EDITORIAL

UE dio un paso en falso

Han pasado unos pocos días de la Cumbre del G20 ( los países desarrollados más una serie de países en vías de desarrollo incluidos Brasil, México y Argentina), un encuentro que ya no es tan exclusivo porque los grandes países (ex grandes colonizadores, detentando hoy el poder en las industrias estratégicas, el mundo financiero y el comercio mundial) han debido «agachar el lomo» ante el enorme fracaso de sus políticas internas y las que han propiciado para el resto del mundo.

Ha quedado demostrado que quienes durante tanto tiempo dictaron cátedra, hoy no saben qué hacer porque la crisis la tienen ellos y no los que estamos fuera. Es más, por no hablar más que del Mercosur, esa institución tan vituperada, tan denigrada y vapuleada por quienes en un momento la crearon muestra un dinamismo en la economía de cada uno de sus países que es un ejemplo para el mundo. Con economías pujantes (en base a commodities y una industria manufacturera de niveles tecnológicos medios y en algún caso alto), con crecimiento permanente, con déficits fiscales que son una risa comparados con lo que han logrado alcanzar los «popes» de las finanzas, con sistemas financieros saneados (Argentina acaba de salir del default, mal que les pese a quienes sólo tienen palabras de crítica hacia nuestro vecino, que además muestra un dinamismo económico que está muy por encima de los pequeños puntos positivos que tienen algunas economías europeas).

En la cumbre chocaron dos formas de ver al mundo, de valorar al individuo (sus necesidades vitales y sus derechos fundamentales), lo que conlleva a que coliden las propuestas de salida económico-financiera de la crisis en la que están sumergidas las viejas metrópolis.

Los viejos cantos de sirena con que nos aturdieron durante muchos años, ahora rebotan y resulta que no han sido capaces de evaluar el fracaso de las políticas que tanto pregonaron y presionaron para que nuestros países llevaran adelante.

Hoy, los europeos deciden apelar al despido masivo, al recorte en las inversiones del Estado, al recorte de las pasividades, todo un decálogo que estos países, los nuestros, han debido soportar durante mucho tiempo y que nos han estancado en nuestro desarrollo. Claro está que son todas medidas que apuntan hacia las clases trabajadoras, hacia los pasivos, contra los más débiles. Para nosotros ello no implica ninguna novedad. Habrá otra clase social (señores, existen las clases sociales, los grupos con intereses propios, muy diferentes a los de otros) que balconeará la crisis, que la aprovechará para invertir, para conseguir «gangas» que a muy corto plazo les retribuirán pingües ganancias.

El Mercosur, entre otros, se opuso a este tipo de políticas y demostró que por ese camino no se llega a buen destino. Durante la crisis que soportó encaró de una manera totalmente diferente la salida partiendo del principio de que hay que salvar al hombre, que el Estado debe buscar la forma de apoyarlo, de asegurarle un trabajo, vivienda, salud y educación y para ello debe invertir, generar trabajo y apoyar a quienes estén en ese mismo camino desde la actividad privada. Y salimos.

Curiosamente, el gobierno de EEUU coincide a grandes rasgos, respetando las diferencias y tamaños de las economías, con este tipo de posturas, y se niega a apostar al achique.

Afortunadamente para la región, los pueblos han elegido gobiernos progresistas que se han mantenido en el tiempo precisamente porque han contemplado y no ignorado las urgencias de las mayorías. Con políticas de fortalecimiento y sobre todo saneamiento del sistema financiero, con apoyo al inversor que llega a generar riqueza, no a saquear, resulta que comprobamos que también había tela para mejorar ostensiblemente el sistema de salud, introducir a los niños de las escuelas en el mundo de la informática, equilibrar la balanza de los derechos de los trabajadores con respecto a los que ya gozaban sus patrones, renegociar una deuda externa que se heredó por una muy mala administración que apostó a salvar bancos y no a la gente y tantas otras medidas que han permitido a este Mercosur crecer, convertirse en un bloque con el que todos quieren comerciar y tener buenas relaciones, y que es capaz hasta de mediar para intentar retrasar una nueva guerra que se está urdiendo en el Medio Oriente.

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