La Celeste: la embajadora ideal

Sobre la gran actuación de la Selección uruguaya de fútbol en Sudáfrica se ha escrito y se escribirán muchísimas notas. La relevancia que logró en el Mundial, recientemente terminado, así lo amerita. Por lo tanto no voy a ser la excepción, y aquí intento trasmitir la oportunidad que no debemos desaprovechar y saber utilizar la imagen que dejaron los integrantes de la delegación al evento mayor del fútbol.

Logró sacarnos del aburrimiento, de la medianía en que nos manejamos en nuestro país, considerando nosotros mismos por nuestra manera de ser, que aquí no se puede. Siempre aparece esta frase, es decir nos achicamos antes de saltar a la cancha, por el motivo que fuera, en cualquier actividad. Nos manejamos con la autoestima muy baja.

Y este grupo de orientales que nos representó, demostró todo lo contrario. Que se puede, que no somos menos que nadie, que poseemos algo que nos destacó en el siglo pasado, afrontar los acontecimientos que se nos cruzaron, con firmeza, sabiduría, paciencia, trabajo, solidaridad, honradez, unidad, con apego a los colores patrios muy profundos, y sabiendo que ese camino es el correcto para conseguir metas trazadas.

Logró conquistar y demostrar, como dijo el Maestro Tabárez: «Aprendimos a festejar una muy buena actuación, sin lograr llegar primeros». Y vaya si se festejó, volvimos a endulzar nuestro paladar, y las nuevas generaciones podrán saborear esa dulzura que dan los éxitos deportivos. Y el fútbol que está enraizado en nuestra sangre nos llevó nuevamente a transitar ese camino que habíamos perdido. No encontrábamos la brújula, y en un mes de competición se pudo lograr, en un suceso mundial donde millones y millones de ojos quedaron extasiados por la entrega de los jugadores compatriotas en cada partido disputado. Dejando hasta la última gota de sudor en la gramilla verde del continente negro.

Quiero, además, resaltar con letras de molde lo que ello representa y representará para el futuro de nuestro país. Lo que marcábamos de la actuación celeste vista por tantos habitantes del planeta, y de los lugares más apartados, permite y permitirá que conozcan nuestra geografía, costumbres, vida cultural, vida doméstica, industrias, y de una forma muy sencilla, a través de una pantalla de TV.

Toda esta exposición de nuestro Uruguay, ha sido gratis, ya que los medios tecnológicos globalizados lo permiten. Entonces es una obligación utilizarlo, por parte de las autoridades nacionales, departamentales, industriales, productores agropecuarios, y todo lo que involucra a nuestra producción exportable, y un acelerador para que el turismo continúe en ascenso, y afianzarlo como una industria nacional esencial y fructífera.

Esa bandera celeste y blanca con su sol, debe continuar exhibiéndose, no solamente ante una actuación de nuestros representantes; se debe mantener firme en los mástiles todo el año, poner por delante la bandera nacional sobre las demás.

Demostró este suceso que paladeamos en este mes de fútbol de la celeste, que se puede. Nos dejó el camino trazado, deberíamos asimilar esta experiencia para volcarla a la vida diaria de nuestra sociedad.

A esta altura de la nota quisiera enlazar esa alegría con algo que nos está pegando y duro a todos los uruguayos. Es el tema de la inseguridad, que ha llegado, parecería, para instalarse entre nosotros. En ese camino han entrado los niños, los jóvenes, transitándolo a través de la droga, el alcohol, y arribando al robo, lo que los lleva a muy tierna edad a ser encerrados, hacinados en edificios vetustos que nuestro sistema carcelario ostenta. Allí puestos como paquetes, juntos a otros compatriotas que llevan sobre sus espaldas el delito desde hace años, y en lugar de volver a la libertad sabiendo que se equivocaron, que ese no es el camino, se reiteran, en alto porcentaje, en el delito.

¿Por qué auné los dos temas? Porque a varias generaciones, durante décadas, se les privó de lo esencial de sus vidas, educación, que les abre la cabeza y les permite detectar que existen otros caminos para recorrer y triunfar en ella, logrando asimilar la cultura del trabajo, con el deporte como parte de sus vidas, que les permitiría conocer lo bello de practicarlo, de trabajar en equipo, de acatar órdenes de sus profesores, de unidad de conjunto para lograr éxitos.

Por lo tanto es tarea primordial que el ejemplo de estos celestes, que tanto han sido elogiados, y no sólo por su destreza con el balón, sino por lo que originaban en cada partido con su actitud férrea, solidaria, tesón hasta el pitazo final, demostrando que lo individual utilizado para el conjunto permite, sin lugar a duda, conquistar metas soñadas.

El mejor embajador ha sido, en esta ocasión, el fútbol; entonces usemos las mismas armas para el resto de las actividades, internas y externas, ya que permitió este grupo de compatriotas abrir mercados para todos los rubros, y ratificó que con educación, esfuerzo, coraje, solidaridad, se llega a la meta, y no importa si primeros o cuartos, e inculcar a los niños y jóvenes, que este es el camino, y así podremos descongestionar cárceles, y no la funesta realidad que tenemos ante nuestros ojos en estos días, de que un elevado número de ellos equivocan el camino y su horizonte se oscurece. Hagamos que vislumbren el ejemplo y el sol los ilumine.

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