La prioridad es la paz
América del Sur está en la cruz de los caminos, donde los temas de la paz y de la guerra están en el orden del día, por el conflicto que se ha generado entre Colombia y Venezuela, países que han roto las relaciones por iniciativa del presidente venezolano Hugo Chávez, al ser acusado por parte del derechista gobierno colombiano de proteger a las FARC.
Colombia, que tiene fronteras con varios países del norte de América del Sur, se ha transformado en un centro de provocación política que intenta impedir el avance de las ideas progresistas en la región. Lo que lleva, inexorablemente, a involucrar con la crisis regional a Brasil que es el centro de poder latinoamericanista que trabaja por la paz y la estabilidad del continente, en la perspectiva de la Unasur de construir en el mundo un bloque que pueda competir con Estados Unidos y la Unión Europea.
Ante la crisis global del capitalismo, lo peor que nos podría pasar a los latinoamericanos es que se creara un foco guerrerista, en algunas de sus esquinas, como son las fronteras entre Colombia y Venezuela, unas de las zonas más ricas del continente.
Es de saludar los intentos del presidente Mujica, así como el del presidente de Ecuador, Rafael Correa, que han puesto su prestigio emanado de las urnas, para ayudar a encontrar una solución al conflicto colombiano venezolano.
Como en estas cosas de las controversias internacionales no se puede dejar a un lado a Estados Unidos, a la Casa Blanca ni al Pentágono, es bueno reconocer, para exigir, que los gringos sostienen que Estados Unidos descarta cualquier acción militar contra Venezuela, según afirmó este lunes una portavoz del Departamento de Estado, luego de que el presidente venezolano, Hugo Chávez, denunciara la proximidad de un ataque contra su país impulsado por Washington, y manifestara que de concretarse la agresión dejaría de vender petróleo a la nación norteamericana.
Hoy la diplomacia latinoamericana tiene que jugarse con fuerza en nuestra cancha continental, pero también hay que ir al norte y no solo a los organismos clásicos del poder de Estados Unidos, sino a la vez a las universidades, a los movimientos sociales y a las corrientes más progresistas de los partidos políticos de la mayor potencia militar del mundo.
Si la crisis global ha sido sorteada, hasta el momento por los países latinoamericanos por sus propios méritos, la tarea prioritaria es que la paloma de Picasso sobrevuele sobre nuestros pueblos, como clara señal de que queremos la hermandad por encima de las diferencias que podamos tener.
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