Conflictos sindicales
Acaban de instalarse los nuevos Directorios de las empresas públicas y de los demás organismos estatales. Por primera vez en muchos años, los partidos del llano estarán presentes en dichos organismos por lo que tendrán participación en sus decisiones a la vez que podrán controlar desde dentro el funcionamiento del Estado, tarea que hasta hoy estaba circunscripta al ámbito parlamentario.
Bueno es recordar que la izquierda nucleada en el Frente Amplio sólo tuvo representantes en algunos organismos estatales durante el primer gobierno del doctor Sanguinetti, cuando integró los directorios de cuatro entes. Bajo el gobierno del doctor Lacalle, el Frente Amplio ya no tuvo participación alguna en el gobierno. En el segundo mandato de Sanguinetti, y a pesar de que el Frente Amplio había logrado una votación que lo aproximó a los dos partidos tradicionales casi emparejándolos (las elecciones de 1994 mostraron un electorado prácticamente dividido en tercios), los organismos estatales tampoco tuvieron integrantes de la izquierda. Cuando el doctor Jorge Batlle asumió la Presidencia luego del balotaje de noviembre de 1999, el mandatario fue claro al manifestar que «a la oposición la quiero en la vereda de enfrente», por más que el Frente Amplio había resultado ser el partido más votado de los tres.
El primer gobierno de izquierda, encabezado por el doctor Vázquez, ofreció generosamente a blancos y colorados participar en la conducción del Estado, participación que se frustró por la intransigencia de la oposición en cuanto a su pretensión de tener más de un director en el BROU.
Ya durante la pasada campaña electoral, José Mujica dejó claro su propósito de que bajo su administración la oposición estuviera representada en los organismos estatales.
Y no bien resultó electo, inició gestiones en ese sentido, gestiones que se plasmaron en acuerdos históricos que han hecho posible que blancos, colorados e independientes tengan participación en la conducción de las empresas públicas, entes y servicios.
El panorama no puede ser más alentador. El sistema político uruguayo está dando una lección de convivencia democrática y de compromiso que permite ver el futuro con un razonable optimismo. No es de esperar que la oposición resigne sus principios ni su papel controlador; pero sí es posible avizorar una gestión de gobierno sin demasiados palos en las ruedas.
Ahora bien, cuando el gobierno ha logrado este entendimiento tan auspicioso con la oposición, aparecen dificultades provenientes de otros sectores del quehacer nacional.
No es ésta la primera vez que nos ocupamos del tema. En reiteradas oportunidades hemos señalado el hecho singular de que el gobierno de izquierda enfrenta críticas y cuestionamientos de parte organizaciones civiles, de la ultraizquierda y de algunos sindicatos. Nada hay que objetar a la independencia del movimiento sindical, pero no deja de llamar la atención la firmeza con que ciertos gremios se han enfrentado al gobierno. Bajo el gobierno del doctor Vázquez hubo un crecimiento económico sin precedentes, baja del desempleo, recuperación salarial y la consecuente reactivación del mercado interno.
El conflicto surgido en el Cuerpo de Policía Caminera y que amenaza con extenderse a toda la Policía se inscribe en esa realidad.
Los reclamos del sindicato policial parecen justos, pero lo que no parece justificado son las medidas extremas de llegar a una huelga, sobre todo si se tiene en cuenta que los trabajadores tienen como interlocutores a viejos luchadores y militantes sindicales de trayectoria intachable que hoy ocupan altos cargos de gobierno
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