Chile, ofendido y en pie de lucha
Chile fue uno de los países que más sufrieron en la década del 70 la contraofensiva fascista, por parte del capital financiero internacional y el imperialismo, cuando los centros de poder mundial resolvieron asesinar a Salvador Allende y detener el avance progresista que comenzaba a gestarse en América del Sur.
Miles de muertos y de desaparecidos pintaron el paisaje chileno, mientras su pueblo y la comunidad internacional lloraban por la pérdida de la democracia. La noche, a partir del asalto a La Moneda por parte de Pinochet y la oligarquía criolla, cubrió los Andes, después el Río de la Plata y la Bolivia olvidada. La humanidad sintió que había sido herida en la profundidad de su alma. Allende fue el símbolo de la esperanza y la dignidad, incluso después de muerto.
Hace pocas horas los obispos de la Iglesia Católica de ese país plantearon la posibilidad de indultar a los golpistas y violadores de los derechos humanos, con motivo de que se está en plena conmemoración de los recordatorios del bicentenario de la lucha independentista.
La institución, que expresa el Estado del Vaticano, pidió a los poderes del Estado chileno que estudien caso a caso la posibilidad de brindarle ese beneficio a personas que estén condenadas por violaciones a los derechos humanos, reto que el ministro de Defensa aceptó.
El hijo del asesinado ex diputado Luis Espinoza, sostuvo que la propuesta que elaboró la Iglesia es «una bofetada brutal, un segundo gran golpe después de la muerte de nuestros seres queridos. La Iglesia le ha infringido una puñalada en el alma a la sociedad chilena, nos hace sentir decepción y vergüenza. Hace que Chile retroceda en el mundo en el tema de los derechos humanos y violenta el corazón de esos familiares que lucharon incansablemente por lograr justicia».
«Siendo católico durante toda mi vida, siento decepción, vergüenza, pena y tristeza por esta propuesta», agregó, advirtiendo que «nos movilizaremos por Chile oponiéndonos a este tipo de indultos».
Por su parte el ex candidato presidencial chileno Marco Enríquez-Ominami criticó los planes del presidente Sebastián Piñera de indultar a presos con motivo del bicentenario y que cubriría a militares que violaron los derechos humanos.
«A mí no me gustan las monarquías presidenciales. El indulto en Chile es una institución monárquica, es la idea de que un rey, un monarca, puede perdonar», dijo Enríquez-Ominami.
A la vez recordó que se opone al indulto porque «los militares condenados tuvieron juicios que se demoraron 15 años, sus condenas son ya súper bajas, están rebajadas porque se les consideró los años de proceso como parte de la condena».
La dictadura de Pinochet vale recordarlo dejó 3.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos. Más de 500 militares de la época están procesados por estos casos.
El rechazo que ha recibido la cúpula de la Iglesia católica chilena por esta iniciativa, por parte de la sociedad chilena, es un buen ejemplo de que la dignidad debe de ser un buen ejemplo para gobiernos, partidos y pueblos.
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