La descentralización del Sodre

Uno de lo más caros objetivos estratégicos que pretende concretar el Sodre es la descentralización, fundamentalmente hacia el Interior. Existen elocuentes antecedentes en los cuales basarnos para lograrla, que no podemos ni debemos ignorar.

Durante los años 1956-57 los cuerpos estables realizaban una gira por el interior del país. Una foto de la época nos conmueve: la presidenta del Sodre, Margarita Méndez de García Capurro, aparece atravesando el río en una barcaza que servía para su traslado junto a otras personas y materiales, destinados a una actuación del ballet en Arroyo Conventos, a 1 kilómetro de Melo. Los archivistas, instrumentistas, bailarines, decorados, atriles, amplificadores, reproductores magnéticos de la época, trajes, etcétera, se habían trasladado en dos aviones de la Fuerza Aérea Nacional y en camiones de la Dirección de Vialidad del Ministerio de Obras Públicas. Por su parte, el Parlamento Nacional, dos meses antes de la gira, había aprobado una cifra muy importante con destino exclusivo al Interior del país. ¡Qué ejemplo de coordinación entre instituciones del Estado!

La gira culminó en el Turismo de 1957 en Mercedes, mi querida ciudad natal. En esos días la capital chaná se alborotó. Actuaba la Orquesta Sinfónica en el Teatro Gluksmann y al día siguiente el Ballet y la Orquesta se presentaron en el estadio Praga. Enseguida del pitazo final de un partido de la selección juvenil de basquetbol de Soriano, los integrantes de la misma nos sorprendimos cuando de inmediato comenzó a montarse un escenario artístico, en el viejo y querido estadio, donde se había resuelto que finalizara la más importante temporada organizada por el Sodre en el Interior. Los cuerpos estables, entre octubre de 1956 y abril de 1957, habían recorrido 8.000 kilómetros, 16 departamentos, 22 ciudades, realizando 32 espectáculos, con presencia de unas ¡73.000 personas!

En esa temporada sucedieron hechos que hoy quizá serían impensables. En una misma noche actuaban la Sinfónica en Tacuarembó y el Ballet Folklórico en Livramento. ¡Y qué obras se ejecutaron durante la gira! «Carmina Burana», «Danzas Alemanas» y «Sinfonía Praga», «Sueño de una Noche de Verano», la «5ª Sinfonía» de Beethoven; el «Mesías», Santórsola y Fabini con su «Triste Nº 2″, etcétera.

¡Qué vigencia, legado y responsabilidad que nos dejaron! Hemos repetido hasta el cansancio que el único enfoque posible para desarrollar los derechos humanos en toda su dimensión debe ser integral, esto es: político, social y cultural. Y de nada serviría tal orientación si no existieren instituciones que coordinen entre sí.

Y por supuesto, mucha convicción, inventiva y tesón. Porque las cosas se hacían como se podía, con lo que se tenía a mano. Penínsulas, embalses de río San José o islotes de Melo, se utilizaban para montar la escena, separada del público mediante un espejo de agua. En Carmelo, en una embarcación se ubicó a babor la escena y a estribor la trastienda. Me recuerda a la querida Vinería Las Telitas de la ciudad Vieja: de mañana verdulería, de noche vinería, con asientos improvisados dando vuelta los cajones.

Era por la misma época que Daniel Vidart decía: «El Sodre, consciente de su papel en la cultura nacional, mira hacia el Interior, porque sabe que en las ciudades, villas y pueblos mediterráneos hay vocaciones vírgenes y almas atentas que aguardan un mensaje superior de arte para descubrir su secreto y construir su destino.»

Con estos antecedentes y pequeñas grandes historias, ¡si se podrá encarar una descentralización!, aunque más no sea progresivamente. Insisto en la responsabilidad de nuestra parte. De nosotros depende. Finalizo estas reflexiones con la misma frase que la nota anterior: peor que el fracaso, es no haber intentado nada.

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