Cordillera de los Andes

Entre el 10 y el 15 de junio participé en representación de Fucvam en las ciudades de Río Grande y Ushuaia, al pie de la cordillera, en Tierra del Fuego, de varias reuniones sobre el acceso a la vivienda popular para los sectores pobres y postergados sistemáticamente de nuestro continente.

Las condiciones climáticas de 10º en verano y 10º bajo cero en invierno hacen que el abrigo de la vivienda sea tan vital como la piel de los esquimales.

Este derecho como en ningún lado es allí la especulación salvaje, se ha vuelto un simple producto que se vende y compra en el mercado de negocios.

El frío polar reinante exige respuestas acordes a la emergencia constante que arremete y se cuela en las viviendas precarias que existen por miles y esa realidad debería decretar que las necesidades vitales del pueblo no pueden, ni deberían ser base de negocios.

Nuestro aporte junto a los compañeros de CTA y MOI (Central de Trabajadores Argentinos y Movimiento de Ocupantes e Inquilinos) permitió avanzar en la transferencia de tierras públicas a las cooperativas locales para construir, así como un convenio marco que incluye la propiedad, la ayuda mutua y la autogestión como forma de construcción aceptada.

Este hecho se convirtió en un hito histórico que marcó un antes y un después en la forma de concebir a la isla fueguina argentina.

En el seminario sobre autogestión funcionarios del gobierno local sostuvieron: «Siempre construimos igual, para nosotros esto es nuevo».

En cambio por nuestra parte expusimos y argumentamos sobre la existencia de dos formas de construir; una de arriba para abajo y otra de abajo hacia arriba.

Una donde el Estado mediante licitación paga a una empresa para que construya y culminada esta, el ciudadano toma contacto con «su casa llave en mano» y recién ahí descubre a su vecino y comienza a organizarse y tejer su vinculo con el hábitat o entorno.

La otra es donde el Estado, facilitando la autogestión, promueve al ciudadano a organizar y ejecutar la construcción permitiendo de antemano el conocimiento y relacionamiento mutuo de quienes integrarán ese barrio constituido en «llave desde el pie».

Uno retrasa la construcción y constitución de integración y ciudadanía, y otra la anticipa y enriquece.

Esta construcción de «valores desde el pie» combate al individualismo y al egoísmo, sustituyéndolos por la complementación, integración y solidaridad, que a partir de estas prácticas construidas por los propios actores estarán construyendo nuevos procesos que reconstruyan el tejido social, conscientes de que las ciudades de hoy son las que nosotros hacemos, y en las que estaremos condenados a vivir el resto de nuestros días, es que cuestionamos el «arriba»; promovemos el «abajo», pues el primero sólo ha propuesto hacer ciudad, deshaciendo ciudad.

La perfección de estas siempre se construirá a costa de la perfección de la idea y de los brazos; pues no han de ser como la rosa, toda llena de hojas, sino como el jazmín, todo cargado de esencias.

La unidad latinoamericana camina firme y se consolida con este otro puente de unidad y organización entre Argentina y Uruguay.

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