Día Mundial del Cooperativismo
El pasado 9 de junio festejamos un nuevo aniversario conmemorativo de la fecha, con un acto en el Club Platense sobre esta gesta que comenzó en 1844 cuando los pioneros de Rochdale, decidieron enfrentar las injusticias del sistema capitalista en expansión a través de la ayuda mutua.
Ellos entendieron que solo el esfuerzo solidario de los hombres podía enfrentar las profundas desigualdades que genera la naturaleza misma de este sistema de acumulación de riquezas.
Estos modestos pioneros, dieron marcha a la utopía transformadora de la experiencia asociativa, que perduraría en el tiempo y abarcaría paulatinamente todo el mundo.
A partir de aquella gesta humilde en sus dimensiones y a su vez inmensa en su trascendencia histórica, la cooperación pasó a ocupar un lugar fundamental en el campo de las realizaciones solidarias.
Hoy en la actualidad este movimiento congrega alrededor de 800 millones de asociados en todo el mundo y su volumen operativo equivale al producto bruto interno de varios países.
Así, sin fines de lucro y especulación; con valores de igualdad y equidad, condenando la explotación del hombre por el hombre, enfrentando al poder económico concentrado y por tanto resistido por éste, nació este ente testigo llamado «Cooperativas» para demostrar que otra realidad es posible y necesaria, una realidad donde la «Ley de la Selva» y el «sálvese quien pueda», individualista y competitivo sería reemplazado por la solidaridad y la construcción colectiva.
Hoy a 166 años seguimos luchando por la necesidad de repensar el mundo y producir cambios profundos en los modos de producción y distribución de la riqueza, pues la concentración en pocas manos del fruto del trabajo de millones de hombres y mujeres sigue siendo la lógica que manda.
Perversamente esta se ensaña con nuestros adolescentes generando un proceso destructivo de su identidad social y cultural que busca fracturar y disociar la necesidad del conocimiento, para la comprensión y transformación de la actual realidad social.
El cóctel de alcohol y droga embrutecedora de la conciencia en un contexto de necesidades básicas insatisfechas, va acompañado por la acción perforadora, de achatamiento y frivolización que ejercen los medios de comunicación que no logra ser contrarrestada por la familia, ni por las demás instituciones de la comunidad.
Por ello ante este día debe aflorar en todas y todos el mayor compromiso para construir colectivamente la dosis necesaria de antídoto al veneno sembrado y esparcido en contraposición de la cooperación y el conocimiento.
A este «culturicidio paralizante» contrapongamos los valores de la vida cultivada por la solidaridad de manos extendidas con cultura de trabajo.
La unidad popular en torno a este noble objetivo es una decisión permanente y un anhelo evidente de nosotros y de todos los trabajadores.
Como decía un luchador de los 60´:
«Las masas reclaman unidad, las masas quieren fe, y por eso, su alma rechaza la voz corrosiva, disolvente y pesimista de los que niegan y de los que dudan, y busca la voz optimista, cordial, juvenil y fecunda de los que afirman y de los que creen».
Como señalaron los pioneros, hay que mover las ideas y el pensamiento al ritmo que movemos las manos, a la prédica de la solidaridad la debemos sustituir por la práctica concreta de la solidaridad.
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