El alma buena de Israel
El 19 de junio (día emblemático si los hay) publiqué una nota titulada «La condena del Parlamento uruguayo a Israel» destacando el hecho de que el Senado uruguayo había aprobado por unanimidad de presentes, integrantes de los tres partidos allí representados, una declaración sobre la masacre perpetrada el 31 de mayo por tropas especiales del ejército israelí contra la Flotilla de la Libertad, que establece en su punto primero «su condena a esa acción militar del Estado de Israel emprendida contra un convoy humanitario navegando en aguas internacionales». Decía que raramente se da tal convergencia de opiniones en un tema de política exterior, y que ello era el reflejo de una posición asumida por la comunidad internacional en su conjunto, con muy contadas excepciones.
En el análisis del tema me referí a las privaciones que sufre la concentrada población de Gaza y aludí a una afirmación del antropólogo Daniel Vidart en una página publicada el 14 de junio. Me respondió el 23 de junio que yo leí mal o incluso que no leí su nota. Voy a demostrarle lo contrario.
Yo escribí: «El estrecho territorio sigue siendo un ghetto gigantesco y desprovisto de lo esencial (aunque un distinguido antropólogo diga que allí se nada en la abundancia)». Admito que es una simplificación. Pero lo que él dice es que todos los días ingresan a la Franja 120 camiones transportando alimentos, medicinas y otros artículos de primera necesidad; que entraron cantidad de cabezas de ganado, todo ello regalado por Israel, que además provee de combustible a la central de Gaza. Pues bien: esta presunta generosidad de Israel es el reverso de la realidad. En Gaza falta lo imprescindible, y cuando la ayuda solidaria internacional aspira a hacerse presente para aliviar esos sufrimientos, se encuentra con que el territorio está bloqueado por aire, mar y tierra; y la Flotilla es agredida en aguas internacionales con armamento sofisticado, originando 9 muertos y un número indeterminado de desaparecidos. Por otra parte, si la alegada generosidad de Israel correspondiera a la realidad, ¿cómo se explica que «la humilde gente palestina» esté «sumida en el subdesarrollo, la miseria y el caos», como él mismo lo señala? ¿Y cómo se explica que, ante la condena internacional, Netanyahu y sus ministros (entre ellos el racista y xenófobo canciller Avigdor Lieberman, que quiere expulsar a todos los palestinos) hayan resuelto, un mes después de la matanza, analizar el alivio del bloqueo, tal cual lo anunció Tony Blair, lo que por otra parte no ha sucedido en absoluto? A lo sumo entran algunos productos por cuentagotas, sujetos a la voluntad de las autoridades israelíes, como sucede por otra parte en los numerosos retenes militares a lo largo del muro de la infamia. No se trata de prohibir sólo la entrada de armas (que por otra parte no se encontró ninguna en las naves), sino de todo lo necesario a la vida: tanto los alimentos como los materiales de construcción, para reconstruir lo que Israel destruyó, incluidas las escuelas y los centros de almacenamiento de la ONU, en su salvaje ofensiva de diciembre 2008-enero 2009. En su búsqueda de información, ¿se encontró Daniel Vidart con el documental que muestra el empleo de fósforo vivo en los ataques israelíes a Gaza, o el ametrallamiento de dos niñas que jugaban en la puerta de su casa?
El 28 de junio el gobierno israelí dijo que iba a investigar los sucesos del 31 de mayo para establecer si se había violado la ley internacional. Eso es lo que reclamó Naciones Unidas, solicitando el nombramiento de una Comisión Internacional (como la que produjo el informe Goldstone sobre las atrocidades en la Franja de Gaza). Pero lo que el gobierno israelí resolvió es nombrar a su entera voluntad una comisión exclusivamente israelí. Los criminales se erigen en investigadores de su crimen.
En un lugar dice Vidart que los palestinos se vieron obligados a vivir en el ghetto de Gaza «a coscorrones y patadas». Como vimos, se utilizaron contra ellos métodos un tanto más cruentos.
En la parte introductoria de su escrito expresa que los turcos son culpables del genocidio armenio y de otros pueblos. ¿Eso justifica que se los pueda matar impunemente? (Sin contar que entre los navegantes había una Premio Nobel de la Paz y ex altos funcionarios de la ONU que no son turcos). Si el pardejón Rivera masacró a los charrúas en Salsipuedes, ¿todos los uruguayos debemos llevar ese estigma hasta el fin de los tiempos? Dice que en el bloqueo a Gaza también participa Egipto. ¿Eso justifica el férreo bloqueo israelí por todos los medios? Habla de las masacres en el Sudán y de ciertos versículos del Corán. La misma pregunta: ¿eso justifica el genocidio de Israel contra Gaza y la Flotilla de la Libertad? Esa parte del escrito podría titularse: Daniel Vidart hace trizas la Lógica Viva de Vaz Ferreira. Porque, efectivamente, la verdad está en las cosas reales.
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