Respuesta al Sr.Niko Schvarz

Nadie, Sr.Schvarz, es dueño de la verdad, ni tampoco hay temas con dueño. Y es innegable, también, la existencia de asuntos humanos que, con solo rozarlos, se desencadena una tormenta mediática a distintos niveles: unos merecen atención y otros huelen a albañal. Sus escritos Sr. Schvarz, revistan en el primer nivel: Vd. es un versado cultor de la dialéctica post-hegeliana y un consecuente antiimperialista que censura, con razón, el ignominioso muro levantado por los EE.UU. en la frontera con México. Lástima que no recuerde, asimismo, el «democrático» Muro de Berlín, tal vez mágicamente construido por el imperio de las hadas del bosque. Y ahora, por única vez, respondo a las preguntas, afirmaciones y acusaciones de su nota publicada en La República el 14 de julio.

 

1º. Perdone este reproche : Vd. parece desconocer la historia antigua del Cercano y Medio Oriente. Y digo así porque tergiversó las fechas anotadas en mi nota. Los filisteos (pelestim), uno de los pueblos del mar, desembarcaron en Gaza 1200 años a.J.C. Así lo expresé, muy claramente. Pero Vd. afirma que en mis «escritos caudalosos» los ubico en el milenio VI a.J.C. En esa época, correspondiente al neolítico, aún no había florecido la civilización de Sumer, que lo hizo 3.500 años antes de J.C. Por otra parte no procuré justificar con ninguna «incursión en la prehistoria» (sic) la «conducta genocida del gobierno de Israel en la invasión a Gaza», tal cual Vd. me reprocha. Quise decir, si, que ni los filisteos ni los cananeos fueron los antecesores de los árabes, quienes comienzan a llamarse palestinos luego del año 1967.

2º Vd. escribe que «Vidart sostiene que los palestinos no existen».

 

Contesto: Vidart se sintió muy sorprendido al leer declaraciones de los propios árabes afirmando tal cosa, y quiso averiguar si ellas tenían sustento verificable. F.K. Hitti, libanés, autor de una notable «Historia de los árabes», escribió: «No existe ninguna cosa llamada Palestina en la historia, absolutamente no». Auni Bey Abdul­ Hadi, árabe, declaró: «No existe ningún país que se llame Palestina. Palestina es un término inventado por los sionistas. No hay ninguna Palestina en la Biblia. Nuestro país ha sido por siglos parte de Siria. Palestina es ajena para nosotros (British Peel Commision, 1937). Walid Shoebat, activista de la OLP, también árabe preguntó : «¿Por qué el 4 de junio del 1967 yo era un jordano y de repente, al otro día me transformé en un palestino? A nosotros no nos importaba que hubiera un gobierno jordano. La enseñanza de que debíamos lograr la destrucción de Israel era parte definida de nuestro currículo, pero nos considerábamos a nosotros mismos como jordanos hasta que los judíos regresaron a Jerusalén. Entonces improvisadamente todos fuimos palestinos, quitamos la estrella de la bandera de Jordania y en un momento tuvimos la bandera palestina». Estas declaraciones, consignadas en una de mis notas, y por Vd. no citadas ni refutadas, impulsaron un análisis histórico cuya deconstrucción, como Vd. anuncia, «otros antropólogos ya han comenzado». Para evitar repeticiones, remito a Vd. y a los ilustrados antropólogos a la introducción del libro La crisis del Islam, de Bernard Lewis, uno de los más renombrados islamólogos de la actualidad. Podrán comprobar entonces que no me quedo solo, abrazado a falsos afirmaciones. Importa leer lo escrito en la p.10 acerca de la invención de Palestina y los palestinos.

2º Vd. dice que «ninguna incursión en la prehistoria puede dotar de una mínima justificación la conducta genocida del Gobierno de Israel en la invasión a Gaza».

 

Cuidado! Cuando desembarcaron los pelestin o filisteos, aquellos minoicos expulsados de Creta ,se vivía en plena historia escrita. Estos invasores nada tenían que ver con el gobierno israelí, al que no pretendí justificar, cometiendo así un disparatado anacronismo. Para disipar sus dudas hago pública, enfáticamente, mi opinión, ya expresada en mis anteriores notas y en una carta al Dr.Fasano. En una de ellas me refería a «las muertes infligidas por la prepotencia y torpeza israelíes en la notoria provocación de la Flotilla de la Libertad». Reforzando este juicio declaro, para serenar su santa indignación, que no justifico ni justificaré nunca los errores y aún los horrores cometidos por los gobiernos que ha tenido y tiene Israel. Ello no significa que niegue el pleno derecho a la existencia de un Estado cuya creación, aprobada por el Uruguay en las Naciones Unidas, fuera brillantemente defendida por Enrique Rodríguez Fabregat. Un humanista, como seguramente Vd. lo es, no podrá jamás suscribir los propósitos, gritados a los cuatro vientos por Hamas y Ahmadinejad, de acabar con Israel y arrojar al mar a los judíos y a los goim. No olvidemos al millón y medio de árabes que viven y trabajan pacíficamente en Israel, sin apelar al atentado terrorista que Vd., imparcial defensor de los derechos humanos, sin duda detesta.

