Orgullo
Ayer Uruguay perdió con Holanda 3 a 2 y no podrá jugar la final del mundial. Entre muchos de los mitos culturales de nuestro país está que las derrotas no se festejan.
Sin embargo esta selección celeste ha roto con muchos mitos y con este también.
La razón es muy sencilla, pero no por ello menos importante, esta selección no solo ha tenido resultados, que hace décadas no se obtenían, lo central está en la forma, en como lo lograron.
Este grupo construído desde su conductor el maestro Oscar Washington Tabárez, pasando por sus principales referentes, Diego Lugano, Diego Forlán, Luis Suárez, Sebastián Abreu, Diego Godín; hasta los que tienen menos renombre el Ruso Pérez, Maximiliano Pereira, Arévalo Ríos, Fernando Muslera; cada uno de ellos y todos han dado un mensaje formidable: se puede.
Y se puede si las cosas se hacen bien, con humildad, con trabajo, con planificación, con garra y con calidad.
Los análisis deportivos quedan para los especialistas.
Aquí nos ocupa un hecho deportivo pero por sus enormes repercusiones sociales y culturales. Tabárez lo dijo: «El fútbol es algo muy importante para los uruguayos».
Es cierto, pero mucho más importante es la manera en que él y este grupo de muchachos encararon el fútbol.
Por eso lo que predomina es el orgullo.
Por eso esa sintonía hermosa de la gente con los jugadores y de los jugadores con la gente.
Y quizás allí este lo más importante social y culturalmente, la selección de nuevo es el cuadro de la gente, el cuadro de todos.
Así se refleja en el grito y la sonrisa de los gurises que por miles en todo el país mostraron su alegría, su asombro, sus ganas de celebrar entre iguales y con orgullo.
Lindo y merecido.
No festejamos derrotas entonces, para que los veteranos no se nos enojen, festejamos la calidad, la entrega, la dignidad.
Festejamos el orgullo de que este pequeño país y su gente pueden sorprender al mundo y sorprenderse a sí mismos.
Festejamos el derecho a la alegría de la mano de un desempeño profesional y personal enorme de un grupo de compatriotas.
Festejamos a la celeste, al fútbol, a no entregarse nunca, a levantarse ante la adversidad vestida de naranja y de negro ayer.
Un cartel inmenso en un edificio de la Plaza Independencia antes del partido resumía todo: «Gracias».
A disfrutar ese orgullo a proyectarlo a cada ámbito de nuestro país para los desafíos que tenemos por delante que son muchos y que no empiezan ni terminan en el fútbol.
A recibir a este grupo de muchachos como se lo merece, el martes en el Palacio Legislativo y con el presidente de la República en primera fila.
Orgullo, orgullo de eso, de ser como somos.
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