Participación popular en Canelones
La merma en la votación frenteamplista en las últimas elecciones departamentales es y será objeto de un debate interno necesario e insoslayable. Seguramente en un marco, como hasta hoy , respetuoso y fraterno pero riguroso en la autocrítica, procesaremos la discusión. Sin planteos autocomplacientes ni autoflagelantes, sin ceder a la tentación de la crítica prescindente o demagógica, seguramente encontraremos las soluciones racionales y democráticas para repotenciar nuestra formidable herramienta política. Sin embargo en esta apretada síntesis hemos decidido incursionar en otra perspectiva del debate ideológico y del accionar político inmediato contenido en un proyecto democrático.
En las décadas del 70 y del 80, a partir de la revitalización del pensamiento gramsciano, la izquierda en todo su espectro inició un proceso de reformulación en lo que tiene relación a la incidencia de la sociedad civil en una alternativa progresista y democrática. En nuestro país la transferencia de poder a la ciudadanía, constituye un desafío ineludible para el Frente Amplio en su gestión de gobierno. Por lo antedicho hemos decidido reflexionar en una actitud prospectiva y constructiva hacia el corto, mediano y largo plazo.
La ley de descentralización, que tuviera su primera expresión en la elección municipal de alcaldes y consejales realizada en mayo, constituye una herramienta fundamental para alcanzar el objetivo de la participación popular en su concepción más abarcativa, pero no genera automáticamente involucramiento social. Transformar la concepción social democrático-delegativa en democrático- participativa implica un cambio cultural revolucionario, que va mucho más allá que lo que plantea la propia ley. «Ser radical es atacar los problemas de raíz, la raíz del hombre es el hombre mismo…» nos enseñaban los precursores de las ideas socialistas. Generar un proceso radical, humanista y tozudo en la defensa de los valores democráticos es el imperativo que la realidad demanda. La sociedad uruguaya necesita un Frente Amplio fuerte ideológica y estructuralmente, capaz de hegemonizar un proceso estratégico de empoderamiento ciudadano, esto forma otra parte del debate, pero parece un buen consejo el de Antonio Gramsci de encarar la tarea con «el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad».
Tener en manos frenteamplistas, por segunda vez, el gobierno nacional y la mayoría parlamentaria, implica una gran responsabilidad para la izquierda. Así mismo haber logrado el gobierno de Montevideo por un nuevo período, adquiere un relieve muy significativo en el marco de las exigencias y desafíos que la ciudadanía, y sobre todo los frenteamplistas, enviaron como señal en la caracterización de su voto. En este mismo contexto Canelones aparece como el lugar , cualitativamente estratégico, para desenvolver la dinámica hacia el empoderamiento ciudadano. Nuestro departamento representa un alto porcentaje del total de la producción nacional en avicultura, lechería, hortifruticultura y cuenta con una potencialidad de desarrollo en otras áreas ( como el turismo, por ejemplo) que le dan una incidencia fundamental en el modelo de país productivo con justicia social, que la izquierda uruguaya tiene en su horizonte. Nuestro departamento deberá cumplir en la tarea de cercanía e involucramiento social a través de 29 municipios, la tercera parte del total del país, que deberán recoger la rica tradición de fomentismo y reconvertirla en activa participación popular. Un país de primera, como propusimos a la ciudadanía, necesita un Canelones de primera y, concomitantemente, 29 municipios de primera. Cuando promovimos la ley de descentralización, elevamos la mira e hicimos a un lado especulaciones menores, como el triunfo opositor en localidades de departamentos que gobernaríamos. Este tipo de cálculos son un síntoma de cortedad política que manifiestan una visión reaccionaria sobre la profundización democrática. Desde nuestro departamento, con el compañero Carámbula a la cabeza, combatimos estas posturas. En correspondencia trabajamos con ahínco para ganar, no sólo el gobierno departamental sino la mayor cantidad de gobiernos locales, y lo logramos. La sintonía entre gobierno nacional, departamental y local se trasunta en unidad de acción en la gestión que materialice el programa del Frente Amplio.
El próximo año ingresamos en el bicentenario de la «admirable alarma» que nos sacara de la larga «siesta colonial». La incorporación de Artigas a la lucha revolucionaria en 1811, debería ser honrada en el rescate de los valores que dieron origen a la participación democrática de los orientales en los Cabildos, atando nuestra concepción histórica con nuevos elementos, que se manejan en el mundo, para canalizar proactivamente la presencia de la sociedad civil en la gestión de gobierno. Cuando los cambios políticos, sociales y culturales crecen, como decía Zitarroza, «desde el pie» se tornan irreversibles.
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