Mandela, Honoris Causa de la Universidad
En el mundo entero se celebró con emoción y reconocimiento el 18 de julio el 92º cumpleaños de Nelson Mandela, instituido por Naciones Unidas como una jornada por la paz, la igualdad y la libertad, como lo reitera en un mensaje especial su secretario general, Ban Ki-moon, en esa fecha. Se destacan los homenajes que le rindieron los niños en su domicilio, el acto en su poblado natal con la presencia del presidente Jacob Zuma, y el del actor Morgan Freeman, que lo caracterizó magistralmente en la película «Invictus» y que ahora realizó un recorrido solidario por Sudáfrica en moto tras la clausura del Mundial. En nuestro país el lunes 19 se exhibió esa película en el marco de un homenaje a Mandela auspiciado por el PIT-CNT, AEBU, organizaciones afrouruguayas y otras, que contó con la adhesión de representantes nacionales e internacionales y de la Universidad de la República.
No es el primer homenaje que se rinde en Uruguay a Mandela y la iniciativa correspondió precisamente a nuestra Universidad. Ocurrió el 28 de julio de 1999, en el curso de los festejos por el 150º aniversario de su instalación durante el rectorado del Dr. Ing. Rafael Guarga (1998-2006), instancia en la que le fue entregado el título de Doctor Honoris Causa. Lo habían precedido en obtener esta distinción a lo largo del mismo mes y año el ex director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, el historiador inglés Eric Hobsbawm y el notable (y hoy centenario) arquitecto brasileño Oscar Niemeyer.
El galardón a Mandela había sido propuesto por la delegación de Asceep-FEUU ya en 1988 (cuando llegó a los 70 años y se encontraba cumpliendo una pena de prisión que se extendió durante 27 años), pero recién se formalizó en la fecha antes indicada (28 de julio de 1999). Mandela estaba ejerciendo entonces la presidencia de la República de Sudáfrica, tras haber triunfado en las primeras elecciones multiétnicas, en 1994, con el 63% de los votos. En el acto efectuado en la Sala Maggiolo del edificio central hablaron el rector Guarga y el decano de la Facultad de Ciencias Sociales, profesor Jorge Landinelli. La distinción fue recibida por el embajador de la República de Sudáfrica en Buenos Aires y concurrente en Uruguay, Aubrey Xolile Nkomo, quien hizo entrega al rector de una carta del presidente Mandela a las autoridades universitarias. Es un documento extenso, de profundo contenido, que puede leerse íntegro en la Memoria del Rectorado de la Universidad, años 1998 a 2006, páginas 321 a 324. Extraemos algunos conceptos:
«Nosotros, los sudafricanos, consideramos y aceptamos al Uruguay, un país hermano del sur, como un amigo en el que confiamos y al que mucho apreciamos, un compañero y aliado, que nos ha apoyado en nuestro período de lucha contra la represión. La permanente consagración del Uruguay a esa solidaridad a lo largo de nuestro actual período de transformación y democratización, en el cual hacemos frente a la ardua tarea de encauzar los recursos humanos y físicos de nuestro país hacia el objetivo de mitigar la dura situación de nuestro pueblo y de lograr una vida mejor para todos en el próximo milenio, ha sido una fuente de inspiración para nosotros».
«Nuestra intención en Sudáfrica es galvanizar toda nuestra energía y magros recursos en combinación y cooperación con otras fuerzas de la comunidad internacional a fin de crear un mundo menos desigual; un mundo caracterizado e imbuido de humanidad; un mundo dedicado a la práctica y observancia de los derechos humanos para todos; un mundo plenamente consagrado al estímulo y el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, así como a la seguridad económica y el bienestar social de todos sus pueblos, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas».
«Ruego a la asamblea académica me permita destacar que nuestros dos países, como países del sur, deben estrechar vínculos y consolidar su cooperación en las esferas económica, comercial, de la trasmisión de tecnología, de la tecnología informática, social, educacional y cultural, con miras a llegar a conocernos mejor, y a consolidar nuestras fuerzas económicas y políticas mutuas y corporativas, a fin de permitirnos negociar mejor con el norte desarrollado, y por sobre todo, alentar la cooperación sur-sur y mejorar el diálogo y la cooperación norte-sur. Esos son los requisitos necesarios para el establecimiento del acceso a los mercados y otras innovaciones de las que el norte dispone, a fin de que podamos generar el tipo de políticas y programas necesarios para mejorar la vida en el sur y evitar la amenaza de la marginalización, cuyo efecto sería la continuidad de la pobreza abyecta y otros padecimientos de que ya adolece. En este sentido, permítaseme citar el lema sudafricano, ‘Ex Unitate Vires’, ‘En la unidad está la fuerza'».
Luego de aludir al «espíritu de camaradería entre dos pueblos y países del sur que forjan una aleación más fuerte que sus componentes individuales», expresa: «Somos un pueblo africano cuyo metal ha sido forjado por los estragos del colonialismo, el racismo y el apartheid, cuya secuela ha contribuido en gran medida a sus múltiples patologías, inclusive el subdesarrollo económico, las carencias sociales, educacionales, y la falta de información, la lucha civil y la violencia étnica, el hambre y el flagelo del sida, que se extiende cual una guerra (…). En ese contexto, Sudáfrica ha resuelto qué camino ha de seguir y se prepara para elevar a su pueblo a un nivel superior en el siglo XXI, y contribuir así al desarrollo del renacimiento africano».
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