3º En la segunda nota sobre los muros del mundo, ya entregada a La República antes de la publicación de la suya, menciono la valla que le cierra el paso a los chicanos, los despreciados «espaldas mojadas», que me reprocha ignorar. Me causa extrañeza que no deplore el asesinato de los palestinos ahogados como ratas por los egipcios, según consta en las noticias internacionales. Estas, ya divulgadas ampliamente, dan cuenta del exterminio de los «topos» humanos contra los que el gobierno de Mubarak construye un muro metálico subterráneo. Existen fotografías de esas obras, que Vd. ya debe haber visto.

 

De este modo Egipto procura perfeccionar el bloqueo a los sufridos habitantes de Gaza, cuyo maltrato por los señores del Hamas es harto conocido. Quizá, para quienes solo tienen en cuenta los mortíferos bombardeos de Israel sobre Gaza, estos pobrecitos palestinos ahogados y gaseados bajo tierra son difuntos de cuarta, pues los de primera, los reventados por las bombas de fragmentación «sionistas» y los 9 turcos muertos por «la torpeza y prepotencia israelíes» – como yo expresé claramente, aunque Vd. tal vez piense que le doy poco chicote a Netanyahu y Lieberman- han copado la furia flechada de ciertos periodistas. Pero, repito, asombra que el bloqueo egipcio a la Franja de Gaza, idéntico el israelí, y hoy por hoy más letal, no cuente en nuestro medio con quienes lo denuncien enérgicamente. No he descubierto en su artículo indignación ni condena alguna del genocidio practicado por musulmanes egipcios contra musulmanes palestinos, que Vd. no considera real sino presunto. La presunción es una sospecha o una conjetura de algo que puede o no puede ser. En este caso el homicidio «es». Ya son trescientos los lectores del Corán dados de baja por los que también rinden culto a un dios grande y misericordioso. Conviene, en asuntos tan conmovedores como este, utilizar correctamente los términos. El lenguaje no es inocente, como podrán informarle los antropólogos que Vd. cita. En dicho sentido es provechoso consultar la obra científica del lingüista Noam Chomsky.

 

Corolario: el gran chivo emisario de todo cuanto pasa y va a suceder en el mundo es el odiado Israel, al que Vd. se refiere airadamente a lo largo de toda su nota, reprochándome, de paso, ignorar hechos que no trato en las mías .No los desconozco, por cierto, pero no puedo convertir mis escritos en un interminable memorial de furias y desacatos. No destilo veneno contra un solo sector de la humanidad, como tantos lo hacen. Tampoco aplaudo a ningún país, credo, o pueblo con obsecuencia, sin reparar en los agujeros negros existentes en las conductas sociales o morales de sus integrantes. Solo trato de comprender y de informar, con todas las limitaciones que tenemos los hombres, seres incompletos y contingentes. No me declaro Maestro en nada. Siempre he sido, y continúo siendo, un Aprendiz. Relea mis notas, se lo solicito muy comedidamente Sr.Schvarz, «sine ira et studio», como pedían los romanos. Sobre todo, «sine ira».

 

Fina
lmente, quiero expresarle que, como simple ciudadano, defiendo la existencia de un Estado israelí y otro palestino, única forma de poner fin a un sangriento conflicto en el que árabes y judíos han cometido trágicos errores y vulnerado gravemente los Derechos Humanos. No creo que sirva de mucho esta aclaración para acallar los odios y desconfianzas que despiertan mis notas en los portavoces de la judeofobia que hoy se manifiesta en crecientes desplantes racistas y fundamentalistas, mancillando de tal modo las mejores tradiciones de pacífica convivencia, tolerancia y laicidad que distinguen a la nación uruguaya.

 

Sr. Schvarz: formo parte de la Cátedra Unesco de Derecho Humanos de la Universidad de la República, y no me han escogido por jugar bien al truco sino por razones mas importantes, manejadas por aquella agencia de las Naciones Unidas, a la que he servido en varios países como miembro orgánico, y la Udelar, en la que enseñé en mi calidad de profesor de 5º grado y dirigí el Departamento de Antropología, la ciencia que estudia el ser y el quehacer del «Otro». Defiendo, honrando a quienes me han honrado con tal distinción, y fiel a la Declaración Universal de 1948, los Derechos Humanos de todos nuestros semejantes y no los de un grupo privilegiado, como tantos lo practican, prefiriendo la parte al todo.

 

Como antes dije, respondo por única y última vez a cuestionamientos personales, salvo en el caso de los que insulten o calumnien, penados por la ley. Sigamos expresando nuestras ideas para que los lectores descubran, desafiando sectarismos, estereotipos y preconceptos, dónde tiene su nido el ave de la razón. El saludo de despedida va en árabe, un idioma semítico: Salaam Aleykun.

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