Auto­crónica (o crónica en auto) de un cumpleaños asistido

Si cumples años ¡celébralo! No te achiques. Si tenés 75 y vas a 76 ¡metele para adelante! Al fin y al cabo estás viviendo regalado.

Si te tuvieron en el infierno ­300 Carlos­ casi 50 días en calzoncillo bajo (hablemos eufemísticamente) severísimos interrogatorios, sometido a torturas a destajo bajo la conducción de Nino Gavazzo, y luego de ahí a cuarteles, incomunicado (es decir secuestrado) desde diciembre de 1975 a junio de 1976, siempre tu «alimentado» y fuerte físico disponible para nuevas idas al infierno, y otra vez el círculo endiablado, el gran dilema entre el torturador y el torturado, te quebrás o no te quebrás.

Y es cuando no te importa existir, entonces te desmayás, echan agua, te despiertan, aflojan, después, otra vez vuelve el círculo infernal del apriete, y así vas prolongando la existencia, aunque querés no existir; entonces da lo mismo vivir que no vivir, entonces, ahí, deciden ellos, o tu corazón.

Esa raya de la muerte la pisé, no me preguntes cuántas veces la pisé. Sin embargo soy un sobreviviente. Magullado, descolado, reventado, me sacaron una mañana del 13º de Infantería y en el «camello» una voz inconfundible, la de Marta Valentini.

Me instalan junto a 85 presos más en una cárcel improvisada en el garaje de los camiones y los cañones del cuartel. Posteriormente me enteré de que, en otro galpón más chico, estaban varias compañeras, entre ellas Marta Valentini; a su vez José Luis Massera está recluido en un calabozo aislado de nosotros.

Entonces, ¿cómo no festejar un año más? Derrotamos a la dictadura aunque no a la impunidad, pero la lucha continúa.

De ahí que compañeros, amigos, gracias por los mensajes, las adhesiones, los buenos anhelos; debo decirles que a «la lluvia» del 25 de junio asistieron 74 amigos, se bebieron 5 botellas de whisky, 38 litros de bebidas cola, 8 litros de vino, se morfaron 100 chorizos, 39 hamburguesas, 3 colitas de cuadril e incontables pizzas, fainás, sándwiches, pascualinas y dos enormes tortas dulces que hizo mi compañera, Teresita Cuadrado; dicho sea de paso que el 24 de junio cumplimos 37 años de estar unidos, aunque no juntos (nos separaron casi 10 años de cárcel).

Además de la buena digestión, los sacrificados comensales disfrutaron de una tanguería de novela: Ramón Rivadavia, eximio bandoneonista, guitarrista, cantautor, entre otros entonó «Negro jefe», dedicado al gran Obdulio, y nos deleitó con sus interpretaciones en vivo.

Roberto Bianco, excelente poeta, rey del lunfardo, escritor, periodista, metió un recitado conmovedor.

No podía faltar el tango «Montevideo gris», del cual soy autor, y eso sí, para el disfrute y la risa del público ¡ese lo canto yo! Antonio Sanguinetti, guitarrista excelso, se explayó en unos mi, re, do, do, re mi encantadores.

Los asistentes fueron tan elocuentes que Fanny Fontana quedó con las ganas de ir al escenario, porque Lapaitis con su guitarra nos inundó de folclore.

Entre mucha gente, familiares, amigos, Agadu presente con Alexis Buenseñor y el «Nacho» Suárez, y como coronando lo que fue algo más que un cumpleaños, una reafirmación de vida, de continuidad de temas y compromisos con la gente, citaremos también los regalitos que adquirieron la suma de 27, abarcando desde libros hasta los whiskies (que se los tomaron) una nota aparte, y hacia ahí va esta crónica trasnochada. Es la cantidad enorme de mensajes recibidos por mail y por teléfono de tantos amigos/as, compañeros/as, así como saludos personales. Todos ellos me alientan a seguir como soy, un uruguayo que lo que trata es de ser útil a su pueblo; de él vine, hacia él voy.

Un abrazo, de corazón

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