Algunas precisiones para una polémica
Aunque su última entrega, del 18 de julio, se titula «Respuesta al suscrito», el profesor Daniel Vidart no responde a las preguntas que yo le formulé acerca de su posición sobre la conducta criminal del gobierno de Israel, y se limita a reproducir sus incursiones en hechos muy lejanos que suenan como una justificación.
Una pequeña precisión previa. Usted dice que yo parezco desconocer la historia antigua de esa región. No me cuesta nada admitirlo, referido a esa y a infinitas otras cuestiones. No voy a invocar aquí el dicho socrático. Sí la hermosa imagen de Pascal, según la cual el saber es como una bola de fuego que rueda en la inmensidad del espacio, y que al agrandarse revela en mayor escala la profunda oscuridad en que está sumergida. Pero usted estriba en mi ignorancia (y según el libro sobre errores y sofismas de Francis Bacon, el primero es ignorancia de la cuestión) para afirmar que yo tergiverso las fechas de su nota. Y no es así. Yo afirmé que en sus escritos, que se remontan hasta el milenio VI antes de nuestra era, usted sostenía que los palestinos no existen. Y en efecto, en la nota del 9 de julio «Palestinos, ¿qué palestinos? (IIª de la saga), se dice: «Las tribus van y vienen en este convulso escenario hasta que en el milenio VI antes de la actualidad…», etc. O sea que mi mención cronológica es exacta. Y también lo es el hecho de que usted procura demostrar, desde el título (reiterado) para abajo, la no existencia de los palestinos, lo que no resulta nada inocente en la actual situación conflictiva y preñada de peligros aún mayores, como veremos.
Estima usted que tal vez yo piense que le da «poco chicote a Netanyahu y Lieberman». Esto me hizo recordar una escena de Cyrano de Bergerac. El provocador se dirige a Cyrano y tartamudea un insulto aludiendo a su nariz. Cyrano le responde, en versos bien frappés: «¿Eso es todo, jovenzuelo? Podrían decirse muchas más cosas, en suma». Y arranca con la deliciosa «Balada de las narices». Aquí pasa algo parecido. Usted se limita a señalar «los mortíferos bombardeos de Israel sobre Gaza» pero les pone como antídoto los muertos palestinos ahogados por los egipcios; refiere a «las muertes infligidas por la prepotencia y la torpeza israelíes en la Flotilla de la Libertad», pero la antiestrofa indica que esta constituyó una «notoria provocación», lo que es falso, como lo reconocieron todos los organismos que se pronunciaron sobre el punto, desde el Consejo de Seguridad de la ONU, su Consejo de DDHH, el Tribunal Russell y otros tantos, porque se trataba de una misión solidaria hacia una región devastada por los bombardeos israelíes. Y no habla de que en Gaza se utilizó fósforo vivo; que se atacaron hospitales y escuelas, médicos y enfermeras, centros de aprovisionamiento de la ONU; que después del «Mavi Marmara» fue impedida de llegar a Gaza la nave que llevaba el nombre de Rachel Corrie, la joven pacifista estadounidense que fue aplastada por una topadora israelí, y luego vuelta a aplastar en marcha atrás, porque procuraba impedir que se demoliera una vivienda palestina en Gaza. Después también fue escoltada la nave libia «Amalthea» por ocho navíos de guerra israelíes para desviarla de Gaza y obligarla a anclar en Egipto, manteniendo así el bloqueo total a la Franja por aire, mar y tierra. No me parece convincente ignorar estos hechos esenciales, o diluir las responsabilidades mediante un recuento de otros hechos detestables cometidos por actores diversos. No somos todos asesinos. Por ese error de razonamiento invoqué a Vaz Ferreira y su «Lógica viva».
Sobre el final el profesor Vidart alude genéricamente a «los portavoces de la judeofobia». Por las dudas, le voy a aclarar. Primero, que yo siento una inmensa satisfacción por tener algo en común, una partícula o un átomo siquiera, con esos gigantes del pensamiento humano que son Karl Marx y Albert Einstein. Sé de fuente directa lo que es un pogrom, porque me lo contó mi madre, que con más de 90 años aún recordaba con horror el asalto de las hordas antisemitas al pequeño comercio de su familia en Odessa, a un extremo de la gran plaza, donde está el busto de Pushkin (y ella recitaba de memoria sus poemas), frente a la escalinata donde Eisenstein filmó las inolvidables escenas del «Acorazado Potemkin» con el cochecito del bebé rodando hacia el puerto. Sé lo que fue el holocausto, porque judíos que huían de la Alemania nazi y llegaban al Uruguay con una mano atrás y otra adelante venían a pedirle un trabajo a mi padre, que era inspector de escuelas de la colectividad judía, y yo oía sus historias impregnadas de dolor y de dignidad humana. Por eso y otros muchos hechos que omito, me duele en el alma que el gobierno de Israel, en el cual muchos judíos depositaron tantas esperanzas, esté actuando en la forma inhumana y criminal que lo hicieron sus perseguidores, tanto en Cisjordania y Gaza, en el robo de tierras y la construcción del muro del apartheid y de nuevos asentamientos, como en la anterior invasión al Líbano. El informe del jurisconsulto judío sudafricano Richard Goldstone elevado a la ONU establece que Israel cometió crímenes de guerra en Gaza. Mencioné en notas anteriores al racista y xenófobo canciller Avigdor Lieberman, que sujeta al gobierno de Netanyahu como la cuerda al ahorcado, y que presentó un plan completo (llamado «programa para una solución del conflicto con los palestinos») según el cual la mayoría de los palestinos residentes en Israel será despojada de la ciudadanía y reubicada fuera de las fronteras del Estado, o sea un plan integral de limpieza étnica.
Pero además, ahora Israel se coloca al frente de la política de agresión contra Irán y se cree que quiere llevar incluso a EEUU por ese camino, lo que coloca al mundo ante la perspectiva de una guerra nuclear que inflamaría toda la región. Podría reproducirse la crisis de los misiles de octubre de 1962. Israel acaba de hacer un ensayo de esas armas. Eso es lo que está en discusión.
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