Apoyos y debates
Una de las características de la izquierda es su disposición a debatir, su necesidad de poner a discusión todo, porque la izquierda tiene sentido si busca transformar la realidad.
Es importante que el Frente Amplio discuta la acción y la marcha del gobierno, que los sectores que componen la coalición de izquierda den sus opiniones y que quienes ocupan responsabilidades en el Poder Ejecutivo fundamenten, expliquen y defiendan sus acciones.
En estos días ha estado en el centro del debate mediático la política económica del gobierno de izquierda. La política económica es un aspecto central de una gestión de gobierno y en estos días comienza la discusión de un instrumento central: el Presupuesto Nacional.
Es hasta lógico entonces que la fuerza política de gobierno discuta, polemice y luego acuerde.
Pero las discusiones y las polémicas para que sean fructíferas, en este caso para que ayuden a gobernar mejor y permitan la acción política, deben partir de premisas justas.
La economía era y es el principal campo de disputa ideológica y de diferenciación entre la izquierda y la derecha. No es el único, se pueden ver con claridad las diferencias también en materia de seguridad, política exterior, derechos ciudadanos, cultura y por supuesto, en políticas sociales; por citar solo algunos puntos.
Fue en el manejo de la economía en el que la derecha apostó todos sus boletos a que la izquierda iba a fracasar anunciando caos y parálisis productiva. Fue también en la economía donde la izquierda en su primer gobierno logró los éxitos más claros y contundentes que le permitieron consolidar su gestión y el respaldo ciudadano a la misma.
La política económica del primer gobierno del FA fue exitosa y esto no es una opinión, es una constatación de la realidad. Es completamente lógico entonces que el segundo gobierno del FA ratifique y sostenga los aspectos troncales de una política exitosa.
¿Eso implica que fue perfecta y que no puede ser criticada? De ninguna manera.
Pero hay que partir de su éxito porque si no la discusión tomará derroteros equivocados.
Hay que señalar, es imprescindible hacerlo, que el FA tuvo una conducción política sobre la economía. La política económica no fue una cosa casi autónoma decidida por tecnócratas estuvo integrada y fue instrumento de los objetivos políticos del gobierno.
El gobierno del FA permitió levantar al Uruguay de la peor crisis económica de su historia con el desarrollo y profundización de una red de protección social que había sido destruida por el neoliberalismo, negociación colectiva, mantenimiento y crecimiento del salario, lo que permitió que durante la crisis internacional el mercado interno absorbiera el impacto negativo en el comercio internacional, diversificación de mercados y productos de exportación, incentivos y seguridad para continuar atrayendo inversiones, control y enfoque productivo en el sistema financiero, control inflacionario, disciplina fiscal pero sin renunciar a la inversión pública en sectores estratégicos.
A todo ello hay que agregar la duplicación del presupuesto en Educación y la triplicación del presupuesto en Salud. Además la realización de una reforma tributaria que trajo mayor justicia y sirvió como elemento de redistribución de la riqueza.
En este segundo gobierno los objetivos son otros, el ministro de Economía y Finanzas, Fernando Lorenzo resumió las prioridades: los salarios sumergidos, la vivienda, la infraestructura y la educación. A esto hay que agregar el abatimiento total de la indigencia y la reducción de la pobreza; junto con avanzar más profundamente en la distribución de la riqueza.
Está bien que se debata si son esos los objetivos y la mejor manera de lograrlos.
Lo que no parece saludable es que el debate se promueva desde los mismos medios de la derecha que atacan y cuestionan todos los días al gobierno y su accionar. No parece el mejor escenario.
Además, como señalábamos más arriba, la participación y el debate son una de las señas de identidad de la izquierda, pero el debate con la gente, no desde los medios o solamente reducido a las direcciones partidarias.
La movilización es otra seña de identidad de la izquierda y es imprescindible para la acción política. Encontrar los caminos para involucrar a la gente en la discusión y solución de sus propios problemas es una necesidad para cualquier proyecto de izquierda, esta es una gran oportunidad para lograrlo.
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