Guerra en ciernes

Es obvio que yo nunca fui castrista. Pero si en hechos puntuales a Castro le pueden asistir razones, hay que dárselas. Los yanquis con Israel y su sionismo, Inglaterra y algún otro «vivo» que se irá anotando a medida que aceleran los hechos, aspiran a participar del presunto «festín» propio de los despojos de una guerra, pasan por el Canal de Suez con portaviones (el Truman…) submarinos nucleares, y demás armamentos belicistas de última generación incluida el aéreo, de la más variada eficacia incluida la armada israelita que no es poca cosa por cierto.

Según el leader cubano, semejante traslado armamentista es disimulado por el Campeonato Mundial de Fútbol que atrae la atención con el fanatismo del caso. Esta momentánea «distracción» tiene el límite del término del campeonato. O sea veinte días más, y quedaría de manifiesto el verdadero y público destino de la marcha siniestra de la flota de marras. Cercar a Irán y su petróleo, como se hizo con Cuba en su momento.

O sea, el viejo cuento de evitar con el cerco, toda ayuda bélica a Irán ya sea de tropas, recursos y medios de todo tipo incluido los sanitarios o médicos. Claro, el caso es que Irán, con toda la razón ya los estará esperando, humanamente se defenderá y es por cierto una potencia diferente a las de otras antiguas experiencias similares. En buen romance, se publicita por parte de las potencias que ya poseen las bombas atómicas, el peligro que Irán con el refinamiento del uranio, puede tener la suya.

¡Horror! Los persas incrementando el uranio pueden tener la bomba, y hacer lo mismo que hicimos nosotros por orden de Harry Truman (Hiroshima y Nagasaki) y que sugestivamente, así se llama el portaviones que mandan a Irán. (Siniestra ironía). Claro, como ya lo sostuvimos desde hace tiempo y es una verdad a «gritos» la razón de fondo es la tenencia del «oro negro».

Los yanquis y socios dueños de Wall Street y sus «fiducias» necesitan su total posesión para obtener el «poder» definitivo que es el económico y hoy depende mayoritariamente del parque petrolífero mundial en manos árabes y persas. El traslado interoceánico de la magnitud del que atraviesa el Canal de Suez integrado por varias potencias, no tiene asidero racional ni ético.

Obsérvese que, si cada vez que en próximos futuros se corra el riesgo de que cualquier otra potencia pueda tener la bomba, se vivirá de guerra en guerra. No es aventurado prever que en los 20 años próximos la puedan tener Brasil, Italia, Venezuela, España, la propia Argentina por decir algunas. ¿Qué diferencias habría con los iraníes? Sin perjuicio de los brutales desastres que esas guerras atómicas devienen.

Y si faltase más argumentos al respecto, bueno sería preguntarse las razones por las cuales los integrantes del Club Atómico (10) cuando comenzaron a construir atómicas propias o se las facilitaron (hay un caso por lo menos…) no se tomaron las mismas medidas «preventivas» como se las mandan a Irán.

Por último, vale señalar que no hay agresiones materiales reales por parte de los iraníes más allá de las declaraciones altisonantes y fuertes de los persas ante «aprontes» de los imperios. No han abordado buques a sangre y fuego con ayudas humanitarias, como el reciente barco turco, no tiraron atómica alguna contra Japón masacrando 600.000 personas en su mayoría civiles. Ni se levantaron muros contra poblaciones inermes. Ni están en guerra permanente con sus vecinos árabes por riquezas que no les pertenecen. En función de lo cual, si se inicia otra conflagración mundial o regional no se la endilguen a Mahmud Ahmadineyad sino a Wall Street y sus ambiciosos imperialistas económicos, incluido por supuesto el Club de los Diez.

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