanos palestinas y algunas extranjeras.

Pero probablemente la preocupación más significativa sea la que cunde entre la propia población palestina, tanto de Gaza ­la zona directamente afectada­ como de Cisjordania, donde mucha gente tiene parientes en el territorio controlado por Hamas o simplemente, a pesar de las diferencias políticas, recalcan: «Somos un mismo pueblo».

El profesor Muhammad S. Dajani, fundador y director de «Wasatía», un movimiento palestino que brega por un Islam moderado, nos dijo que «las restricciones que Hamas impone a las mujeres en la Franja de Gaza atentan contra el espíritu y las enseñanzas del Islam». Según Dajani, «debemos ver a las mujeres ejerciendo su plena libertad, tal cual lo determina el Corán de vestirse, trabajar, contraer matrimonio y viajar sin discriminación de género, sin dominio del hombre ni segregación».

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